Avanza lentamente una tercera intifada en territorio palestino

LA PRESION SOBRE UN PUEBLO

Las autoridades israelíes han puesto en marcha una serie de proyectos, que han generado la lógica indignación
palestina como la instalación de retenes policiales en un centro sagrado para el mundo musulmán.
Pablo Jofré Leal*
¿Cuál es el límite de paciencia de un pueblo? ¿Cuánto más puede soportar una sociedad la humillación diaria contra su dignidad, la violación de sus sitios sagrados, la contumacia criminal de un gobierno como el israelí, que desprecia cualquier posibilidad de llegar a acuerdos? ¿Cuánto más la comunidad internacional seguirá siendo cómplice de los crímenes israelíes contra la población palestina en los territorios ocupados?
Estas interrogantes pueden ser planteadas cotidianamente, al leer las noticias, cuando los medios transmiten la acción represiva del Ejército israelí contra los fieles musulmanes que acuden a la Explanada de las Mezquitas en Al Quds, en específico las profanaciones cometidas por las autoridades, civiles y militares israelíes en la Mezquita de Al Aqsa. En las últimas semanas, Tel Aviv y su política de acoso contra el pueblo palestino ha generado la lógica respuesta de este, registrándose manifestaciones, protestas y choques entre jóvenes palestinos (principalmente) y las fuerzas militares israelíes resultando muerto uno de ellos en la ciudad de Al-Jalil (Hebrón) y el incendio de una mezquita cerca de Ramalá, en la Cisjordania ocupada a manos de colonos judíos.
En concreto, las autoridades israelíes han puesto en marcha una serie de proyectos, que han generado la lógica indignación palestina: la instalación de cuatro retenes policiales en el entorno de Al Aqsa, centro sagrado para el mundo musulmán, el montaje de medio millar de cámaras de vigilancia y la serie de excavaciones que están realizando en la Mezquita Al Aqsa, con el pretexto de encontrar restos arqueológicos judíos, que den sustento a la teoría que tendrían derechos históricos sobre esos terrenos.

Derechos violados.
Nos planteamos igualmente las preguntas consignadas, al enterarnos de los frecuentes atropellos a los derechos palestinos en los cientos de check point que los militares israelíes tienen en los territorios ocupados. En los guettos creados contra la población palestina a través de la construcción y ampliación del Muro de la Vergüenza, que a través de 700 kilómetros divide los territorios palestinos, destruye aldeas, arranca olivos centenarios y viola los derechos de cientos de miles de sus habitantes. También, al constatar que las autoridades de Tel Aviv autorizan nuevos asentamientos de colonos judíos en terrenos, que pertenecen al pueblo palestino, a contrapelo de todas las resoluciones de los organismos internacionales, que han declarado lo ilegal de esos asentamientos y las políticas de colonización hebreas.
Las medidas israelíes han querido ser justificadas a la luz de ciertas acciones de respuesta de palestinos, que han significado la muerte -en los últimos días- de dos israelíes y dos heridos en operaciones lanzadas en Cisjordania. Ante esos hechos el Movimiento de Resistencia Islámica Palestina (Hamas) señaló que dichos ataques se producen “en los territorios ocupados en represalia por las políticas racistas de Israel contra el pueblo palestino y sus lugares sagrados. Son una respuesta natural a las violaciones y profanaciones de los soldados y colonos israelíes contra la Mezquita Al-Aqsa en Al-Quds (Jerusalén)”.
Las alertas por la violencia ejercida por el régimen israelí contra los palestinos, no sólo ha sido advertida por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) el gobierno de Gaza encabezado por Hamas, el gobierno iraní, Erdogan en Turquía, intelectuales de la talla de Noam Chomsky, gobiernos como el sueco entre otros, sino también por el propio secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Ban Ki Moon quien expresó, mediante un comunicado público su profunda preocupación por la violencia ejercida por Israel contra los palestinos, tanto en Cisjordania, Gaza y en Al Quds, que aleja toda posibilidad de paz. El alto funcionario internacional advirtió que “el aumento de la violencia y las muertes en los últimos días en Israel y Cisjordania conduce a más desconfianza y como consecuencia hace más distante la promesa de la paz entre palestinos e israelíes”.

Una constante agresión.
Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina ha denunciado, por su parte, que con esta políticas de agresión constante a los lugares sagrados del mundo musulmán, las acciones discriminatorias respecto a permitir o no el ingreso a la Explanada de las Mezquitas a árabes y fieles musulmanes, dividir los tiempos de oración que se ejecuten en el área entre musulmanes y judíos, las profanaciones cometidas contra la Mezquita Al Aqsa “pretenden desencadenar una guerra religiosa en la región de Israel. Con estos actos Israel dirige la zona y el mundo a una devastadora guerra religiosa. El pueblo palestino ante esa política de agresión defenderá la mezquita de los colonos y el extremismo”.
Ese levantamiento palestino se hará incluso si las diferencias entre Hamas y la ANP se agudizan, como ha sucedido en los últimos días pues la rabia y la indignación acumulada busca su salida. Tras la agresión a Gaza, se han incrementado ciertas diferencias entre ambos movimientos, tras las acusaciones de Abbas a Hamas respecto a la responsabilidad de militantes de ese movimiento en algunas explosiones contra bienes y sedes de Al Fatah en Gaza, Hamas negó esas acusaciones contraatacando con duras críticas a la ANP y en especial a Abbas por considerar que no se ha preocupado lo suficiente del proceso de reconstrucción de la Franja de Gaza.
Khalil al Hayyah, miembro del buró político de Hamas, acusó a Abbas, a Israel y a la agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos por interrumpir y retrasar el proceso de reconstrucción en Gaza. Al Hayyah señaló que “Abbas es un nuevo faraón que no acepta asociarse con nadie. Abbas envió sus delegaciones a los países donantes, que se comprometieron a brindar donaciones para la Franja de Gaza, y les exige que paguen parte de sus donaciones al presupuesto de su autoridad”, acusó el dirigente de Hamas, dando luces sobre las diferencias entre este movimiento y la ANP, que suelen retrasar la mirada de unidad contra el enemigo común: la ocupación israelí.

Un estallido en puerta.
Como prueba de ese sentimiento de rabia, indignación y de necesidad de salir a exigir los derechos violados, que se incumba en la población palestina, el Movimiento de la Yihad Islámica Palestina aseguró, a través de su portavoz, Yusef al-Hasayna que “debido a las políticas violatorias del régimen de Israel, sin duda se iniciará la Tercera Intifada del pueblo palestino contra el régimen sionista y nadie podrá detener esta corriente. Este nuevo levantamiento popular, estallará en el corazón de la ciudad de Al-Quds y se extenderá por toda Palestina para recuperar los territorios ocupados y reivindicar los derechos de los palestinos. Los distintos movimientos palestinos deben mantenerse unidos para así designar un líder que diría la Intifada desde Al Quds”. Hamas ha denunciado que desde la ocupación de Al-Quds, en 1967, el régimen de Israel sigue violando esta mezquita santa, haciendo caso omiso a todas las resoluciones internacionales al respecto.
Remontarse a los orígenes de lo que fue la segunda Intifada, denominada justamente Al Aqsa, nos permite dar cuenta del valor que el pueblo palestino le asigna a la Explanada de las Mezquitas y sus recintos sagrados. Ello alude a una de las tantas claves del conflicto que enfrenta al pueblo palestino contra el régimen israelí: la defensa de los lugares santos y la consideración de Jerusalén (Al Quds) como capital histórica para Palestina y que Israel también ha tomado como una reivindicación no negociable. Ello inhibe cualquier posibilidad de avance y los actos allí ejecutados generan repercusiones insospechadas. Por ejemplo, la compra de casas y terrenos palestinos por parte de israelíes, que aprovechando resquicios legales y mecanismos de engaños han ocupado zonas de Jerusalén Este, de mayoría palestina. Jerusalén, reclamada por todos los gobiernos de Israel como “capital eterna, única e indivisible” tiene un valor religioso esencial para el mundo árabe, como también nacional, pues la ocupación de la ciudad en el año 1948 implicó el inicio de la lucha palestina.
Si Jerusalén representa un problema, la Explanada de las Mezquitas y sus templos de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca constituyen el epicentro del problema. La provocativa visita a la Explanada, del entonces líder de la oposición del gobierno de Ehud Barak y posterior primer ministro, Ariel Sharon (fallecido en enero de 2014) en septiembre del año 2000 previo a las elecciones que le dieron el triunfo a ese Halcón y en pleno proceso de discusión sobre el futuro de Jerusalén en las conversaciones de Camp Davis, para reivindicarla en nombre del judaísmo, demuestra la tesis del polvorín y agitó las aguas del conflicto convirtiéndose en un catalizador de la revuelta palestina conocida como Segunda Intifada o Intifada Al Aqsa. Hoy, trece años después, se ha vuelto a advertir que las provocaciones israelíes, las medidas de control para los creyentes musulmanes, el cerco militar, las excavaciones y la profanación cotidiana de sus recintos son la antesala de una nueva rebelión.
A pesar de las protestas internacionales, de la constatación de los crímenes contra la humanidad del gobierno israelí, a pesar de comprobarse la estrategia sangrienta de un régimen que quiere acabar con la población palestina en su propio remake de un holocausto de todo un pueblo, Israel sigue violando los derechos humanos de la población palestina. A pocos meses del fin de la agresión militar contra Gaza, esa agresión sigue cotidianamente, de baja intensidad pero constante, humillante, punzando la dignidad de la sociedad palestina, provocando, tratando de generar el estallido de los jóvenes palestinos, que día a día se ven constreñidos en sus derechos, en sus anhelos y la posibilidad de acceder a una vida mejor.

*Periodista. Rebelión