Años de grandes lluvias, problemas e interrogantes

Señor Director:
La Pampa afronta uno de sus años lluviosos, que esta vez se manifiesta en gran parte de nuestro territorio. Las noticias acerca de problemas llegan desde el norte, el centro y el sur, pero también del oeste.
Un ministro provincial, que recorría un sector afectado, habría dicho que estamos ante “la mayor inundación”, frase que en lo inmediato parece de difícil corroboración. Que la cantidad de agua caída es extraordinaria se puede apreciar en Santa Rosa, donde nos aproximamos a los 900 milímetros, cincuenta por ciento por encima de la media anual, cuando faltan dos meses y días para cerrar el año.
Si se puede esperar una estimación más ajustada a la historia de las lluvias en La Pampa, para saber si ahora estamos ante la mayor o una de las que periódicamente sobrepasan los niveles medios, no sucede lo mismo en cuanto a los daños tanto en la zona rural como en los espacios ocupados por las poblaciones. La mayor parte de estos daños evidentes es subsanable, ya porque volvamos a los años de lluvias escasas, ya porque se hagan las obras que permitan la habilitación pronta de caminos vecinales y rutas provinciales y nacionales, ya porque la ayuda llegue pronto y adecuada a las personas que han sufrido daños en sus viviendas o en los quehaceres habituales.
Como viene sucediendo en las últimas décadas, vuelve a escucharse hablar del plan de los daneses y se dice que se verá de retomarlo o de actualizarlo con el mismo propósito. Estos dichos revelan que ha faltado continuidad para proseguir las obras que en determinado momento se consideraron necesarias para prevenir situaciones perjudiciales y, por lo que parece, también ha faltado continuidad y profundización en los estudios que la experiencia universal revela indispensables ante el crecimiento constante de la población y la expansión del urbanismo, así como el efecto de cambios en las técnicas para la producción rural.
El fenómeno del crecimiento del ámbito urbano registra llamativa aceleración desde finales del siglo XX. Y también se ha acelerado el proceso de abandono del ámbito rural como residencia estable. Como se aprecia en Santa Rosa o, por decirlo mejor, en Santa Rosa-Toay, la expansión urbana se produce tanto vertical como horizontalmente. Últimamente está creciendo con aceleración constante la expansión hacia el este, en la dirección inversa al recorrido del acuífero que durante mucho tiempo proveyó el agua potable a esta ciudad, sin que parezca existir un programa para establecer las condiciones y restricciones de dicha expansión. Nos hemos ocultado este efecto con el acueducto del Colorado, al mismo tiempo que asistimos a una especie de estallido del servicio de cloacas y del pavimento urbano, que no solo da cuenta de omisión de gobernantes, pues todos tendemos a lo rutinario y siempre cuesta entender que si algo cambiamos en la ocupación de la superficie, algo se modificará debajo de ella. El fenómeno del crecimiento urbano viene registrando no solamente expansión sino aumento de la aceleración de este proceso y se han oído advertencias de expertos sobre el comportamiento del agua en este ámbito urbano, ya notoriamente saturado.
Quienes prestan atención a lo que sucede en sectores de la provincia de Buenos Aires, han notado que se habla mucho de humedales. En Tigre y sectores de la misma zona, los emprendimientos inmobiliarios, que buscan la ganancia a corto plazo, están eliminando humedales y los expertos explican por esta causa el agravamiento de las inundaciones.
Existe, desde los años 70 del pasado siglo, la Convención Ramsar. Si bien está referida a humedales internacionales, ahora considera este problema en la variedad de sus características y viene produciendo recomendaciones para la relación con todos los tipos, que son muy diversos.
Ya no es cuestión de discutir culpabilidades, sino de saber a qué atenerse.
Atentamente:
Jotavé

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