Aumentan las dudas sobre la sustentabilidad del plan económico

EL GOBIERNO NO PARA DE ENDEUDARSE

Hasta los economistas ortodoxos hoy se preguntan cuál es la sustentabilidad financiera de este esquema tan
dependiente del endeudamiento externo.
EDUARDO LUCITA*
El saldo negativo creciente de la cuenta corriente de la balanza de pagos junto con otros indicadores macroeconómicos está arrojando señales preocupantes. ¿Cuál es el límite de la estrategia de financiar todo con endeudamiento?
Recientemente el presidente Mauricio Macri afirmó que los dos primeros años de su gobierno eran de transición que necesariamente debieron financiarse con endeudamiento, una suerte de explicación de por qué en estos 24 meses los desequilibrios macroeconómicos se agudizaron. Ahora, luego de los resultados electorales favorables de octubre pasado se iniciaría una nueva etapa. ¿Pero en esta nueva etapa se resolverán esos desequilibrios? ¿A qué costo social?
El amigo lector sabrá disculpar que la nota abuse de la exposición de cifras pero este columnista no encuentra otra forma de mostrar fidedignamente la magnitud de los desequilibrios en curso.

Datos duros.
Según datos oficiales en lo que va de enero a octubre de este año las exportaciones crecieron solo un 1,8 por ciento mientras que las importaciones lo hicieron 18,9, por lo que la balanza comercial dejó un saldo negativo de 6.115 millones de dólares. Según la UIA alcanzaría los 8.000 millones para fin de año (conviene recordar que en el mismo período de 2016 el saldo era positivo en 1.811 millones). Aquí hay que destacar el déficit estructural del sector industrial que nunca ha sido capaz de autoproveerse las divisas que requiere para su desenvolvimiento. En estos primeros diez mese el déficit alcanzó a 35.573 millones, estimaciones privadas dicen que cerrará el año en 35.000, solo en parte compensado por los ingresos provenientes de las exportaciones agrarias.
En el mismo período el gasto en turismo al exterior trepo a 8.300 millones de dólares y las compras para atesoramiento a 14.000 millones. En igual lapso el pago de intereses (tanto del sector público como del privado) alcanzó a 6.400 millones. A todo esto debiera sumarse el giro de dividendos, el envío de remesas y otras erogaciones menores, pero ya es suficiente para mostrar la magnitud de la salida de divisas y poner en evidencia una cuenta corriente de la balanza de pagos fuertemente deficitaria.

Fuga de capitales.
¿Cuánto ha ingresado en este mismo lapso y con qué destino? El ingreso por exportaciones fue absorbido por el déficit comercial, 26.000 millones de dólares entraron por colocación de bonos de la deuda y otros 10.100 millones por inversiones, pero de estas últimas solo el 18,8 por ciento fue destinada a inversiones productivas y el resto, 71,2 por ciento, a aprovechar las altas tasas de las letras del BCRA (Lebacs). Si se compara el ingreso obtenido por colocación de bonos con los gastos en turismo y atesoramiento, se llega a la alarmante conclusión que el nuevo endeudamiento fue en su mayor parte a financiar fuga de capitales.
Mientras tanto el déficit fiscal no se reduce, sigue en torno a los 7 puntos del PBI, y eso que este año se contó con los ingresos del blanqueo, que no volverán a repetirse. El único logro que puede anotarse el gobierno es la baja de los subsidios a los servicios públicos -que sin embargo es compensado por el alza de los intereses de la deuda- pero al costo de subir fuertemente las tarifas (electricidad y gas, en marzo nuevamente el agua, sigue pendiente el aumento en transportes que tiene fuerte impacto en los sectores populares). Pero el alza de las tarifas repercute en la tasa de inflación -para este diciembre se estima un mínimo de 2.5 por ciento, lo que redondearía un 24 por ciento anual- y eso con un tipo de cambio atrasado en más de un 20 por ciento, que opera como un ancla a la suba de precios. El esquema de metas de inflación que lleva adelante el BCRA ya puede considerarse un verdadero fracaso, no obstante su presidente ha ratificado las tasas altas por lo menos hasta marzo que viene, por lo que el consumo no se recuperará. No son pocos los analistas que pronostican para el 2018 un crecimiento del PBI de solo un 2,5 por ciento.

Deuda sobre deuda.
El déficit de cuenta corriente se financia con reservas o con deuda. Argentina tiene reservas pero no son genuinas, es decir no provienen de saldos favorables en el comercio exterior, sino que son resultado de préstamos -colocación de bonos- que en algún momento deben pagarse y son onerosas en términos de intereses. Esto coloca nuevamente la mirada sobre la deuda como fuente de financiamiento. Un reciente informe del Ministerio de Finanzas dice que en el primer semestre de este año la deuda del Estado nacional sumó 18.343 millones de dólares alcanzando así los 293.789 millones. Este monto incluye la deuda con el sector privado, con los organismos internacionales y la interestatal (Anses, BNA y BCRA) más la de los tenedores de bonos que no se presentaron al canje, si se le agrega la correspondiente por los cupones atados al PBI treparía a los 307.295.
El nuevo ciclo de endeudamiento para financiar desequilibrios macroeconómicos, incluido déficit fiscal, por su monto y velocidad ha resultado inédito. Pero esto tiene su costo, no solo por los intereses elevados o por la acumulación de vencimientos de capital e intereses en los próximos años (el 25,8 por ciento vence entre 2017 y 2018 y el 32,6 entre 2019 y 2023), sino porque el ingreso masivo de dólares tira abajo el tipo de cambio lo que deteriora aún más la competitividad internacional de los sectores exportadores.
Este ingreso masivo de divisas obliga al BCRA a comprarlas para no deteriorar aún más el tipo de cambio, para lo que debe emitir pesos, pero como esa millonada de pesos se considera causal de inflación debe sacarla del mercado para lo que emite letras que pagan altísimas tasas de interés. El stock de estas letras supera los 1,1 billones de pesos, un 11 por ciento del PBI, y es ampliamente superior a la base monetaria. Esas tasas, que difícilmente se consigan en algún país del mundo, hacen que ingresen nuevos capitales especulativos, que con un tipo de cambio atrasado, obtienen una ganancia inédita, pero nuevamente el BCRA debe cambiar esos dólares por pesos y volver a esterilizarlos con tasas más altas que abultan más el pago de intereses. Un círculo financiero perverso.

Sin sustentabilidad.
Todos estos fuertes desequilibrios están siendo financiados con deuda. La deuda pública total ya alcanza al 56 por ciento del PBI, mientras que la emitida en moneda extranjera es el 36,3 del PBI, por ahora es manejable pero ¿en qué momento los organismos financieros internacionales y los llamados “mercados voluntarios de crédito” dirán hasta aquí llegamos? ¿Cuál es la sustentabilidad financiera de este esquema fuertemente dependiente del endeudamiento externo? En un mercado mundial que si bien está muy líquido es muy frágil, especialmente la banca y cualquier movimiento no previsto puede alterar los flujos y elevar las tasas.
Estas dudas ya no son solo propiedad de quiénes, como este columnista, han estado siempre contra el sistema del endeudamiento y los pagos sin auditorías, pero ahora ya circulan entre agentes financieros locales e incluso al interior del propio gobierno.

* Integrante de EDI (Economistas de Izquierda).