Amigo de Bolso-nazi y enemigo de la Venezuela bolivariana

LA SEMANA POLITICA

Coherente con la política interna de ajuste, el gobierno de Macri busca cultivar buenas relaciones con el Brasil neofascista de Bolso-nazi. Y ratifica su enemistad agresiva para con Venezuela.
SERGIO ORTIZ
Por lo general entre las políticas internas de un gobierno y las líneas de su política exterior suele haber algunos matices, partiendo de la coherencia de clase en lo esencial que curte en ambas órdenes. En otros casos, sea por sobre-actuación o bien por necesidades oportunistas de concretar negocios, se ata completamente una a la otra y tales matices desaparecen. Todo sea por algunos millones de dólares de inversiones o por menguar el rojo de cuentas del comercio exterior.
Y algo de ese fenómeno sucede con Mauricio Macri en este 2019 que todavía usa pañales. El hombre, que sigue sus largas vacaciones en Villa La Angostura, está identificado con los intereses de los monopolios y bancos. Tal es su principal divisa, pegada al alma, aunque demagógicamente todavía quiera aparecer como un dolorido hincha xeneize por la final perdida en Madrid.
Si bien el capitalismo dependiente de Argentina venía de muchas otras administraciones, bajo la suya no ha hecho más que fortalecer sus músculos monopólicos. Hoy 500 empresas más grandes son responsables del 22,9 por ciento del valor bruto de la producción total argentina; y, de aquellas, 301 son de mayoría de capital extranjero.
Esa extranjerización va a profundizarse porque la recesión imperante desde 2016, con breves intervalos, y que durará hasta la mayor parte del año en curso, agudizará las dificultades de buena parte de las empresas, incluso de algunas que revistan en la categoría de “pesos pesados”. Eso, más el encarecimiento del crédito y la financiación, con tasas usureras y altísimas, que no cederán para evitar la disparada de míster dólar, complica más a jugadores del mundo empresario, incluso a muchos que fueron adalides del gobierno macrista. Están probando de su misma medicina, que sabe a veneno…
Y en esta coyuntura el valor de las acciones de esas firmas ha bajado hasta 60 por ciento en su cotización bursátil. Ese es un signo que los buitres no van a pasar por alto. Muchos saltarán para llevarse esas presas por poca plata, no tanto para tener oportunidades productivas sino como inversiones: comprar barato lo que piensan vender con ganancias.
De allí que la presente extranjerización pueda profundizarse todavía más. Sería otra mueca horrible del verso de Cambiemos de “abrirnos e insertarnos en el mundo”. Incluso no le hace asco a la idea de reanimar algo la economía como furgón de cola de Jair Bolsonaro.

Con Bolso-nazi.
El 2 de enero asumió el presidente brasileño. Macri no quiso interrumpir su prolongado descanso en el sur, pero envió su saludo puntual y muy amistoso al emergente líder neofascista. Subrayó allí su convicción y deseos de mejorar las relaciones con el país amigo, aun cuando el exmilitar no hubiera aceptado su invitación a participar de la cumbre del G-20 en Buenos Aires, en el pasado noviembre.
Para el presidente argentino, todo bien con Bolsonaro. Del mismo modo como estuvo “tudo bem, tudo joya, tudo legal” con el usurpador Michel Temer, luego de desalojar con un golpe institucional en 2016 a Dilma Rousseff.
Y partió el canciller argentino Jorge Faurie hacia Brasilia, para representar al veraneante durante la asunción del cargo de quien había puesto en duda la utilidad del Mercosur, con tal de favorecer los negocios de los monopolios paulistas.
En los días previos e inmediatamente posteriores a jurar como jefe de Estado, el militar brasileño, sus hijos portavoces y ministros designados habían compuesto una obra infame de neofascismo, anticipada durante la campaña electoral. De nuevo hubo anuncios contra los socialistas y comunistas, contra los gays, contra los indios, en fin, contra todos los que suponen un alejamiento de la pureza de raza. El cabo austríaco se habría solazado con un discípulo tan aventajado y en un territorio como el brasileño, tan necesitado de purificaciones y campos de exterminio…
La caza de brujas ha comenzado en Brasil. Y no sólo con declaraciones sino con medidas prácticas de persecución y depuración política, desde las escuelas hasta la administración pública. El giro excede los límites de lo político y va a incluir la colaboración con el Pentágono, no sólo con la cesión de bases militares sino también participando de campañas que se decidan en el Norte, por ejemplo, para agredir a Venezuela.
Bolso-nazi sabe que puede contar con Macri como aliado para secundar esos planes regionales del jefe y referente de ambos, Donald Trump.
Ese contubernio quedó al descubierto con la declaración de trece cancillerías militantes del “Cartel de Lima”, dentro de la OEA, que dispararon contra Caracas. El 10 de enero asumirá allí por otros seis años el presidente constitucional Nicolás Maduro. Aquellos miembros del “Ministerio de Colonias” han exigido que Maduro no asuma el cargo y la Asamblea Nacional inexistente (la que existe es la Asamblea Constituyente) convoque a nuevas elecciones.
El único representante que no firmó ese infame documento fue el enviado del nuevo presidente de México, AMLO, que al menos en este punto tuvo una digna postura.
El resto se comportó como vasallos neocoloniales, entre ellos el gobierno de Macri. La contradicción está a la vista de todos. Aplausos al neonazi que promete balas para todos en Brasil y echó a 8.000 médicos cubanos que atendían a los más pobres en los rincones alejados del país. Y agresión para el mandatario bolivariano que ganó limpiamente elecciones frente a varios candidatos.
No hay sólo demonización de Maduro, con las correspondientes sanciones contra la población. Lo peor es que al socaire de esas resoluciones de la OEA, digitadas por el Secretario de Estado yanqui, Mike Pompeo, arreciará en 2019 la campaña golpista y terrorista contra Venezuela. Los muertos pueden ser muchos más que los de la campaña similar de 2014.

¿Cómo se para un torbellino?
Macri y Bolso-nazi son parte de los planes de Trump para recolonizar América Latina y arrebatar a sus pueblos las conquistas obtenidas a duro precio en los mejores años de lucha contra el neoliberalismo.
En lo interno, el presidente argentino no muestra el menor arrepentimiento de lo hecho en estos tres años. Peor aún, en medios periodísticos trascendió que en diálogos suyos en Villa la Angostura con políticos amigos, quizás el de Río Negro que irá por la reelección con globos amarillos, ha prometido un curso más brutal de ajuste si gana otro mandato. Habría dicho que en tal caso no cometerá dos veces el mismo error del “gradualismo”, como si así se debiera definir el brutal ajuste 2015-2019.
El torbellino no amaina. Si hasta octubre pasado los salarios de empleados formales habían perdido 19,7 por ciento frente a la inflación y otro tanto o más las jubilaciones, el panorama se hace más ominoso por los tarifazos conocidos hace pocos días en Transporte y Energía.
Ahora, completando las noticias negativas y quizás aprovechando la época del año poco propicia para grandes manifestaciones de protesta, aumentaron los peajes un 33 por ciento, que sumados a los anteriores de 2018 le ganaron a la inflación y por supuesto a los deprimidos salarios.
Luce como insuficiente la convocatoria de las centrales sindicales, ausente por supuesto la señora mayor, CGT, para protestar los jueves en distintas ciudades contra el tarifazo. Los ojos están puestos en el 10 de enero en una marcha hacia el Congreso. Esta alianza gremial al menos esboza un paro general para entre marzo y abril, dijera Pablo Moyano, lo que da una idea de lo limitada y light que es la táctica opositora.
Por supuesto que al menos Moyano y sus aliados Yasky y Micheli hacen oír una voz de protesta, para romper la calma de enero donde los medios se llenan de basura informativa: robos, playa, farándula y boludeces.
Pero está claro que con aquellas módicas protestas no alcanza para frenar la tormenta macrista que se quiere llevar todo puesto. ¿Cómo parar esa ofensiva del gran capital local y trasnacional que enhebran Olivos, Planalto y la Casa Blanca?
Algunos dicen que eso no se puede parar y se resignan a que sea lo que sea.
Otros dicen que para derrotarla hay que formar un frente electoral tan amplio que quepan todos, con un programa tan laxo como inexistente. Sobre todo, recomiendan no incurrir en los “excesos” populares de 2005 (juicios por DD HH), 2006 (alejamiento del FMI), 2008 (retenciones a la soja), 2009 (ley contra Clarín y recuperación de AFJP), 2010 (Festejo del Bicentenario y pleito contra “Fondos Buitres”) y 2013 (proyecto de reforma judicial democratizadora).
Así se explica que figuras antes radicalizadas del kirchnerismo, como Axel Kicillof, hoy sean tapa de la revista Forbes y declaren que hay que darles rentabilidad a las empresas para que inviertan y que no hay que romper con el FMI.
Enfrentar una tormenta de frente no es fácil. Pero con tibieza programática no se puede. Con arrepentidos y renegados, tampoco. Lo dice la política, pero también la ciencia: a una acción en un sentido dado, corresponde oponerle una fuerza que accione en sentido inverso, de similar o mayor potencia. De lo contrario, Macri nos llevará puestos.