Atuel: un cambio de escenario

Los cambios operados durante el último año en la actitud de Nación y algunas provincias sobre los recursos hídricos relacionados con La Pampa han sido sorprendentes. Hasta no hace mucho tiempo resultaba impensable la participación de la provincia de Mendoza en cualquier reunión que abordara la interprovincialidad del río Atuel convocada dentro del sistema federal, como la que tuvo lugar la semana pasada. Cierto que esa concurrencia fue engañosa desde el vamos ya que el gobernador mendocino se ausentó sin aviso y prefirió enviar a su segunda, pero desprovista de mandato para tomar decisiones en una reunión de tanta relevancia y ante los auspicios de Nación. Fue tan ostensible la falta de respeto que el gobernador pampeano no se privó de recriminárselo a su colega cuyano.
Hasta no hace mucho tiempo Mendoza, a nivel oficial, negaba terminantemente la interprovincialidad del Atuel, apelando a argumentos falaces como los que acaba de hacer públicos en algunos medios nacionales el intendente de General Alvear. El jefe comunal se despachó contra nuestra provincia acusándola de no realizar obras de riego, olvidando el detalle de que hace más de medio siglo que el río no trae agua, salvo crecidas muy esporádicas. Tan extrema posición la resumió diciendo que “en General Alvear dependemos del río Atuel y tenemos que defender eso”.
Semejante nivel de irritación y necedad parece responder a dos factores promovidos por La Pampa y, al parecer, atendidos por Nación. Por un lado el pronunciamiento de las Naciones Unidas sobre el caso, reconociendo la justicia del reclamo pampeano en una declaración que seguramente no será indiferente para los jueces de la Corte Suprema que deberán fallar en la nueva demanda iniciada por el gobierno pampeano. Jurídicamente no debe resultar fácil ir contra un argumento del máximo organismo político mundial que, por lo demás, está muy bien fundamentado.
La otra razón del aparente cambio mendocino radica en que La Pampa, cansada de mentiras y desaires, se plantó con mayor firmeza, acorde con la ley y el sentido común: si el río es interprovincial debe regirse por un comité de cuenca integrado por las partes y Nación. De allí puede deducirse la súbita buena voluntad que comenzaron a manifestar figuras políticas que antes repudiaban porfiadamente cualquier paso de agua a La Pampa, aún en condiciones muy favorables para los arribeños. Claro que esta nueva actitud más conciliatoria pretende imponer como condición imprescindible que La Pampa abandone el juicio que inició por el corte del río.
Por fin, después de tantas décadas de fracasos, el gobierno provincial abandonó la postura ingenua y suplicante y avanzó sobre el terreno de los hechos no desdeñando algunos avances logrados por la Fundación Chadileuvú. Esta tarea conjunta, por encima de mezquindades políticas, sustentada en una posición firme, fundamentada, debidamente dirigida y amparada en la justicia del reclamo viene demostrando ser mucho más efectiva que cualquier negociación bilateral que se haya intentado con Mendoza, eterna especialista en trabar, enredar y dilatar todo asomo de solución al viejo conflicto.