Ahora van contra el cine nacional

Toda la comunidad artística y técnica vinculada al cine reaccionó contra la operación desatada desde medios de comunicación aliados del gobierno y el Ministerio de Cultura. Sin fisuras, actores, directores y otras profesiones de la industria defendieron al ex presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y al ex director de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) quienes fueron obligados a renunciar por las imputaciones injuriantes que cayeron sobre ambos.
Todo pareció una estrategia calculada. Primero se lanzó desde un canal de televisión amigo del gobierno una batería de acusaciones sin fundamentos ni presentación de pruebas. Inmediatamente el ministro de Cultura pidió la renuncia del titular del Incaa y luego avanzó sobre otros funcionarios. Como ocurre desde el inicio del macrismo, se enarboló, sin el aporte de evidencias, la gastada bandera de la “corrupción” para justificar estos atropellos a un ente autárquico que además tiene su propio sistema de financiamiento. Ahí está justamente la principal fuente de sospecha de los trabajadores de la cultura, y lo han dicho expresamente. El temor que campea es que el gobierno pretende apropiarse de los fondos que sirven para financiar la industria cinematográfica, y que han servido para desarrollar esta actividad y ubicar a nuestro país entre los más destacados del mundo. Pero también ven la mano de los grandes operadores de TV por cable del país que hoy, a través de la Ley de Medios Audiovisuales -desguazada por el macrismo apenas asumió- tributan para sostener la actividad cinematográfica.
Este avasallamiento a la autarquía de Incaa está en sintonía con los antecedentes que ha mostrado el gobierno apenas asumió: modificación de leyes por decreto -la recientemente mencionada, o la Ley de Tierras, entre otros casos-, la pretensión de ubicar dos miembros de la Corte por la misma vía, o el menoscabo al Congreso en el proceso de irracional endeudamiento externo son solo algunos ejemplos de una forma de actuar que en el discurso promueve el consenso pero en los hechos lo ignora, como quedó demostrado ahora con esta nueva arbitrariedad.
Actores y directores condenaron con términos muy contundentes el atropello del gobierno y de sus principales aliados: los grandes medios de comunicación porteños cuyas campañas de difamación están en su apogeo para justificar la remoción de funcionarios por el solo hecho de haber sido designados durante el gobierno anterior con todos los procedimientos institucionales.
Al repudiar este operativo y declararse en “estado de alerta y movilización”, los trabajadores de la industria del cine sienten que la actividad está en peligro, que miles de puestos de trabajo corren el mismo riesgo y que una legislación destinada a defender esta actividad por fuera de los parámetros del mercado también puede convertirse en tierra arrasada. El desfinanciamiento y la desprotección del sector como industria cultural es el temor que comparten todos.