Aprestos bélicos para la batalla electoral

LA SEMANA PAMPEANA

I – El radicalismo siguió en la semana sus movimientos de contradanza en torno a si finalmente conformará la mesa provincial de Cambiemos con el Pro o si, por el contrario, seguirá en su coalición del Frepam con sus aliados socialistas y del Partido del Frente y dejará a sus socios de la elección del año pasado. Cuando esta edición salga a la calle una parte de la dirigencia partidaria habrá discutido el tema en el plenario de presidentes de comités locales convocados para este fin de semana en Santa Rosa. A esa reunión se invitó a los legisladores pero no a los intendentes. Una curiosa selección de participantes que le dan al encuentro un evidente sesgo anti-cambiemos pues los jefes comunales prefieren sentirse dentro del mismo partido que el presidente de la Nación. No es una cuestión de doctrina sino de praxis política: son ellos, y no los legisladores nacionales o provinciales, los que tienen tareas de gestión que no pueden realizar si no tienen recursos. Con el gobierno de la provincia de otro signo partidario y el gobierno nacional del mismo palo electoral, la decisión de apoyar a Cambiemos por parte de los intendentes es una elección casi obligada si quieren tener algo que mostrar a sus vecinos.

II – Pero si la ausencia de los intendentes en la lista de invitados llamó la atención, lo fue más que haya sido marginado del encuentro el intendente santarroseño, el candidato más exitoso que puede mostrar el radicalismo en la historia electoral lugareña desde la recuperación democrática. (El dirigente que ganó la intendencia de Santa Rosa en una elección en la que no había, como en su antecesor inmediato, el precedente a favor de un intendente expulsado por la gente y separado de su cargo bajo delitos gravísimos de los que luego fue condenado por un tribunal). Que no esté presente en el encuentro partidario donde el principal punto de tratamiento es la conformación o no de la mesa de Cambiemos, es inexplicable.

III – (Para quienes observan estos movimientos preelectorales en la UCR y tienen algunos años, no es inexplicable sino lógico. “Es muy sencillo de explicar y no tiene nada de doctrinario”, dicen, “si lo fuera, no estarían en Cambiemos ni ahora ni antes”. La divisoria de aguas es bien pragmática: por un lado, la necesidad de gestión de los intendentes y por otro la pelea por los cargos electorales de 2017. Por eso no están los intendentes invitados. Quienes hablan en torno al tema tienen un interés inconfesable de ambos lados: económico por un lado, electoral por el otro).

IV – El justicialismo en cambio olió el peligro e hizo lo que hace siempre que ve amenazada su hegemonía: estrechó filas y cantó fuerte la estrofa de la marcha que anticipa “todos unidos triunfaremos”. El acto del 17 de octubre fue una respuesta política clara por elevación a las declaraciones de Mac Allister que, un día antes, anticipaba un escenario ganador en La Pampa para 2017 si se conformaba Cambiemos aquí. Como anticipo mostró la foto de la Mesa de Cambiemos reunida con el intendente santarroseño, los intendentes radicales (que la UCR margina ahora de la reunión) y legisladores de ambos partidos.
El radicalismo no acuerdista en cambio, siguió sumergido en su discusión interna en la que detrás del discurso políticamente correcto que advierte por la supuesta “pérdida de identidad” se vislumbra el temor a la pérdida de cargos legislativos que el partido suele distribuir con criterios alejados del mérito y la idoneidad y a veces son el resultado de hábiles operaciones y madrugones de comité. La diferencia entre ambas fotos, es de escala: unos pelean por los cargos legislativos (verdaderas pymes familiares en algunos casos) y en el otro es por todo el poder.

V – Por suerte para Santa Rosa, esta pelea por los espacios de poder se ha trasladado a los anuncios y redunda en obras y fondos para la ciudad. El gobierno nacional salió a anunciar la llegada de 50 millones y el provincial le salió al cruce con seis veces más: 300 millones. La foto del fin de semana mostró al gobernador y al intendente capitalino juntos y sonrientes. La batalla por Santa Rosa comenzó una etapa decisiva con cortesías y acuerdos pero atravesada por el claro interés político de uno y otro. El campo de batalla está hoy lleno de pozos y cloacas reventadas y nadie quiere quedar al margen del rédito que el comienzo de las obras de mitigación promete. Unos y otros saben que el resultado de este enfrentamiento electoral en la capital dará una ventaja territorial para la batalla final por la provincia dos años después. (LVS)

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