Algunas menos como una réplica a la movilización

Señor Director:
El tema de los femicidios está empeñado en no abandonar la cartelera, si es posible llamar así a los asuntos del acontecer social que se imponen en el espacio noticioso y que reclaman el comentario que vaya al encuentro de quienes se preguntan hasta cuándo seguirán estos crímenes.
En los últimos días hemos tenido hechos en distinto lugares del país, como si algún factor común determinase que haya jornadas en las que la saña femicida se desate y multiplique.
De tantos como ha habido, sobresale el suceso de Mar del Plata, donde una jovencita de 16 años fue atraída en su escuela (quizás por acción de otra alumna) hacia individuos que venden drogas y desarrollan una operación por los medios digitales que se repite demasiado.
Ahora habrá que esperar que la investigación concluya y que se desarrolle el proceso judicial para tener mejor conocimiento de la trama que habría de culminar con la muerte de Lucía Pérez, en Mar del Plata. Esta muchacha desapareció cuando acudió a un domicilio, donde inmediatamente fue drogada, abusada sexualmente, violada y sometida a la herejía llamada empalamiento, a raíz de todo lo cual sufrió un paro cardíaco que le causaría la muerte.
Al parecer, dos individuos, de 41 y de 23 años de edad, fueron los autores del hecho. La mujer, cuando sufrió el paro cardíaco, fue conducida a otro domicilio, donde se trató de disimular los efectos de la violencia a la que fue sometida, lavándola y vistiéndola con sus ropas, luego de lo cual fue conducida a una sala sanitaria de Playa Serena, donde ingresó muerta. Al fracasar la maniobra de ocultamiento de la causa de la muerte, quedaron en evidencia Matías Farías, el más joven, en cuyo domicilio se produjo el crimen, y Juan Pablo Offidani, de 41 años. Ambos se encuentran detenidos y están ahora procesados por “abuso sexual seguido de muerte” y homicidio “criminis causa” (homicidio para ocultar el delito anterior). Se presume que la carátula será modificada para imputar femicidio. El tercer hombre, que ya se halla detenido, es el que ayudó a trasladar, lavar y vestir a Lucía Pérez en su casa. Este individuo, de 61 años, se llama Alejandro A. Maciel.
Como se aprecia, la trama tiene un largo desarrollo, que incluye a individuos que trafican drogas. Habrían contado, al parecer, con la colaboración de al menos una alumna para hacer contacto con otras jóvenes e interesarlas en el consumo. Así parece haber sido atraída Lucía Pérez, convirtiéndola en la víctima que marchó hacia el lugar de su martirio.
Ante este suceso tan estremecedor ha habido una fuerte reacción del vecindario y de las organizaciones femeninas de Mar del Plata. Todo permite pensar que los responsables, al menos los dos principales, recibirán la sanción mayor.
En este caso, el femicidio no se ha producido como reacción ante un abandono o alguna actitud de rebeldía de la mujer, sino porque luego de someter a esa muchacha a sus peores instintos, afloró la cobardía e intentaron que el crimen pasase como muerte natural. La reacción ha sido inmediata e incluye la primera manifestación femenina que tomará la forma de una huelga.
Mientras tanto, suman y siguen los crímenes de este tipo. A los tres muy recientes de Mendoza se agrega el de una mujer de 22 años asesinada en General Cabrera, Córdoba, donde pudo ser detenido el autor, padre de los hijos de su víctima. Otros nombres de la crónica sangrienta de estos días: Marcela, Natalia, Lucía y Nuria… Y los asesinatos que no trascienden, más los que una justicia retardataria no califica como femicidios… Y las tres niñas desaparecidas en Bajo Flores.
Algunos de los medios noticiosos de mayor difusión acallan casos o reducen el espacio que dedican a dar cuenta del hecho. Destacan los sucesos terroristas de otras partes del mundo. Hablan de guerras en sitios distantes. Y de migraciones de desesperados. Pero esta sangre es nuestra. Y ya es demasiado.
Atentamente:
Jotavé

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