Atropello a la razón

La pretensión del gobierno nacional de que los usuarios paguen, y con retroactividad, una suerte de seguro para mantener inalterables las abultadas ganancias de las grandes empresas gasíferas excede toda capacidad de asombro. No se recuerda una medida similar en la historia reciente del país ni siquiera bajo gobiernos dictatoriales, por eso la reacción popular fue tan fuerte y obligó al macrismo a dar marcha atrás con la medida y a asumir su costo con los recursos del Estado.
De todos modos el fondo de esta sinrazón, en esencia, no cambió demasiado pues las compañías no dejarán de cobrar ese irritante privilegio que no tienen, entre otros, las Pymes o los asalariados frente a las pérdidas que provoca, directa o indirectamente, la devaluación de nuestra moneda. Los dineros del Estado que irán a parar a las cuentas bancarias de estos poderosos empresarios pertenecen a la sociedad toda, por lo tanto, por una vía un poco más larga la transferencia de recursos desde los sectores populares hacia la elite económica seguirá su curso “natural” como lo viene haciendo desde que Cambiemos llegó al gobierno.
Muy bien podría aplicarse a este caso aquel verso: “qué falta de respeto, qué atropello a la razón” que inmortalizara Discepolín en su recordado tango Cambalache. Porque es exactamente eso lo que siente la mayoría de la población argentina frente a estas políticas despiadadas que le sacan recursos a los flacos bolsillos populares para llenar todavía más las cajas fuertes de los poderosos. Las grandes empresas prestadoras de servicios públicos -muchas de ellas de capital extranjero- siempre tuvieron contratos muy favorables con el Estado. Pero desde la asunción del macrismo sus ganancias no dejaron de crecer mientras, en el otro extremo de la pirámide social, los sectores populares no dejaron de perder.
Incluso hoy que el gobierno aplica un recorte impiadoso de la inversión pública en áreas estratégicas como la salud, la educación, la ciencia, la obra pública, entre otras, las grandes compañías energéticas y gasíferas no resignan un centavo de sus extraordinarias utilidades al mantener sus tarifas dolarizadas. El presidente de la Nación salió a justificar este tremenda inequidad apelando a su conocida muletilla de que “le duele en el alma” dar estas noticias. Mucho más les duele a los sectores populares pero no en el alma sino en el bolsillo, y más todavía a partir de los desmesurados tarifazos imposibles de pagar para millones de familias.
Así funciona la lógica neoliberal, naturalizando las extremas desigualdades que separan a los ricos y poderosos de los sectores medios y bajos. Y en este escenario, el Estado, en lugar de intervenir para atenuar las diferencias económicas a fin de lograr una sociedad más equitativa, lo hace para agrandar todavía más aquella brecha. Es la razón de ser del macrismo, su marca registrada, la que nos conduce cuesta abajo hacia un país en donde una minoría podrá sentarse a la mesa a disfrutar del banquete mientras la mayoría se deberá contentar con las migas que caen al piso.