Aleteo que daña en todas partes

SEÑOR DIRECTOR:
Una nota del New York Times revelaría que la mariposa de la teoría del caos no tiene residencia fija o bien que hay mariposas aleteadoras en todos lados.
Me lo decía a medida que avanzaba en la lectura de una nota firmada por Thomas L. Friedman (New York Time y La Nación). El periodista anda por China y trata de ver cómo repercute allí la crisis económica que hizo su explosión inicial en Estados Unidos. Estuvo en Dafen, al norte de Hong Kong, y pudo ver que allí funciona (¿funcionaba?) el centro mundial de producción masiva de arte y de imitación de obras de arte. Dice que había conocido muchas de esas piezas en USA, pues los norteamericanos propietarios de viviendas y los hoteles eran los principales consumidores de esos productos, utilizados para vestir paredes. El estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos ha afectado gravemente el trabajo en esta ciudad china. Había una sociedad de facto entre ambos países, en esto y en otros aspectos. Friedman dice que China ayudó a conservar bajas las tasas de interés en Estados Unidos, para que, a su vez, los norteamericanos consumieran más zapatos, televisores y cuadros de producción china. Esta “sociedad” posibilitó que China creciera sin reformas políticas y Estados Unidos pudo tener más armas, conceder hipotecas sin adelantos, consumir más y solventar dos guerras. “Todo bien, hasta que dejó de funcionar”. “Atrás han quedado los días de pedir dinero prestado a China para construir casas que luego hipotecábamos para comprar cuadros baratos chinos para decorar las paredes. Los días de esa prosperidad han terminado”. Los analistas de la economía china admiten que su país podrá seguir creciendo a una tasa del 8 por ciento anual, pero señalan que éste es el mínimo necesario para absorber el crecimiento de su población, sin margen para seguir creando nuevos empleos (y son millones los que esperan a la intemperie). ¿No es verdad que se tiene la impresión de que la mariposa china se trasladó a Estados Unidos y aleteó allá, rompiendo la burbuja inmobiliaria, arruinándoles la industria a los chinos de Dafen (y a muchos más), para proseguir su nefasta cadena de efectos por Europa, África e Íbero América. Se concluye que, o bien la mariposa que estaba en China (según el dicho) se ha trasladado a Estados Unidos o bien que se ha multiplicado y ahora agita sus alas en todos lados.
Otro columnista del Times, Paul Krugman, advierte que nos esperan meses, quizás un año de infierno económico. Pero Krugman, así como la generalidad de los analistas confiables, no creen que el mundo volverá a ser como era. La prosperidad de hace algunos años, con sus enormes ganancias y salarios no tan enormes, dice, dependía de una gigantesca burbuja inmobiliaria que vino a reemplazar a la anterior burbuja del mercado de capitales. “Esta burbuja no volverá ni volverá el nivel de gastos de los años anteriores a la crisis”.
Bernardo Kliksberg (argentino, coautor de Primero la gente, con el indo Amartya Sen) se ha preguntado, en una conferencia en Buenos Aires, qué causó el desplome del sistema económico más poderoso del planeta. No lo explicará la economía tradicional, porque el fundamentalismo de mercado “ha muerto definitivamente” como paradigma para explicar la realidad y actuar sobre ella. Ha muerto en su validez explicativa, pero todavía lo sostienen fuertes intereses. Sus seguidores en la Argentina aún se atienen a sus postulados, sordos a lo que ya reconocen en el norte. Alan Greenspan, que condujo a la Reserva Federal de Estados Unidos durante 19 años, contestó así a dicha pregunta en el congreso: “Estoy en estado de shock, destrozado, porque creía que en un sistema de libre mercado las empresas iban a defender los intereses de sus inversores y accionistas, y eso no ocurrió”. No ocurrió y se ha destruido el modo de vida de millones de personas, en Estados Unidos y en el mundo (Kliksberg).
Atentamente:
JOTAVE