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Antiderechos y neopentecostalismo

UN FACTOR CLAVE EN LA OFENSIVA NEOLIBERAL

Con la llegada del macrismo se aceleró el desarrollo político del conservador movimiento neopentecostal. No son tan fuertes como en Brasil; por ahora.
JAVIER CALDERON CASTILLO – BARBARA ESTER
En plena ofensiva neoliberal, Latinoamérica observó un fenómeno disruptivo: las iglesias neopentecostales -mejor conocidas como evangélicas- se destacaron en las contiendas electorales, ganando más escaños en los parlamentos y jugando roles fundamentales para la elección presidencial de ofertas ultraconservadoras en Brasil, Colombia, Honduras o Guatemala.
En Argentina, poco a poco, se han hecho un lugar en ciudades y municipios periféricos, llegando a tener una mejor performance electoral con candidaturas «outsider» como la de Amalia Granata o el pastor Walter Ghione -quien se declaró a favor de construir un movimiento similar al que llevó a Jair Bolsonaro a la presidencia en Brasil- como diputados provinciales de Santa Fe.

La vía argentina.
La emergencia de estas candidaturas en Argentina tiene sus particularidades. La existencia de un importante movimiento social y de partidos políticos con militancias políticas progresistas que son compartidas con las actividades del culto y la fe impidió -hasta ahora- que pastores neopentecostales con aspiración política trasladen fácilmente la adhesión religiosa de sus fieles hacia fines electorales conservadores. Incluso, feligreses de dichas iglesias son parte de organizaciones antineoliberales o de gobiernos como el del Municipio de La Matanza, donde participa Gabriel Ciulla, pastor de la Iglesia Camino de Vida, y actual subsecretario de Culto de dicha municipalidad.
Esas dificultades para los pastores conservadores fueron mayores por la restitución de derechos y la presencia del Estado durante el kirchnerismo. La política estuvo presente en todos esos años y garantizó un tapón para la utilización de consignas religiosas como mediadoras de la política. El camino para taladrar dichas barreras se fue despejando en este cuatrienio neoliberal, en el que la política se relegó a un segundo plano y el Estado empezó a desaparecer de los territorios generando una delegación de funciones a ONG e iglesias, tal como viene ocurriendo en la Provincia de Buenos Aires de la mano de la gobernadora María Eugenia Vidal quien tiene una fuerte alianza con Rubén Proietti, presidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera), el ala más conservadora del neopentecostalismo argentino.
El modo de ejercer influencia por parte de Aciera fue a través de la designación informal de representantes para tender puentes con el poder. Uno de los más influyentes en la zona sur del conurbano bonaerense fue Jorge Sennewald, pastor de la iglesia El Encuentro. Sennewald resultó un personaje clave para el acceso a las zonas más vulnerables del conurbano, esquivando las redes tradicionales del entramado territorial peronista. El actual director de Gestión de Asuntos Docentes de la Provincia de Buenos Aires, Gastón Bruno, fue vicepresidente de Aciera antes de presentar su candidatura a diputado nacional por Cambiemos.

Aspiraciones electorales.
Las iglesias neopentecostales cuyos pastores tienen aspiraciones políticas con perspectiva conservadora supieron acumular fuerzas en las movilizaciones antiderechos del 2018, y encontraron un aliado ideal en la Iglesia Católica para configurar una oferta electoral propia en este año. El resultado más visible se dio en Santa Fe con la elección de siete diputados provinciales que reunieron cerca de 300 mil votos y constituyeron la tercera expresión con mayor caudal de la provincia luego de los partidos Justicialista y Socialista. La presencia neopentecostal en las próximas elecciones provinciales es la siguiente:
Capital Federal: Dina Rezinovsky, funcionaria del Ministerio de Salud porteño, enrolada en la agrupación «Celestes por el cambio» ocupará el octavo lugar de la lista oficialista, y el ginecólogo Leandro Rodríguez Lastra, declarado culpable por impedir una interrupción del embarazo a una víctima de violación, será candidato a diputado nacional por el partido Demócrata Cristiano.
Provincia de Buenos Aires: desde Juntos por el Cambio se postulará Gabriel Mraida, actual director de Prevención del Delito en el Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich y pastor principal de la Iglesia Bautista del Centro.
Neuquén: el diputado y pastor David Schlereth será candidato a vicegobernador de Cambiemos en Neuquén como compañero de fórmula del actual intendente de la capital neuquina, Horacio Quiroga.
Santa Cruz: «Consenso», la agrupación del PRO en Santa Cruz, llevará la primera lista de candidatos a concejales conformada por integrantes evangélicos en Río Gallegos.

Despolitizar el debate.
La participación de los movimientos pentecostales en la política argentina ha seguido un lento recorrido logrando una mayor visibilización gracias a los acuerdos e iniciativas del gobierno de Cambiemos. En los últimos cuatro años este actor ha logrado una mayor fortaleza, al punto de pasar de una estrategia transversal a los partidos políticos a intentar conformar el suyo propio. Esta nueva estrategia combina la acción de pastores neopentecostales, ultracatólicos y figuras mediáticas que se posicionaron en el costado celeste de la grieta desatada por la movilización en torno al proyecto de ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo y otros anteriores, como la Ley de Educación Sexual Integral.
El desarrollo de estas agrupaciones que trasladan la fe a la política en la Argentina parece tener su momento en medio de la polarización social y de retrocesos en materia de derechos y justicia social. Los pastores evangelistas se convierten en articuladores políticos en ámbitos donde la ausencia del Estado les permite constituirse en salvadores de las angustias ciudadanas, despolitizando los debates centrales y llevando al plano religioso las emociones que definen los votos. Un asunto para seguir analizando pues su persistencia y capacidad de movilización no son menores, tal como pudo constatarse en la última campaña presidencial en Brasil, en la que los grupos de WhatsApp del culto neopentecostal se convirtieron en el medio expedito para distribuir falsas noticias y ganar el voto para Bolsonaro, una estrategia de campaña utilizada por el grupo Unite en la provincia de Santa Fe. (Extractado de Celag).