Antes, el desprecio. Ahora, se sorprenden

Las declaraciones de las autoridades del sur mendocino ante la propuesta de la Fundación Chadileuvú de recomendar no consumir los productos de aquella zona, no tienen desperdicio. La sugerencia -una forma de recordar que esos productos han sido logrados con una parte del agua del río Atuel que le fue quitada a La Pampa- parece haber causado conmoción y algunas manifestaciones aparecen no solo como mendaces sino también ridículas.
Dejando a un lado, por absurdos, los dichos de quien señalaba que era deber de todo mendocino romper los carteles señaladores en La Pampa que dijeran “Río Atuel”, basta con acceder a lo expresado por el intendente de General Alvear, que “lamenta el nivel de agresividad que alcanzó el tema” y califica de equivocado el planteo pampeano de que la sustracción del Atuel ha frenado el progreso de La Pampa. El funcionario seguramente ignora que hasta comienzos del siglo XX las poblaciones de Santa Isabel y General Alvear -ambas a orillas del Atuel- eran prácticamente iguales, aunque con la nada despreciable diferencia de que Mendoza ya era una de las provincia “tradicionales” y La Pampa un recién surgido territorio nacional, sin autonomía. Compárese las mismas poblaciones en la actualidad y no es necesario aportar más argumentos. Por la misma época la entonces próspera Colonia Butaló colapsó por la falta de agua. El golpe de gracia de El Nihuil llegó después.
El mismo intendente se siente molesto por la dureza de las declaraciones; después de un siglo de despojo y haber producido la mayor catástrofe ambiental del país, a las autoridades mendocinas parece incomodarlas en extremo el hecho de que la Fuchad haya conseguido darle trascendencia internacional al tema, logrando declaraciones favorables por parte del Tribunal Latinoamericano del Agua y de Naciones Unidas. ¿Qué esperaban después de un siglo de sustracciones y de ninguneo a cualquier tipo de solución consensuada? ¿Ignora el funcionario alvearense la resolución 50/49 que, aunque otorgaba un mínimo de agua a La Pampa, nunca se cumplió? ¿Habrá conocido la CIAI que, a pesar de estar centrada en el “Atuel inferior” nunca acordó absolutamente nada y murió de inutilidad? ¿Sabrá que el fallo de la Corte, que aseguraba hectáreas a su provincia, determinaba también una mejora en la muy baja eficiencia de riego del área, que tampoco se concretó? ¿Se anotició del acuerdo de 2008, avalado por la Presidencia de la Nación, y que fue ignorado por su Legislatura? Después de semejante serie de postergaciones ¿cómo puede “bregar por una instancia de diálogo” si jamás condujeron a nada positivo? El conocimiento y evaluación de esos antecedentes debería ayudarles a comprender la posición pampeana en lugar de descalificarla con agravios.
Pero el colmo del disparate llegó cuando los cuyanos afirmaron que “el gobierno de La Pampa está utilizando a la Fuchad para escalar el conflicto”. En su autismo son incapaces de advertir que la cuestión del Atuel es una vieja reivindicación profundamente arraigada y compartida por todos los pampeanos y que la acción de gobierno no es extraña a ese sentir, sin que eso signifique connivencia con la ONG. Apelando a la antigua táctica de que la mejor defensa es atacar, este sector mendocino prefiere ignorar cualquier razón que no le convenga. Una de las más significativas es su actitud ante la formación del posible comité de cuenca del Desaguadero-Salado-Chadileuvú, del que se ha desentendido olímpicamente volviendo a la ridícula teoría del “río fósil”, insostenible tanto en lo semántico como en lo físico ya que se trata de la mayor cuenca interna del país.
A la luz de estos hechos las autoridades mendocinas deberían esforzarse un poco por comprender mejor una reacción que ahora los sorprende y alarma, pero que llegó después de haber despreciado todas las instancias de diálogo equitativo.

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