Argentina, cada vez más lejos de Washington y Tel Aviv

EMILIO MARÍN
La participación de la presidenta argentina en la ONU profundizó el alejamiento político del país con la superpotencia y el sionismo. Es un dato importante. Claro, eso no borra los nubarrones económicos y en cierto modo los puede precipitar.
Los “fondos buitres” con nido en Wall Street y la estructura judicial estadounidense venían picoteando a la economía y política argentina, pero el desembarco de Cristina Fernández de Kirchner en Nueva York les dio una digna respuesta. No se limitó a esos factores financieros y judiciales; el sistema político estadounidense, léase la Casa Blanca, también recibió lo suyo.
La presidenta fue oradora en la 69° Asamblea General de la ONU y con antelación tuvo una reunión con Ban Ki Moon, al que pidió colaboración para poner en marcha el procedimiento jurídico sobre renegociaciones de deudas soberanas, votado por esa entidad el 9 de setiembre.
En esa ocasión 124 países respaldaron la solicitud argentina para poner a resguardo esas renegociaciones del accionar usurario de los “fondos buitres” y otros bonistas holdouts, que quedan afuera de esos convenios. CFK acusó a esos intereses de practicar el terrorismo económico contra países, equiparándolos con otras formas de violencia criminal.
Esta batalla dialéctica fue ganada ampliamente Argentina. Por razones de decoro y oportunismo no hubo presidentes, ni siquiera Barack Obama, que usaran su oratoria para justificar a Paul Singer, el capo mafia de NML Capital.
De todos modos sería engañoso pensar que sólo los 11 países que el 9/9 se opusieron a Argentina tienen una postura contraria. También entre los 41 que se abstuvieron hay aliados del capital financiero más parasitario. Y obviamente los hay al interior de los que sufragaron en el buen sentido, caso patente de Argentina, donde AFTA, la fuerza de tareas jurídica y mediática de los “buitres”, volvió a incursionar y publicar solicitadas en los medios porteños.
El cronista está satisfecho por el discurso presidencial. En la Semana Política del 21/9, titulada “Las relaciones con EE UU, otra vez en el centro de la escena”, había planteado: “sería importante que Cristina Fernández de Kirchner politice su discurso y no se limite a una crítica fácil al mal juez municipal; arriba de Griesa hay Cámaras, Corte Suprema y también están Wall Street y la administración Obama. Ellos tienen mucho que ver con el conflicto”.
La mandataria pasó luego al Consejo de Seguridad, en una sesión presidida por Obama. Y allí abogó por la paz. Cuestionó la línea de la superpotencia al decir que “si queremos realmente combatir el terrorismo, trabajemos por la paz; no se combate el terrorismo haciendo sonar los tambores de la guerra”. Deslizó que al “Estado Islámico” lo financiaban y armaban intereses muy poderosos de Occidente. Muchos lo miraron a Obama…
La oradora reivindicó su Memorándum de Entendimiento con Irán, burlándose de los que la criticaron por abrir ese canal de diálogo, siendo que David Cameron se había reunido en la ONU con el iraní Moshen Rabbani, y otro tanto el secretario de Estado John Kerry con su colega iraní. Las cúpulas de la AMIA y Daia también recibieron una crítica, lo mismo que Israel por su agresión a Gaza. El domingo anterior se escribió aquí: “sería bueno que la presidenta condenara el genocidio perpetrado por Israel en Gaza y reivindicara a Palestina, la parte oprimida de esta historia. Si Argentina pide solidaridad frente a la agresión de los “fondos buitres”, entonces corresponde dar la mano a los palestinos frente a la invasión sionista”. Y vaya si Cristina la dio.

Pequeño alivio.
La jefa de Estado dio una conferencia de prensa antes de emprender el regreso. Allí volvió a cuestionar al encargado de negocios de la embajada norteamericana, Ken Sullivan, por sus dichos a Clarín sobre el default selectivo del país. Le aconsejó que se llamara a silencio, toda vez que ese problema de pago se había suscitado por el fallo de un mal juez estadounidense.
Ni Obama ni Kerry ni la subsecretaria de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Roberta Jackson, quisieron polemizar con la argentina. Según Clarín y La Nación, con ese gesto deseaban poner a la presidenta en un tercer plano, como si no fuera importante. Si bien el conflicto no es algo de vida o muerte para Estados Unidos, tiene su relevancia, al punto que en la ONU perdieron dos votaciones: la del 9 de setiembre y otra el viernes en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. En este organismo, a moción del canciller Héctor Timerman, 33 representaciones se alinearon con Argentina y 5 con la Casa Blanca y los “fondos buitres”.
Es difícil saber si fue por esas derrotas diplomáticas y políticas, o si hubo otras razones, pero lo cierto es que ese día se supo que Thomas Griesa había autorizado al Citibank a pagar a los bonistas que viven en el extranjero pero tienen títulos en dólares emitidos por Argentina. Es por una suma menor, 5 millones de esa moneda, y el 30 de setiembre esos acreedores tendrán sus giros. Y de paso el Citibank se salvará de posibles sanciones del Banco Central y de ser desplazado como agente fiduciario, como sí le ocurrió al Banco de Nueva York (BoNY).
En cambio sigue complicada la perspectiva de que se pueda abonar al resto de los bonistas que entraron a los canjes, con quienes opera un vencimiento de intereses ese último día del mes, por 200 millones. Y además el juez pasó para el lunes la audiencia donde reclama que Argentina dé explicaciones o de lo contrario le impondría una multa de 50.000 dólares diarios por incumplir su fallo. Incluso, violentando la legislación, amenaza con declarar al país en “desacato”, una figura sólo abarcativa de personas y empresas, no de naciones.
Lo dicho, hubo un leve alivio, pero lo que hay con NML Capital, Elliott Management y Aurelius es una suerte de guerra prolongada donde la buena noticia de la semana fue que en la jungla de la ONU, Argentina logró ampliar sus bases internacionales de apoyo.

¿Delincuentes mayores?
Los robos y algunos crímenes parecen haber aumentado, o al menos esa es la impresión que le queda al televidente luego de ver una hora diaria de televisión. Los que miran más tiempo multiplican esa sensación.
Y algunos casos por ser especialmente espeluznantes, como el asesinato de la joven Melina que apareció en una bolsa en un brazo del río Reconquista, o el de una madre en Córdoba, asesinada y arrojada junto con su beba Martina a una alcantarilla, etc., tienen una honda repercusión.
Otros asuntos menores, como el robo del ahora famoso moto chorro “Conejo”, también tuvieron gran difusión luego del reportaje que le hiciera Mauro Viale. Muchos vecinos indignados fueron hasta la puerta de América para insultar al conductor e intentar agredir al delincuente, que había sido filmado por un turista extranjero.
Nadie discute que los crímenes de aquellas dos mujeres son asuntos graves, pero hay otros temas que son igualmente o más serios aún, para el conjunto de la población. Son delitos de otra índole, frente a los cuales sería bueno que hubiera una reacción masiva y democrática.
El cronista se refiere a la información que empezó a ventilarse el viernes, de que el banco británico HSBC tenía en Suiza 3.900 cuentas no declaradas de argentinos -personas y empresas- con dinero no blanqueado al fisco.
Esa última condición insinúa que se trataría de un delito de evasión, de capitales fugados y desviados como mínimo, y que potencialmente podrían -al menos en parte- originarse en otros delitos tan graves como el contrabando, el narcotráfico, etc. Serían delincuentes mayores al “Conejo”.
Según informaciones no oficiales Ricardo Echegaray (Afip) se habría reunido con la presidenta en Olivos y ambos habrían analizado el listado en cuestión.
Sería importante que sin “linchar” apresuradamente a nadie, esa nómina se ponga en conocimiento cuanto antes de la opinión pública. A priori podría haber políticos, empresarios, dueños de medios, financistas, exportadores, sindicalistas y hasta funcionarios de diversos gobiernos como titulares de esas cuentas, convenidas bajo cuerda con el HSBC.
Habrá que saber cuánto es el dinero depositado. Ese dato es clave para calcular los ingresos burlados al fisco, que con esos recursos bien podría haber solucionado problemas sociales. Y en estos tiempos de enfriamiento de la economía, más allá de los recálculos del PBI formulados por el Indec, según los cuales no habría técnicamente recesión, esa falta de recursos es más lamentable.
La condición especulativa de la banca suiza para lavar activos y fondear dólares de color blue, black e ilegal, es reconocida mundialmente. Que empresas y argentinos de mayor poder adquisitivo tienen depositados en el exterior, en plazas como ésa y en paraísos fiscales, unos 250.000 millones de dólares, también es un dato conocido.
Este caso puntual implica al HSBC, miembro del top ten de bancos, al que otras investigaciones judiciales ya acusaban de evasión y lavado de dinero, por 224 millones y 392 millones de pesos respectivamente.
¿Cuándo el gobierno sancionará a esta entidad que en estos casos opera alejada de la ley? Es un banco inglés y una justa sanción podría forzar una negociación con Londres para avanzar en la recuperación de la soberanía de las islas Malvinas.