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Algunas señales del daño de las políticas nacionales

PUNTO DE VISTA

La Pampa nunca fue una isla, a pesar que siempre se tomaron decisiones para amortiguar los procesos de crisis. Hoy tampoco lo es y por el contrario está siendo muy afectada por las políticas económicas nacionales.
POR ROBERTO DANIEL RODRIGUEZ *
A partir de diciembre de 2015, luego de un fugaz crecimiento de algunos indicadores en 2017, se comienza a notar el impacto preocupante de las políticas implementadas por el gobierno nacional (anterior y posterior al acuerdo con el FMI). Paulatinamente, se fue sacando plata del bolsillo del consumidor, de la gente, de la cadena de la producción. La caída de la demanda fue llevando a la recesión.
El debate político electoral confunde a la gente en forma intencionada o no sobre el origen o causa de los problemas. He notado que hay candidatos que buscan descargar las culpas de los males en el gobierno provincial, ocultando los fracasos de las políticas nacionales. En esta ocasión pretendo mostrar los aspectos que dependen casi exclusivamente de las políticas que se definen en el orden nacional y son condicionantes para todo el territorio argentino.
La Pampa nunca fue una isla, a pesar que siempre se tomaron decisiones para amortiguar los procesos de crisis. Hoy tampoco lo es y por el contrario está siendo muy afectada por las políticas económicas nacionales.
Si bien en análisis anteriores he marcado un crecimiento histórico moderado del trabajo privado, ahora debo mostrar su resquebrajamiento, que en la provincia no es más que la réplica de lo que viene ocurriendo en el país, afectando simultáneamente la calidad y la cantidad.

Todo para atrás.
Trabajadores y jubilados privados van para atrás. La cantidad de asalariados privados formalizados tuvieron en 2016 un aumento interanual de 2%. En 2017 bajó un -1,3% y en 2018 volvió a bajar un -0,3%. El año pasado solamente este sector, de unos 38 mil pampeanos registrados, perdió más de 1.500 millones de pesos por la caída del salario real (-10,28%). Si agregamos la pérdida real de 1.220 millones que tuvieron 25 mil trabajadores informales (-20,4%) y la pérdida del -29,3% sufrida por los 58 mil jubilados y pensionados de Anses de unos 1.900 millones, totaliza una reducción del consumo pampeano de unos 4.500.000.000 de pesos en el último año.
Los estatales y jubilados pampeanos por paritaria han empatado a la inflación, por lo tanto esa cuarta parte de los 150 mil ocupados no perdieron ingresos.
La demanda de empleo va en aumento. En el caso del aglomerado Santa Rosa-Toay, la tasa de desocupación fue duramente golpeada, pasando de 3% en el tercer trimestre de 2015 a 13,2% en el mismo trimestre de 2018. Es decir que ahora hay 4 veces más de desocupados que hace 3 años, pasando de 1.600 a más de 7.000. Al mismo tiempo, se marca un elevadísimo número de desocupados plenos, a los que se le suma también la alta tasa de ocupados y subocupados demandantes de otro empleo, unos 19.000.
El empleo precario va en aumento. Su incremento en la provincia muestra los resultados nefastos de las políticas nacionales. En el aglomerado, el avance de la precariedad pasó de 16,3% en el tercer trimestre de 2015 a 26,2% en 2018. Es más del 60% de aumento en los 3 años.

Combustibles y alimentos.
Los combustibles van en baja. En el consumo de nafta ultra (que usa la mayoría de los coches) si bien había subido en 2016 y en 2017, tuvo una caída en el año, 2018, del -4,6%. Al mismo tiempo, la nafta súper subía proporcionalmente un 6% por “efecto sustitución”.
Los supermercados van para atrás. En valores corrientes, las ventas en supermercados habían tenido en 2017 una recuperación respecto al año anterior totalizando 312 millones. En 2018, esa media mensual pasó a 404 millones de pesos mensuales, o sea un 29 por ciento de aumento nominal, pero descontando la inflación, la caída real fue de -18%.
El despacho de cemento está en caída. El despacho mensual de cemento en bolsa (consumo principal de los privados) bajó en el período referido de 69 mil toneladas en 2015 pasó a 61,7 en 2018. En enero de 2019 sigue cayendo (-26% respecto al mismo mes del año anterior). Pasa de 6,1 mil a 4,5 mil toneladas.
Cae la construcción privada. El correlato de la caída en el despacho de cemento se refleja en la construcción privada. En los tres años del actual gobierno nacional, la caída en General Pico fue de -17,2% y en Santa Rosa cayó -29,1%, en metros cuadrados construidos.
El consumo de gas natural también cayó. El gas total consumido entre los once primeros meses de 2016 y 2017 tuvo una caída de -1,4 % y en 2018 volvió a bajar el -2,3%, es decir que cuando comenzaron las seguidillas de aumentos del servicio se produce un deterioro del consumo que acumulado en los tres años es de -3,7%, aún cuando aumenta el total de usuarios un 2,6%. El residencial bajó un -0,7%, aún habiendo aumentado un 3,2% la cantidad de usuarios. El comercial bajó un -20,6% en los 3 últimos años habiendo bajado en 529 el número de usuarios. En cambio el industrial subió el consumo en un 14,5% (seguramente impulsado por algunas industrias importantes que hayan aumentado su capacidad de producción con este insumo básico).
La energía eléctrica también mostró una caída. El total consumido en 2017 aumentó el 1,4% y en 2018 bajó el -1,12. El residencial aumentó su consumo en 2016 (1%) y en 2017 (2%) pero tuvo una caída en 2018 de -1,5%.

Autos y motos.
Automóviles y motos también muestran una caída. Respecto a las inscripciones de automóviles nuevos en la provincia, su evolución luego de aumentar en 2016 y 2017 muestra una importante caída de -14% en 2018, acentuándose a partir de junio y agravándose en enero y febrero de este año 2019 con una caída del -46 por ciento. En transferencias de usados, la variación fue de un aumento inicial en 2016 y 2017 a pasar en 2018 a caer el -1 por ciento. En motos, la variación fue una caída en 2016 de -3%, un aumento del 14% en 2017 y nuevamente una caída de -35% en 2018, superando un promedio del -50% en el segundo semestre.
Cada vez se ve más desigualdad. Desde la asunción de Cambiemos, las brechas de ingresos medidos por hogares o por personas tuvo un constante aumento, siendo la que más aumentó la de ingreso individual por personas, pasando de 11,3 en 2015 a 19,4 en 2017. Esto quiere decir que la diferencia entre el 10% de los que más ingresos tienen y el 10% de los que menos tienen aumentó un 71%, o dicho de otro modo, los pampeanos, por lo menos los que habitamos en el aglomerado, tenemos más desigualdad, y con ello un aglomerado más pobre que en 2015.
Queda por remarcar que el cambio propuesto por los representantes locales ya se está sintiendo en nuestra pampa y no con buena cara. Sería mejor que la alianza nacional de gobierno y los partidos que la componen expliquen a los pampeanos qué otros derechos, además del bienestar alcanzado, pretenden destruir con las políticas del modelo que encarnan y enarbolan.

* Ex Director General de Estadística y Censos 2005-2015.