Inicio Opinion Atuel: ¿No era que faltaba el agua?

Atuel: ¿No era que faltaba el agua?

Tarde o temprano la verdad termina por imponerse, según el dicho popular. Y así lo indican los recientes informes acerca de la implementación de una nueva metodología en el manejo hidrológico del río Atuel -seccionamiento, lo denominan- que ha permitido incrementar las reservas de agua de ese curso. Esa estrategia ha conseguido, según se afirma, que las reservas aumenten en un 3 por ciento, cantidad nada desdeñable si se recuerda que un punto menos fue lo que -cuando se construyó el Nihuil- ordenó la Nación en cuanto a sueltas del río para mantener el cauce y los humedales en La Pampa, una resolución que los cuyanos nunca cumplieron.
Después de la lucha de tantos años contra las cerradas posturas mendocinas, que epilogaron en las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia reconociendo la interprovincialidad del curso y la necesidad de una reparación ambiental, había motivos como para pensar que la provincia de Mendoza no sólo acataría las resoluciones del alto tribunal sino que, hasta un acuerdo definitivo, también aceptaría compartir mínimos caudales en prueba de buena voluntad. Los hechos mostraron que aquello era una mera ilusión y que la provincia arribeña continuó apelando a su vieja táctica de postergar una definición sine die, pretextando la falta de agua para sus cultivos.
Pero ahora se conoció que el agua ahorrada en los últimos meses mediante un corte total del Atuel -que fue más que evidente en La Pampa- será destinada para la actividad turística de Semana Santa a fin de permitir la navegación por los rápidos del río. Es decir: se pudo generar una reserva para un fin programado. Claro que en el pensamiento de los «hermanos mendocinos» está absolutamente ausente la posibilidad de que esos volúmenes excedentes de agua en una época de restricciones pudieran beneficiar al territorio pampeano en lugar de direccionarse a una actividad prescindible en tiempos de magra.
Tal como se ha dicho reiteradamente sería absurdo que nuestra provincia pretendiera el perjuicio de los cultivos mendocinos, pero es irracional que un recurso jurídicamente reconocido como interprovincial sea alegremente destinado a una actividad recreativa mientras río abajo campea la sed. Las autoridades del agua de Mendoza comenzaron a aplicar la idea de «ahorrar para lo que se viene» pero dentro de ese criterio no tienen cuenta para nada los derechos y necesidades de La Pampa. En esa actitud hay también una clara desobediencia, y hasta desprecio, por los fundamentos y resoluciones de la Corte.
Tal postura es, lamentablemente, un llamado de atención para nuestra provincia coincidente con algunas voces que se levantaran desde siempre: en última instancia, más allá de las palabras, no se puede confiar en los vecinos porque van a anteponer siempre sus intereses particulares por encima de toda razón. Está visto que, con la anuencia de Nación, con quien mantiene fuertes coincidencias políticas, Mendoza persiste en una empecinada actitud individualista, ignorando toda posibilidad de compartir un recurso fluvial que la ciencia geográfica y la jurídica establecieron fehacientemente que es interprovincial. Setenta años de contumacia no dan para hacerse muchas ilusiones.