Apenas un rápido trámite en el PJ

Con más consistencia y prolijidad que hace cuatro años, el Partido Justicialista se encamina a arreglar el desaguisado que provocó la intempestiva renuncia del gobernador Oscar Jorge a la candidatura de intendente de Santa Rosa. Súbitamente, ya no son agravios sino caricias las que circulan por los circuitos internos del partido y Raúl Ortiz pasó a ser, para el vernomarinismo, un “hombre trabajador y excelente candidato”.
Ahora será la justicia electoral la que determine si esta decisión se encuadra en la legalidad. No se requieren cualidades adivinatorias para anticipar que la convalidación puede considerarse un hecho. En principio por el peso indiscutido del partido oficialista que nunca ha tenido demasiados problemas para sortear los obstáculos judiciales. El ejemplo paradigmático, aunque no el único, fue el recordado caso del deficitario quórum legislativo que fue solícitamente avalado en la Justicia para permitir la reelección marinista.
Por lo demás, si hace cuatro años, la Justicia convalidó una candidatura mucho más floja de papeles como la de Oscar Jorge para reemplazar al renunciante Carlos Verna -en esa oportunidad faltaban nada menos que los imprescindibles avales-, hoy no cabe otra cosa que aguardar una nueva aceptación. De ahí que ya puede darse por descontado que Ortiz será el nuevo candidato para tratar de hacer realidad lo que manda la canción partidaria: “todos unidos triunfaremos”. El congreso, cuya fecha ya estableció el consejo provincial del PJ, no será más que un trámite en esa dirección.
Una vez más, el justicialismo pampeano volvió a demostrar que a la hora señalada de las decisiones trascendentes, todos se encolumnan detrás del más fuerte y se olvidan las ofensas. En ocasiones, como ahora y como hace cuatro años, una renuncia puede ser la oportuna llave de acceso a la ansiada unidad.
En definitiva, no son las cúpulas -habituadas a los cambiantes vaivenes de las negociaciones de salón- las que más sufren estos terremotos sino las bases, comprometidas con un trabajo de militancia que se forja, como ahora, en el fragor de enfrentamientos muy duros. A ese nivel, las frustraciones y heridas sí pueden ser más difíciles de restañar. Pero de ahí a realizar cálculos especulativos en cuanto al comportamiento electoral de esa masa de electores disconformes con los acuerdos de cúpula, hay un trecho muy largo. Siempre hubo expresiones políticas y dirigentes que quisieron pescar en esas aguas revueltas, y siempre el PJ salió airoso, en nuestra provincia, y convalidó su fuerza electoral.
Pasadas las furiosas internas y las PASO, y ya en la recta final con vistas al 25 de octubre, lo más relevante de todo este proceso electoral es que se cumplió lo que advertían prematuramente algunos observadores: fue un error de cálculo del gobernador pensar que él solo podía derrotar a sus dos rivales unidos. En un partido fraccionado por tercios, era muy lejana la alternativa de que uno de ellos lograra vencer a la alianza de los dos restantes. El mentado trasvase generacional quedó como un eslogan de campaña y los protagonistas de esta historia fueron los tres líderes de la “vieja guardia”.