sábado, 21 septiembre 2019
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Algunos debates salvan la ropa

Las campañas electorales son los momentos más propicios para que los rivales políticos saquen a relucir su artillería verbal. En estos tiempos de prepotencia neoliberal y de posmodernidad líquida, signados por la sobreoferta de marketing y la escasez de ideas, con frecuencia el debate electoral toma caminos que no conducen a territorios fértiles y lo que suele predominar son las esgrimas retóricas con el objetivo primordial de enlodar al oponente antes que enaltecer la política con la confrontación de propuestas destinadas a satisfacer las necesidades de la comunidad. Es indudable que la cultura televisiva ha terminado por imponer sus reglas y formateado las mentes de buena parte de la dirigencia política.
Pero en ocasiones sucede que algunos temas relevantes irrumpen en el debate y los ciudadanos tenemos entonces la oportunidad de apartar la hojarasca y evaluar la densidad política de los contendientes. Eso fue lo que ocurrió en los últimos días cuando saltó a la escena política un problema de primer orden tanto en el país como en la provincia: las políticas de generación -o de destrucción- de empleo y el rol del Estado y de la actividad privada
La UCR lanzó la primera estocada imputándole al peronismo y sus sucesivas administraciones provinciales un fracaso en materia de estimular el crecimiento del empleo en la actividad productiva. En un documento el radicalismo sostuvo que la contracara de ese problema fue el notable aumento de la burocracia estatal alimentada por mano de obra que no tuvo lugar en el sector privado.
La respuesta no tardó en llegar y por la misma vía: un documento. El Frente Justicialista Pampeano -expresión electoral del peronismo y sus aliados- replicó diciendo que en el lapso planteado por el radicalismo -la última década- no ocurrió lo que se le imputa sino lo contrario. Y redobló la apuesta al referirse el proceso de destrucción de empleo que llegó a nuestra provincia, al igual que en todo el país, en los últimos tres años bajo el gobierno de Cambiemos del cual forma parte el radicalismo.
Más allá de los fuertes adjetivos que condimentan este choque -comprensibles en el último tramo de la campaña electoral- lo interesante es el respaldo numérico que ambos contendientes aportaron al debate. Independientemente de las imputaciones recíprocas de «mentir» o «manipular», el solo hecho de acudir al respaldo de la estadísticas significa, al menos, una voluntad de superar el «guitarreo» de siempre. Ahora está en los ciudadanos tomarse el trabajo de averiguar quién está más cerca de la realidad con sus números para sacar sus propias conclusiones y, llegado el caso, decidir su voto. No hay encuesta, nacional o provincial, que no refleje la gran preocupación que existe por la falta de trabajo y el cierre de fuentes de empleo.
Pero el asunto es un poco más amplio y presenta otra arista de importancia: el rol del Estado a la hora de fomentar la generación de trabajo -tanto privado como público- de calidad y que aporte al desarrollo productivo. En una provincia con fuerte tradición de economía primaria no es un tema menor. Y en buena hora que esté presente en la pelea electoral.