Antigua deuda

El presidente de la Suprema Corte de Justicia afirmó que los tres miembros del cuerpo están a favor de que jueces y fiscales dejen de eludir el pago del Impuesto a las Ganancias. Lo dijo poco después de entrevistarse con el Papa en Roma, con lo cual es legítimo suponer que el tema estuvo presente en el encuentro. Tratándose de una cuestión tan antigua, que el funcionario la haya mencionado apenas salió de los despachos vaticanos respalda esa suposición.
Como quiera que sea es una antigua deuda que el Poder Judicial tiene con toda la sociedad. Amurallados tras una interpretación sibilina del artículo 110 de la Constitución Nacional, los jueces se han autoconcedido ese privilegio inaceptable en una república democrática cuya columna vertebral proclama que “todos somos iguales ante la ley”. El Impuesto a las Ganancias es una contribución que todos los ciudadanos, a partir de determinado nivel de ingresos, aportan para el mantenimiento del Estado. El esfuerzo fiscal que es proporcional a los ingresos de ninguna manera puede considerarse una “disminución” de haberes. Por otra parte es sabido que el nivel general de ingresos en el Poder Judicial es más elevado que en el Ejecutivo y el Legislativo, lo cual se vuelve aún más injusta esta situación.
Es de esperar que la promesa de tratar con celeridad este tema no quede otra vez en el olvido y que los magistrados, que son los que deben hacer cumplir la ley, se coloquen también bajo su imperio. Si todo sigue igual, se seguirá promoviendo la inequidad fiscal y el malestar de quienes están afuera del círculo privilegiado; que son la inmensa mayoría de los ciudadanos.

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