Algo que es dulce por fuera, amargo adentro

Señor Director:
La frase del título resume un dicho del poeta cubano Nicolás Guillen. Dice “Cuba es dulce por afuera, pero muy amarga por adentro”. La usa el periodista carioca Eric Nepomuceno para referirse al momento de Brasil y, en particular, de su Río de Janeiro.
Explica que Guillén sintetizó así el mal de Cuba: su extrema proximidad física con los Estados Unidos. El mal que soporta su país se ha desatado con la política puesta en marcha por el actual presidente, Michel Temer: “A lo largo de doce meses y medio al frente del gobierno, Michel Temer y su pandilla arruinaron la economía, retrocedieron de manera brutal en derechos conquistados por descendientes de esclavos e indígenas para favorecer a los terratenientes. Y más: decidieron vender tierras públicas sin límites de extensión a empresas extranjeras. Vender el país, literalmente”.
Nepomuceno se expresa desde su dolor como brasileño y como carioca. Ilustra su nota con la foto de una calle de Río que muestra a un niño durmiendo en la vereda con otros muebles de su familia, expulsada de la vivienda y puesta en lo que se denomina “situación de calle”. Nos hace saber que ahora hay en Río unos quince mil pobres en esa situación, que se multiplicó por tres desde 2014 y que el 40 por ciento de ellos llegaron a la calle en el último año. Da cuenta de otros padecimientos de la nación toda desde la destitución de Vilma Rousseff, entre ellos que en Río ha sido desbaratado, el pasado jueves 8, un cargamento de armas: 45 fusiles AK-17, diez AR-19 y un HK G-3, de los modelos más modernos, despachados desde Miami, con destino a narcotraficantes de la región de Río. Esto explica la facilidad con que actúan los narcotraficantes, en evidente superioridad con respecto a las fuerzas locales de seguridad, mal preparadas, desmoralizadas y con sueldos atrasados. No lo dice Nepomuceno, pero se repite la situación de México, donde los narcotraficantes reciben armas desde el norte y las pagan pasando droga y anarquizando a su propio país. Otras mafias de Río imponen su ley al comercio al obligarlo a pagar lo que llaman “tasa de protección”. Días atrás “castigaron” a un sector del comercio destruyendo sus locales luego de saquear pertenencias que cargaron en camiones. Cuando la policía de Río llegó al lugar, se retiró al ver las armas que portaban los depredadores.
El relato estremece, sobre todo porque Nepomuceno logra dar cuenta de su sentimiento como hombre de Río de Janeiro. Y como brasileño.
Michel Temer sigue aferrado a su cargo de presidente y lleva a cabo la política característica del neoliberalismo. Ahora el Tribunal Superior Electoral le ha iniciado proceso por la denuncia de un “arrepentido” que filmó un acto suyo de corrupción. Los jueces de este tribunal han admitido que Temer puede ser separado del cargo.
Brasil es un país lleno de contrastes. Parte de la población aborigen ha sobrevivido en las zonas selváticas con extremada penuria. La multitud de esclavos negros llegados por la diligencia de Portugal y otras naciones europeas, ha dejado la presencia de descendientes que se multiplican. Los dos gobiernos de Lula iniciaron una transformación favorable a los desheredados. Vilma, que ganó su presidencia con 55 millones de votos fue destituida. Ascendió su vice, Temer, un mal aliado a quien se acudió para posibilitar que sucediese a Lula. Prosiguen los efectos de los casos de corrupción de la clase política y de empresas privadas que alcanzaron desarrollo al no mezquinar “coimas”. Brasil ganó reconocimiento mundial luego de la última larga dictadura miliar por haber participado en la II Guerra Mundial y por aciertos al desarrollar industrias y empresas relacionadas con petróleo, construcción y exportación de carnes. Lula impuso la atención al problema social y a la integración latinoamericana, pero el actual gobierno ha destruido gran parte de la “pesada herencia”.
Atentamente:
Jotavé