Autos peligrosos que aguardan su revisión

La automotriz norteamericana General Motors -cuya marca más conocida es Chevrolet- viene conduciendo un programa intensivo de convocatoria a sus clientes -llamado “recall”- para reemplazar partes defectuosas de los vehículos que fabricó y vendió en el mercado norteamericano.
Un defecto en particular, localizado en el sistema de ignición o encendido, ha sido particularmente problemático: al inhabilitar algunas otras funciones del vehículo, como los frenos y los airbags, se considera que ha sido responsable de varios accidentes de tránsito y de al menos trece muertes. Esto ha forzado a la empresa a complementar su programa de “recalls” con un sistema de compensación a las víctimas, que se encarga de detectar posibles damnificados y de indemnizarlos rápidamente.
Según se lee en la prensa norteamericana, GM está lejos de ser la única compañía automotriz que se ve forzada a tomar estas medidas. Por estos días, una compañía japonesa llamada Takata se encuentra llevando a cabo un programa masivo de recuperación y reemplazo de millones de airbags defectuosos que fabricó, cuyo mal funcionamiento puede potencialmente causar daños letales. Y no se trata de una empresa marginal: es la proveedora de marcas tales como BMW, Ford, Honda, Mazda, Mitsubishi, Nissan, Saab y Toyota, entre otras.
A medida que los autos modernos han ido incorporando nuevas tecnologías -tales como la inyección electrónica, los frenos asistidos, las medidas de seguridad como airbags y otros dispositivos, todos conectados a una o varias computadoras a bordo- las posibilidades de defectos de fabricación parecen haberse multiplicado.
A la luz de estos hechos, cabe preguntarse cómo es posible que en la prensa argentina este tipo de problemática esté casi ausente. Aún cuando es notorio que los usuarios suelen tener dificultades con los vehículos que adquieren, y que se han producido campañas de revisión locales en marcas como Toyota, la cuestión no aparece en los titulares nacionales, sino sólo en la sección publicidad. “Recall” es una expresión inglesa que, en todo sentido, parece no tener una buena traducción al castellano.
Difícilmente este fenómeno se deba a que los standards de fabricación de vehículos para el mercado argentino sean más altos que los de EEUU, o que las autoridades locales sean más efectivas en el control a los fabricantes o en la protección de los consumidores.
No hay que olvidar, a todo esto, que incluso durante los aciagos años noventa, la industria automotriz mantuvo su rol privilegiado en materia de subsidios y estímulos oficiales.
No es un secreto para nadie que nuestro país ostenta cifras altísimas de muertes derivadas de accidentes de tránsito. Sin embargo, casi invariablemente se atribuyen éstos al error humano, cuando no al deficiente estado de las rutas, o a la carencia de medios de transporte alternativo como el tren.
La mera exposición de estos datos ciertos, que constituye información fácilmente accesible, lleva a preguntarse si no sería hora de que las autoridades públicas -tanto a nivel nacional, como provincial y municipal- se involucraran en estudiar la incidencia de los defectos de fabricación automotriz en los siniestros viales.
Sólo con comenzar a investigar cuántos vehículos circulan en el país con airbags de la marca Takata, se producirían, a no dudarlo, descubrimientos sorprendentes.
Y acaso esta importante industria, largamente favorecida por beneficios fiscales, se vería en la necesidad de reconocer su rol en la proliferación de estrellas amarillas pintadas en los caminos argentinos.