Aprender en las dificultades

Los primeros pronósticos optimistas con relación a los caudales que esta temporada bajarán por el río Colorado han comenzado a atemperarse. En una reciente reunión del Coirco los informes técnicos divulgados hablan de “un año complicado en materia de escurrimientos” en virtud de que las precipitaciones nivales en la Cordillera no han tenido la magnitud que inicialmente se habían anticipado.
Este escenario nos habla de que continúa el ciclo hídrico pobre que ya lleva más de un lustro afectando al principal río que corre por territorio pampeano. Por lo tanto la presa Casa de Piedra, que había recuperado parcialmente su cota luego de un descenso extraordinario, deberá volver a bajarla para atender las necesidades de riego del área más importante de la cuenca -y uno de los más extensos del país- ubicado en Pedro Luro, al sur de la provincia de Buenos Aires.
Este estado de cosas viene a advertirnos sobre el frágil equilibrio que hoy muestran muchos de los ríos cordilleranos argentinos, lo que obliga a extremar los cuidados para tornar más eficientes los manejos de sus menguados caudales. La mejor forma de hacerlo es coordinar los esfuerzos de todos los estados provinciales comprendidos en cada una de las cuencas a fin de aprovechar esa riqueza hídrica compartida en forma equilibrada y según las necesidades de cada jurisdicción.
Lo peor que puede ocurrir en estas circunstancias es perder la conciencia de que debe imperar un uso consensuado para repartir equitativamente este precioso instrumento de desarrollo que es el agua. Y está demostrado que las mejores herramientas para alcanzar ese objetivo son los organismos de cuenca. Si un estado provincial se arroga el privilegio de proceder en forma unilateral, haciendo prevalecer las necesidades propias en detrimento del conjunto surge inmediatamente el desencuentro, el conflicto y la desconfianza mutua.
Esta situación, y estas reflexiones, adquieren hoy un significado especial en momentos en que se está discutiendo la construcción y el manejo del embalse Portezuelo del Viento ubicado en territorio mendocino sobre el río Grande, principal tributario del Colorado. Esa presa está contemplada en el Tratado del río Colorado y su principal objetivo es la de contribuir a la mejor regulación de los caudales de la cuenca sumándose en esa delicada función a la ya existente de Casa de Piedra. De ahí la importancia vital de su funcionamiento: una cosa es que se sea administrada en función de las necesidades de todas las provincias que participan de la cuenca y otra muy distinta si se lo hace privilegiando a unas en desmedro de otras.
No cabe ninguna duda de que la mejor alternativa es que el manejo del embalse esté bajo la responsabilidad del Coirco, en cuyo seno están representadas las cinco provincias que integran la cuenca y el gobierno nacional. Este período seco que viene afectando la cuenca desde hace tantos años debería enseñarnos que la mejor forma de afrontar las dificultades que plantea la escasez de este recurso vital es tirar todos juntos para el mismo lado en lugar de hacerlo cada cual para el suyo.

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