Así no se va a cerrar la “grieta”

Las muestras de gratitud y los elogios que cosechó el Presidente de la Nación en la exposición de la Sociedad Rural reflejan cabalmente el perfil de la política económica del gobierno nacional. Ese entusiasmo que desborda el segmento más concentrado del campo contrasta drásticamente con la situación que atraviesan otros sectores económicos que no han sido atendidos con tanto esmero por el gobierno. En esas horas de gran euforia en el predio de la SRA se conocían algunos datos económicos que muestran que no todos festejan por igual.
La actividad industrial cayó un 6,4% en los últimos doce meses según el Indec, y un 8,2% según FIEL, la fundación neoliberal más cercana al macrismo. El sector más afectado fue el automotriz, que se hundió un 19,9% en el mismo lapso, seguido por la siderurgia que se retrajo un 16,2%. En tanto la construcción, otra de las actividades centrales que funcionan como termómetro de la economía, anotó una caída del 19% arrastrando a la baja la producción de cerámicos (28%), cemento (18,6%) y hierro (24,4%). También para el mundo del trabajo las noticias son pésimas: según datos oficiales, de diciembre a mayo hubo 107 mil despidos solo en la actividad privada registrada. Se estima que en el mismo período hubo unas 20 mil cesantías en el Estado y un número indeterminado, pero muy alto, en el sector informal.
Esta bonanza que hoy alegra a los más grandes productores agropecuarios está en directa relación con dos medidas clave: la devaluación del 50 por ciento y la quita (y baja en la soja) de las retenciones a las exportaciones. Ambas posibilitaron una enorme transferencia de recursos hacia un sector muy concentrado y debilitaron al Estado en su capacidad de apoyar al resto de las actividades económicas. De tal modo resultará muy difícil, por este camino, hacer realidad lo que demandó el presidente de la Sociedad Rural: “basta de grietas”; aunque inmediatamente no se privó de llamar a “desterrar el populismo”, con lo cual exhibió muy poca vocación para aportar a aquel llamamiento.
Las políticas que, por un lado, premian en exceso a unos pocos y, como contrapartida, siembran penurias entre las mayorías tornan imposible aquella pretensión. Para peor los sectores más afectados son mucho más relevantes que el campo a la hora de multiplicar beneficios en puestos de trabajo.
No está mal que el Presidente reciba felicitaciones y muestras de apoyo de una rama de la economía. El problema surge cuando son muy pocos los que pueden manifestarse así. Si el jefe de gobierno hubiera acudido a un encuentro de pequeños y medianos empresarios, o de trabajadores, o de jubilados, seguramente no habría recibido tantos aplausos. Es que la “grieta” se ha ensanchado con las medidas económicas tan asimétricas del macrismo y a despecho de sus promesas electorales. Los extraordinarios beneficios que hoy alegran a la Sociedad Rural no provienen de un aumento genuino de la producción o de nuevas inversiones. Fueron concedidos a expensas de muchos otros sectores que hoy solo suman padecimientos desde la brutal devaluación y la apertura de las importaciones, letales para la industria nacional y el nivel de empleo.