Alcances y límites de la “estrategia de la transparencia”

El intendente Francisco Torroba intentó imponer un cambio en la forma de gestionar, diferente a sus antecesores del PJ, asentado en la transparencia. Apertura, participación y gestos
políticos. Uno fue la consulta pública, pero ¿esos mecanismos funcionan como deben hacerlo? Los condicionamientos que debe enfrentar.
NORBERTO G. ASQUINI
El gobierno de Francisco Torroba al frente de la municipalidad de Santa Rosa cumplió más de 100 días, período de gracia que reciben la mayoría de las gestiones antes de que se comiencen a levantar las voces críticas a sus acciones y programa.
Llegado al gobierno a través del Frepam -la alianza entre radicales, socialistas y fregenistas opositora al Justicialismo- después de 25 años de gobiernos del PJ en la capital, el nuevo mandatario impulsó un cambio en la forma de gestionar y a la vez crear nuevos consensos con la sociedad santarroseña. Su victoria en las urnas en agosto tuvo mucho de respaldo de la oposición al justicialismo, pero también jugó a su favor la polarización en contra del otro candidato, Juan Carlos Tierno y el perfil autoritario de su breve paso por el municipio a comienzos de año. El gobierno frepamista sabe que muchos de esos votos fueron más una definición en contra de su contrincante que un apoyo genuino a su boleta.

Nuevas reglas.
Dispuesto a cambiar las reglas de juego impuestas por sus antecesores justicialistas, hubo un cambio de políticas públicas. La más evidente fue su “estrategia de la transparencia”. Según indica uno de sus funcionarios consultados, su intención fue abrir el municipio a la consideración pública para transparentar los mecanismos de toma de decisiones y promover la participación ciudadana. Y en este sentido hubo muchos gestos políticos: el proyecto de libre acceso a la información, la apertura de las declaraciones juradas, las consultas públicas para tratar las nuevas tarifas, el diálogo con los empleados, la cantidad de audiencias concedidas, las reuniones de consejos como el tránsito, la comisión investigadora por las obras de la calle Chile y la presidencia del cuerpo de relatores a un opositor, se enumera.

Medidas.
Pero más allá de las simpatías generadas en buena parte de la sociedad por ese intento de cambio en la forma de gestionar el municipio y al que otros observan todavía con dudas, también Torroba debió hacerse cargo de tomar medidas impopulares, como el caso del tarifazo en los servicios de agua y cloacas.
Los funcionarios consultados afirman que es parte de una situación preexistente, un legado de las administraciones anteriores y que compromete hoy el desempeño a corto y mediano plazo de la gestión torrobista: el atraso en el precio de los servicios públicos como el agua que llegó a 126%, el boleto de colectivo con una suba del 30%, el reclamo de los taxistas y ahora el pedido de aumento de la empresa Clear por la recolección de los residuos que reclama un 90% son parte de esos condicionamientos a los que debe enfrentar.

Consultas.
En este marco, la apertura, el diálogo y la participación fueron tópicos de ese cambio de las reglas que agitó Torroba. Ha sido un cambio genuino en la metodología de gobernar para sus funcionarios, pero también hay que ver hasta dónde y con que profundidad se han dado estas innovaciones.
Tal vez la medida más importante y más práctica en los hechos de esa “estrategia de la transparencia” hayan sido las consultas públicas. Por ahora no son audiencias públicas ya que falta una ordenanza del Concejo Deliberante.
Estas consultas para tratar los servicios y otros temas de interés público fueron una de las decisiones más promocionadas de la “apertura” de la gestión torrobista.
Los funcionarios municipales consultados hablan de que con las consultas se promovió la participación del ciudadano y se privilegió su opinión en esos temas. El diálogo y la apertura en la toma de decisiones se ven así favorecidas ya que el municipio da explicaciones de sus decisiones. Y es un canal de acceso al vecino para que participe y esto ayuda a la transparencia de la gestión, afirman.

Lo que falta.
Pero también, analizan propios y extraños, “falta mucho por mejorar” en este tema. El contrapunto a esa “estrategia de la transparencia” que se expresó en su mayor grado con las consultas públicas mostró también sus limitaciones. Y hasta los mismos funcionarios indican que se deben ir saneando.
¿Hasta dónde ha sido un verdadero canal de participación y qué profundidad han tenido esas consultas? Por ahora ha tenido más de voluntad que de verdadero canal de participación del vecino. Se deben aceitar mejor los mecanismos para que los vecinos, que todavía no están habituados a ser convocados y consultados, puedan acceder a la información necesaria para opinar con tiempo. Y se deben institucionalizar mejor esta herramienta: profundizar más la discusión sobre los servicios y no ser temas tratado en forma general o centrados en tarifas. La consulta no debe servir para que el municipio muestre cómo y por qué va a aumentar esos servicios, sino que primero la empresa debe explicar y mostrar su estructura de costos para después comenzar a discutirlo.
Si escuchamos a los opositores, han observado que sólo fueron utilizadas por la comuna para explicar los aumentos, y para poco más. Una mirada muy crítica a su funcionamiento.
Los funcionarios indican que con el tiempo se agilizará y fortalecerá este mecanismo. Que por ahora la misma coyuntura política y económica del municipio llevó a que la urgencia primara sobre cualquier otra consideración.

Condicionados.
Hay también cuestiones que atentan contra la discusión genuina en las consultas públicas. La comuna está condicionada por el atraso en el precio de los servicios desde hace mucho, atada a contratos y convenios firmados por administraciones anteriores, con la carga de una intervención que dejó más problemas que soluciones y que se deben arreglar ahora -como el caso del saneamiento de la planta de empleados- y un gobierno provincial que se muestra renuente en ayudar con fondos.
Las dificultades con la que se encontró la administración torrobista son condicionamientos que dejan en muchos casos poco espacio de maniobra.
Por ahora se evidenció la intención de un cambio en la forma de gestionar, tanto en la experiencia diaria como en gestos, como la puesta en marcha de herramientas como la consulta pública. Pero no sirve sólo con intenciones sino también con la profundización de las prácticas de participación para que no sea sólo una intención figurativa. En este sentido, también los vecinos deberán acostumbrarse a ser parte de una gestión y a hacerse escuchar cuando son consultados.