Arbolito con pocos regalos para muchos y muchos regalos para pocos

PROTESTA EN EL CONICET Y EL ADIOS DE ISELA

Emilio Marín – La Navidad y las Fiestas imponen una pausa a los conflictos sociales y políticos. A la vez es un lapso donde cada quien hace su balance familiar y político del año, y otea el horizonte. Para la mayoría, fue un mal año.
Hay apariencias que engañan. Como en muchos negocios y calles céntricas se vio gran cantidad de personas comprando vituallas y regalos para la Navidad, el relato macrista podrá argumentar que los argentinos tienen un alto nivel de consumo.
Una golondrina no hace verano. Se trata de un pico especial donde cada familia tiene un gasto plus, menor al de otros años por la rampante recesión y las podas de los salarios fruto de la inflación y el ajuste.
Como siempre se puede estar peor, es bueno que 800.000 asalariados pudieran festejar que en 2017 dejarán de pagar impuesto a las ganancias. No habría sido así con el impopular proyecto del PRO-Cambiemos derrotado en primera instancia en Diputados. Después de ese traspié, el gobierno abrió una negociación con Sergio Massa y los senadores y gobernadores peronistas, y así se llegó a un punto intermedio que fue convertido en ley el jueves, con 167 votos a favor, 5 en contra y 3 abstenciones. El Frente para la Victoria, que había sido parte de la media sanción al mejor proyecto en Diputados, en esta ocasión se retiró del recinto antes de votar. Votó con los pies, por el No.
De todos modos, los opositores a la flamante ley advirtieron que como los mínimos no imponible son 30.500 pesos de bolsillo para los casados con dos hijos y de 23.200 para los solteros, es muy posible que en 2017, con los aumentos por las paritarias, otra vez esos 800.000 salvados de hoy vuelvan a oblar el injusto impuesto al salario, que se llamará a “los ingresos”. Una formalidad que nada cambiará, hasta que una profunda reforma tributaria, no sólo en este impuesto, haga que realmente los que más tienen paguen en consonancia, llámense monopolios, banqueros, mineras o magistrados judiciales, que sin ser una clase social propiamente dicha conforma un sector privilegiado en este punto.
Los macristas podrían sacar una foto de los shopping o aún de La Salada, para pontificar sobre las altas ventas. La mejor foto de la realidad, empero, será la de centenares de científicos -muchos jóvenes y precarizados- que festejaron el viernes lo que consideran una victoria parcial tras seis días de ocupación del Ministerio de Ciencia y Tecnología.
Ese triunfo no fue total, pero lograron que el gobierno extienda 343 becas que vencían en marzo próximo y sumara a los 107 científicos que habían quedado afuera, todo hasta diciembre del año próximo.
Aún con sus límites, parece una victoria reivindicativa y política de ese sector al que Domingo Cavallo mandó a lavar los platos y Mauricio Macri consideró “grasa militante” y en definitiva una actividad menor. Ese ajuste se topó con una pared de profesionales dispuestos a defender sus bolsillos y saberes, en una actividad estratégica para el país.

Volando bajito
Para muchos trabajadores que vieron recortados sus ingresos por perder la carrera con la inflación, el cobro del bono, o bonito, puede ser una aspirina para calmar dolores menores. Hablando de remedios, los jubilados estuvieron tres días sin poder comprar sus medicamentos porque PAMI no abona hace meses a las farmacias y éstas cortaron el servicio reclamando 3.000 millones de pesos atrasados. Los pases de facturas entre la obra social y las farmacias, independientemente de quiénes tengan razón, se producen periódicamente según se atrasan aquellos pagos. Y los jubilados son los perjudicados de siempre, cuando no pueden adquirir sus remedios y en general por la situación económica del país. Alimentos y medicamentos, que son el núcleo de sus gastos, aumentaron en el año más del 50 por ciento.
En esa marcha accidentada de la economía, el gabinete de CEOs de Mauricio Macri tuvo su primera baja importante con la renuncia de Isela Costantini, titular de Aerolíneas Argentinas. En línea con la hipocresía reinante en la administración del PRO-Cambiemos, la explicación dada fue que aquélla renunciaba por cuestiones personales.
Falso. Hasta el monopolio Clarín -que en dosis homeopáticas va marcando diferencias parciales con MM- publicó en columna firmada por Marcelo Bonelli que se debían a diferencias políticas y por negocios particulares que enfrentaban a la renunciante con Gustavo Lopetegui, ex CEO de LAN, y Guillermo Dietrich, de la concesionaria Ford, a propósito de tres asuntos. Uno, principal, la negativa de Costantini a aceptar una política de cielos abiertos para que empresas extranjeras compitieran con la de bandera en rutas de cabotaje e internacionales que hoy detenta AA. Otras diferencias no menores se referían a la magnitud del ajuste a hacer en la empresa: Dietrich quería cirugía mayor y menores partidas de Transporte. Y último, pero no menos importante, se le recriminaba a la renunciante no tener la mano suficientemente dura con los gremios aeronáuticos, que el lunes hicieron medidas de fuerza que llevaron a reprogramación de vuelos.
Estuvo bien el programa de Roberto Navarro en alertar contra aquella renuncia y denunciar que Avianca y Mac-Air, empresas vinculadas con la familia Macri, están en la lista de quienes se van a beneficiar de ese cambio regresivo en la línea de bandera. Además allí se hicieron una panzada con la reiteración de los videos donde el reemplazante, Mario Dell’Acqua, admitía “no conozco nada del mercado de una compañía aérea”
En eso Navarro estuvo bien. En cambio fue demasiado elogioso de Costantini, olvidando que venía de ser la CEO de General Motors, tampoco tenía capacitación en una empresa aérea y en su gestión también hubo despidos, retiros voluntarios y ajuste.
Aerolíneas empezará a volar bajito con su nuevo titular, ex Techint y otro directivo, ex Molinos. Puede que a mediano plazo el objetivo sea privatizarla, como en los ’90, una sombra que se proyecta sobre YPF y el Fondo del Anses. Y en el mientras tanto, con Avianca y demás firmas “low cost” (bajo costo), habrá que estar alertas contra tragedias como la que enlutaron al Chapecoense.

¿Para cuándo el milagro?
En la semana se llevó adelante el primer juicio contra la presa política Milagro Sala, acusada sin pruebas de haber organizado en 2009 un escrache contra Gerardo Morales, a la sazón senador nacional. En esa acción, de la que no participó la líder de la Tupac Amaru, Morales sufrió abucheos y el lanzamiento de huevos de gallina, que no estaban tan caros como en la actualidad pero ensuciaban igual.
En estos años hubo muchos centenares de protestas donde se arrojaron huevos contra personajes repudiados, por ejemplo Cavallo, Astiz y otros represores. En la semana se cumplieron quince años de la crisis del 19 y 20 de diciembre, del famoso “Que se vayan todos”, contra un gobierno del que Morales era vicejefe de Desarrollo Social. Esa administración se fue dejando un tendal de 39 muertos, algo sensiblemente más grave que arrojar huevos en son de protesta. Sin embargo no está el actual gobernador en el banquillo de los acusados por ese prontuario, sino como acusador, con testigos contra Sala que son empleados suyos, como “Cochinillo” Arellano.
Si bien la querella pidió ocho años de cárcel, los fiscales solicitaron 3, lo que sería una pena de ejecución condicional. La defensa de Sala, Elizabeth Gómez Alcorta y otra abogada, han desnudado en sus alegatos el armado de esta causa, las falsedades del testigo estrella de Morales y también cuestionado la celeridad del jefe del tribunal, Juárez Almaraz, en este juicio. Eso contrasta con haber postergado las causas por la represión ilegal en el Ingenio Ledesma durante la dictadura.
Si es por pruebas, argumentos y respeto a la ley, Sala debería ser liberada, lo que iría en consonancia con lo reclamado por organismos internacionales y nacionales de derechos humanos.
Si hacía falta algún elemento para probar que en Jujuy no se respeta el estado de Derecho, la represión policial contra la diputada Mayra Mendoza, a la entrada del juicio, lo puso a la vista de todos.
Si fuera por el gobernador, sus legisladores y el titular del tribunal que juzga a Sala, ésta sería condenada. Y lejos de recuperar la libertad, vendrían en rápida carrera otros juicios por delitos más graves.
Hasta ahora MM mantiene su respaldo a Morales, lo que lo descoloca en el país y ante organismos internacionales. Esto consagraría una flagrante injusticia y ha logrado un triste récord en años: una Navidad con presos políticos.
Cabría una solución intermedia, de cierto “empate”. Como que Sala sea condenada a 3 años y en consecuencia salga en libertad en los próximos días. El gobierno podría alegar que sale de Alto Comedero no porque sea inocente sino por la baja pena impuesta por una “justicia independiente”.
Aún con esas falsificaciones, si Milagro recupera su libertad, saldría fortalecido el movimiento de derechos humanos. Y el poco prestigio gubernamental en la materia tendría otro golpe al mentón. Podría abrirse al interior del gabinete una interna mucho más feroz que la que perdió Costantini con Lopetegui y Dietrich. Saltarían al ring Rogelio Frigerio y Emilio Monzó contra Alfonso Prat-Gay. El mejor equipo de los últimos 50 años revelaría que no está ni para jugar el Federal B y está mandando el país al descenso.