Auge y decadencia de todo el mundo

SEÑOR DIRECTOR:
Si el título de esta nota trae algún recuerdo, señal será de una memoria que funciona bien, pues se parece al título de un libro muy leído en su momento, en el que, precisamente, se daba cuenta del ascenso, la culminación y la decadencia de “casi todo el mundo”.
Por aquel consejo de “corregir las (malas) costumbres riendo”, el autor usó la ironía y el humor para dar cuenta de lo que un poeta sintetizó en pocos versos: “Esas que fueron pompa y alegría…”, aludiendo al breve pero maravilloso esplendor de las flores. En solamente el tránsito de la mañana a la noche de un día terrenal, pasaban a ser “lástima vana, durmiendo en brazos de la noche fría”. Otro vate lo dijo de las rosas: “A florecer las rosas madrugaron /y para envejecerse florecieron…” (“tanto se aprende en término de un día”).
Estas memorias van diciendo presente a medida que uno pone sus ojos sobre las noticias de cada día. Lee acerca de las “tribus urbanas” y su esmero por hacerse notar y diferenciarse por la apariencia, cuando el motor secreto de tales afanes parece estar en la desesperada intención de aferrarse a la adolescencia, que es cuando el cuerpo florece. Pero, en tanto el florecimiento del cuerpo es solamente una estrategia para fructificar, los tribualeños (si así se puede decir de los miembros de una tribu) se desviven por demorar el fruto y si les sucede fructificar porque han omitido algún cuidado, consideran que han sido traicionados, abandonados y arrojados a las sentinas de la vida.
Leo, también, que un ex presidente, riojano por más señas, pone en venta su Rosadita, la mansión que se hizo construir (estando en el poder) en el pueblito de Anillaco (800 habitantes). Trescientos metros cuadrados cubiertos, con lujo y gusto de arquitecto de fama, con pista de aterrizaje propia. No la gozó sino brevemente, pues cuando estaba en posibilidad, debía atender las tareas de presidente y, más tarde, cuando quiso hacerla el nidito de un demorado amor, tropezó con la torva negativa del fruto de un amor anterior, a cuyo nombre había puesto la propiedad por lo que pucha pudiera suceder. Ahora el ex, que, como político astuto, ha conservado una porción de poder político (tiene banca de senador, aunque la ocupa tarde, mal y nunca), anuncia la puesta en venta de la Rosadita. La ofrece por unos 800 mil dólares. No se sabe si aparecerán compradores, aunque no faltará quien piense que puede ser usada como atractivo turístico. ¿Acaso no hay quien paga por meterse en las catacumbas o por ocupar la silla de bar donde se sentaba algún cuchillero o cantor de fama borgeana?
Los apuros de una legisladora provincial, que ha venido disparando cheques sin fondos como con uno de esos cañones o esos aviones que suelen usarse para diseminar volantes de propaganda, pueden haber sido también la consecuencia de una demorada capacidad para reconocer que “aquello no va más”, que por culpa propia o mera desgracia sin autor intencional, no hay retorno fácil a un estado o situación que se vivió como el esplendor matutino de la rosa o el júbilo de la adolescencia, olvidando que así de transitoria es la gloria del mundo.
En cambio, la sazonada experiencia de los germanos de Siemens, si bien no les sirvió para evitar la zancadilla norteamericana, les alcanza para explicar a los argentinos que sí, que erraron, pero que no lo van a hacer más y que ya tienen todo dispuesto para crearse una nueva oportunidad con las artes nobles del trabajo, la constancia y la honestidad de todo lo cual sólo un momento de extravío pudo apartarlos. De paso, su momento erróneo nos ha permitido tener por primera vez los elementos de prueba de la coima recibida por hombres del poder y de la política, que ahora no podrán zafar y nos ayudarán a esperar tiempos mejores, como sucede cada vez que la verdad esplende y cuando la justicia muestra que no es ventosidad oral.
Atentamente:
JOTAVE