Aunque cueste creerlo, S. Rosa en emergencia

Señor Director:
Nuestro diario lo ha dicho aunque no ha usado la palabra emergencia: Santa Rosa tiene problemas que ya son causa de la desesperación o el desánimo de un creciente número de vecinos.
Mirado con buena voluntad, hablaríamos de problemas de crecimiento, como se suele decir de los jóvenes que pegan el estirón y les cuesta acomodarse y encontrar los nuevos equilibrios.
Quedémonos en eso: son problemas de crecimiento, pero en este caso surge la pregunta de si esto es algo que solamente ha pasado aquí o si hay antecedentes y que lo que habría faltado es la previsión o siquiera la atención a las señales de que hay algo que requiere reemplazos o adaptaciones. O que, si hubo quien las percibiera y comunicara, hubo asimismo quien o quienes no prestaron la debida atención o repitieron eso de “Dios proveerá” o, en el peor de los casos, admitieran que el problema los excedía y se limitaron a patearlo para adelante.
Lo que hay y duele es un conjunto de efectos que parecen haberse concertado para explotar justamente ahora. Lo más notorio es el estallido de las cloacas, revelador de que no se tuvo en cuenta el proceso de envejecimiento de la primera red, pero también nos encontramos con que la freática está cada vez más arriba e inunda sótanos y fosos y compromete cimientos; que la laguna parece padecer nostalgias del tiempo en el cual era parte de lo “innombrable”, tanto porque allí iban las descargas de desperdicios como porque allí se alojaba la población más menesterosa. Y que, además, tenía como símbolo, en la calle de entrada, la presencia del prostíbulo (el quilombo, como se decía entonces). Y que ahora, desde hace unos años, tiene ese monumento a la buena inspiración y al poco aliento para concluirlo: hablo de lo que se dijo que iba a ser un centro deportivo y que permanece ahí, descerebrado (sin techo). Vale decirle monumento porque representa a la vez lo que esta ciudad ha querido ser y lo que no supo o no pudo ser.
Se dice que Santa Rosa llegó a ser capital de La Pampa porque Tomás Masson hizo un juego de manos con unas muestras de agua. Valdría la pena tener alguna certidumbre al respecto. El agua es un signo de lo pampeano, señal no propicia sino de advertencia ominosa, sobre todo si atendemos a la gran extensión territorial árida y semiárida y a la penuria del “río robado”, folletín del que podemos estar en vísperas de un mal desenlace si se confirman los compromisos que el gobernador de Mendoza habría obtenido de la presidencia de la nación.
Lo cierto es que en esta ciudad capital se hace notorio un fenómeno mundial: el de la extrema urbanización, o sea de la concentración de los habitantes en unas pocas urbes, de crecimiento constante con tendencia a lo explosivo. Y no todo lugar elegido como asentamiento humano es apto para afrontar tal desafío sin comprometer el mínimo de seguridad, tranquilidad y bienestar de la población.

Leche.
Quienes conocen el dicho humorístico según el cual “el tambo es negocio que da mucha leche”, pueden no ver su lado ocurrente porque desconocen que leche se usa en él como sinónimo de buen rendimiento y riqueza pronta.
Sin embargo, lo que se oye de los tamberos es un coro de lamentos, que va aumentando en intensidad y transformándose rápidamente en iracundia: no podrán sostener esa producción si se mantienen los precios vigentes.
Lo contradictorio es que se observa que los productos de la industria láctea se venden bien y con precios en constante alza.

Estrella.
Dio gusto leer, en Caldenia del pasado domingo, la nota con el pianista y músico Miguel Ángel Estrella, cuya vida es de suyo una novela rica en matices y que también aparece ofrecida para una de esas películas que se ven de raro en raro y que cuentan la historia de hombres notables, tanto por sus hechos como por su calidad personal.
Hechos y calidad (calidez, densidad) como persona, no siempre andan juntos.
Atentamente:
Jotavé

Compartir