Argentina, un país generoso para con Macri

LA SEMANA POLITICA

Si fuera por los indicadores de la economía, Mauricio Macri no tendría ninguna chance de reelección. Como Argentina es un país generoso, e intervienen variables políticas, esa hipótesis tan negativa no puede descartarse.
SERGIO ORTIZ
Empecemos por una nota de color que tiene que ver con el título de esta Semana Política. El presidente descansa en Villa la Angostura por tres semanas, con lo que redondeará un promedio de 40 días de vacaciones anuales en su gobierno. Como éste se ha caracterizado por los ajustes contra el bienestar de la mayoría y un endeudamiento serial, ese “dolce far niente” debería ser duramente penalizado por las víctimas de la administración del holgazán.
Sin embargo, por cierto adormecimiento político, la protección mediática y las fiestas, aquella vagancia ha merecido críticas menores como cuando aparecieron las fotos duranbarbescas del veraneante comprando aceitunas en un supermercado.
Los datos de la economía son todos para el aplazo gubernamental.
Por ejemplo, la caída de la actividad 4 por ciento en octubre, completando un ciclo de diez meses para atrás que pinta un panorama recesivo para todo 2018 de más del 2 por ciento. Así hay Producto Bruto Interno que alcance, por más que la bruta propaganda del PRO pinte un panorama positivo a partir del segundo trimestre del año próximo. Esas promesas suenan a “brotes verdes” que fueron pajonales incendiados en 2017 y 2018. O al famoso “segundo semestre” que repitió las malas notas del primero…
¡Cómo será de penosa la situación de los trabajadores que los burócratas mayores de Azopardo 802 rompieron su silencio y pidieron una actualización del Salario Mínimo, Vital y Móvil!
La última vez que Jorge Triaca lo retocó por decisión unilateral fue en agosto pasado, decretando un minúsculo 25 por ciento en cuotas. Eso hará que recién en junio de 2019 el SMVM llegue a 12.500 pesos, menos de lo que cuesta hoy la mitad de la canasta básica para una familia tipo.
Y lejos de atender a esa tan amable solicitud cegetista, el ministro de la Producción, Dante Sica, ha respondido que en 2019 volverá a la carga con la reforma laboral. La visión criminal de “los de arriba” asegura que “los de abajo” ganan un salario alto, con demasiadas protecciones legales. Y que éstas deben ser desarmadas para que Argentina “tenga competitividad”. En el colmo del cinismo, Sica afirmó que la reforma irámás en beneficio de los trabajadores que de los empresarios.
El caso de Sica demuestra que los “economistas y consultoras independientes” (sic) son meras antesalas de ministerios y secretarías. Su consultora Abeceb lo llevó a ser secretario de Industria de Duhalde en 2002 y ahora ministro de la Producción de Macri. Su web hace propaganda: “Nuestros servicios se apoyan en cuatro pilares: Diagnósticos sectoriales, Estudios de mercado, Evaluación de oportunidades de inversión y Estrategias de negocio”. ¿Y quiere hacernos creer que su reforma laboral será favorable a los trabajadores? Andá…

La pesada herencia.
Uno de los precandidatos kirchneristas a la presidencia, Agustín Rossi, en declaraciones formuladas la semana pasada y en tren de diferenciarse del gobierno, aseguró que si es presidente no se la pasará denunciando “la pesada herencia”.
La demagogia electoral es mala consejera, incluso para un diputado valorable como el santafesino. El suyo es un serio error, porque la pesada herencia que Macri dejará al país, gane o pierda los comicios, hará necesario algo más que criticar por los medios esa mochila de plomo. Además de eso, para que todo el pueblo tome conciencia, habrá que tomar medidas concretas para mejorar los ingresos, atacar la inflación, la deuda externa, la concentración monopólica, el parasitismo financiero, el achicamiento del Estado y un largo etcétera.
Ajeno a esas críticas, el presidente sigue empujando al país hacia el precipicio, por ejemplo con la toma de deuda. Además de la que contrajo desde que asumió, sigue en marcha el endeudamiento por 57.000 millones de dólares con el FMI, de los que en estos días se recibieron 7.600 millones. El objetivo alegado es robustecer las reservas del Central, pero en la práctica sirven para asegurar los pagos de la deuda y la fuga de capitales.
Y como el circuito de endeudamiento exterior se viene cortando, a medida que llegó a 833 puntos el índice de riesgo país medido por el JP Morgan, entonces Cambiemos echó mano del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses. Le hicieron comprar letras del Tesoro a la Anses por 86.000 millones de pesos, suscriptas por un año, con el verso de que así el fondo de los jubilados hará un buen negocio.
Si ese endeudamiento lo hubiera decidido Cristina Kirchner habría habido una campaña feroz de desestabilización y golpismo. Si fue fácil acusarlo de sospechosa del asesinato del fiscal Nisman, suicidado, imagínense lo fácil que hubiera sido denunciar “el robo K de la plata de los abuelos”. Como lo hizo Macri, todo tiene un manto de comprensión y sordina, aún cuando los jubilados, al margen de ese pésimo “negocio”, han perdido 15 por ciento frente a la inflación, a noviembre de 2018. Eso fue por el uso de la fórmula de recálculo de actualizaciones introducida por la reforma macrista de diciembre pasado.
Aunque las cosas están a la vista de todos, los ministros insisten en echar las culpas de los aumentos de tarifas a la “pesada herencia”. Lo hizo otra vez Gustavo Dietrich, de Transporte, al informar de los aumentos del transporte (40 por ciento), gas (35), agua (44) y luz (55), que irán pegando duro pero en cuotas, como para el dolor no convierta en rabia y ésta en rebelión.
Así la pauta inflacionaria para 2019, del 23 por ciento, se convierte en otra burla del macrismo. El holgazán hace pito catalán desde Villa la Angostura y cambió a Iguacel por Lopetegui, como si así los afectados bajaran el nivel de indignación.

Pueden ser tres.
Así y todo, con tantos desastres verificados en el área económica y política, al punto de haber tenido que cambiar diez ministros y secretarios en 2018, el macrismo sueña con la reelección. Hasta ahora ese sueño no es delirio porque cuenta con dos elementos a su favor, insuficientes pero reales.
Uno es que el 30 por ciento de su núcleo duro está dispuesto a tragar sapos y volver a meter esa boleta, aunque no vuelen los globos amarillos como en 2015.
El otro es que la oposición tiene sólo una referente de mucho peso, la expresidenta CFK, pero muy limada en su imagen por los medios concentrados, las causas de Bonadío y el fuego amigo-enemigo de Miguel Pichetto y otros referentes del PJ. Esta circunstancia también puede ser explotada por MM, para lidiar con alguien que tiene mucha prensa en contra y muchos enemigos en el peronismo, sin disminuir el peso de muchos errores de Cristina como política y ex mandataria.
Macri cuenta con otra ventaja. Todo su equipo y muchos de sus votantes tienen claro y asumido que él será el candidato, aún cuando esa ventaja esté amortiguada por la cantidad de yerros cometidos y el tendal de mal heridos por el impiadoso ajuste. De todos modos, saben quién juega y para quién: los ricos, para los ricos. No hay misterio allí. Y se conoce que el plan de gobierno para el siguiente cuatrienio es básicamente el del primer mandato, posiblemente con un margen mayor de inversiones extranjeras y nacionales si lograra disipar las dudas de la reelección.
Los referentes de la oposición, en cambio, viven miserablemente en un campo fértil que ninguno de ellos sembró ni regó ni cosechó.
Nadan en un mar de posibles votos porque son reales el desencanto y críticas de buena parte de la población hacia Macri. A veces los más ingenuos de 2015 son los más indignados de hoy, en otros casos están con bronca pero guardan un silencio culposo, aunque igual podrían votar a un candidato o candidata opositora. El tema es a quién.
Hoy por hoy se dibujan dos campos en la oposición, con una tercera opción menor que puede terminar orbitando alrededor de una de las dos anteriores (radicales disconformes, socialistas santafesinos y otros, que serían socios de Sergio Massa).
Las dos variantes son conocidas. En un rincón Cristina y sus aliados de Unidad Ciudadana y parte del Partido Justicialista presidido por José L. Gioja. En el otro la “banda de los cuatro” (no se enojen, uso la expresión china respecto al grupo de la viuda de Mao en 1976), de Massa, Pichetto, Juan Schiaretti y Juan M. Urtubey.
Aunque en ambos bandos algunos integrantes admitirían una confluencia, con o sin PASO, también los hay que no quieren esa unidad, ni ebrios ni abstemios, ni dormidos ni despiertos. Por eso lo más probable es que el resultado final sean dos fórmulas diferentes de la oposición, cuando en agosto próximo se elijan los candidatos.
Esa fractura opositora le dará algo más de precario oxígeno al actual presidente, aunque no significa que automáticamente determine su victoria. Nada que ver. Hay que recordar bien lo sucedido en 2015. También allí hubo tres fuerzas, dos de ellas opositoras, que fueron por separado, y una de ellas, Cambiemos, llegó al balotaje y terminó venciendo. Esa victoria fue trágica. ¿Quién dice que en 2019 la historia no pueda repetirse como comedia, con una fuerza realmente opositora ganando en segunda vuelta?