Aplausos en el Fondo

La entusiasta felicitación de la delegación del Fondo Monetario Internacional al gobierno nacional y, como contrapartida, las fuertes críticas al proceso kirchnerista fueron melodías muy dulces para los oídos del macrismo. El organismo global cumplió así, acabadamente, su papel de estrella tutelar del nuevo rumbo económico que llegó al país y de severo juez de todo pensamiento que se desvíe de la ortodoxia.
Entre las medidas elogiadas estuvo la decisión de “reordenar” las variables económicas, sin embargo no hubo una sola palabra sobre sus graves consecuencias sociales como el crecimiento de la pobreza y del desempleo o la distribución regresiva de la riqueza. Es evidente que el vocabulario neoliberal del FMI apela a palabras ingenuas o neutras para defender su recetario habitual y se cuida mucho de mencionar las secuelas “feas” de su aplicación.
Los técnicos del FMI descargaron dura artillería contra el gobierno anterior al que acusaron de promover un “crecimiento insostenible del consumo” y de quitarle “incentivos” a la rentabilidad de las empresas. Entre los pecados del kirchnerismo citaron expresamente la creación de una “red de controles” que atentó contra la actividad económica porque “erosionaba la competitividad”. La libertad absoluta del mercado sin las “molestas” interferencias del Estado sigue siendo una línea rectora en el FMI a pesar de los fracasos de esas experiencias en la inmensa mayoría de los países del mundo que no integran las economías centrales.
También mereció efusivos aplausos el brutal tarifazo en los servicios públicos porque, en opinión de los visitantes, “acerca los precios a los niveles internacionales”. En esta selección de elogios no podía estar ausente el pago a los fondos buitre porque hizo posible “el regreso a los mercados de capital”, sin embargo nada dijeron de la sequía absoluta de inversiones a pesar de ese gesto tan contundente, y tan caro para el país. Tampoco hubo menciones a la masiva fuga de capitales que se viene registrando este año de la mano del macrismo que volvió a habilitar el acceso irrestricto al dólar de las grandes fortunas.
Siguiendo una vieja costumbre, el FMI no se privó de ofrecer sus consejos, sabedor de que ahora tiene en Argentina un gobierno con los oídos muy atentos a sus recomendaciones. El ya conocido de achicar el gasto público estuvo en primera fila, e inmediatamente después apareció otro del viejo repertorio fondomonetarista: ayudar a “aumentar la rentabilidad de las empresas” porque “estimularán” las inversiones. Como siempre, de la “rentabilidad” de los salarios no dijo una palabra. Es bien sabido que para el FMI el salario es apenas un “costo” más que justifica todos los esfuerzos para bajarlo porque así se “ayuda” a incrementar la rentabilidad de las grandes compañías.
Las menciones históricas de los visitantes se centraron en el kirchnerismo al que le destinaron las críticas más duras, pero omitieron toda referencia a un ciclo anterior, el menemismo, bajo el cual se siguieron escrupulosamente todas las recomendaciones económicas del FMI. En una reunión organizada por la liberal fundación FIEL, en uno de los hoteles más caros de la capital argentina, los directivos del Fondo se explayaron ante un selecto auditorio integrado por empresarios, banqueros y economistas. Allí fueron aplaudidas todas las intervenciones de los visitantes que cuestionaron al “estatista” y “antiliberal” gobierno anterior. Es evidente que la deliberada omisión de la experiencia menemista y delarruísta habla a las claras de la mala conciencia de los burócratas del organismo y del gran empresariado argentino. Aquel ominoso período terminó en la mayor crisis económica del país, y tuvo lugar porque los gobiernos de entonces aplicaron, con igual entusiasmo que hoy muestra el macrismo, el mismo libreto.

Compartir