“Balas que pican cerca” de Temer, diría en su relato Víctor Hugo

EN BRASIL LOS ESCANDALOS DE CORRUPCION NO CESAN

El presidente usurpador de Brasil, Michel Temer, entró por la ventana y difícilmente se vaya por la puerta grande del Planalto. Está acorralado por denuncias de corrupción sobre él, funcionarios y aliados. ¡Y pensar que a Dilma la echaron sin robarse ni un real!
EMILIO MARIN
Temer fue dos veces vicepresidente de Rousseff, como dirigente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, aliado del Partido de los Trabajadores. Pero a fines de 2015 él y PMDB se abrieron de aquella alianza y se pasaron a la oposición de derecha, básicamente el Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), en un conglomerado digitado por la red O’Globo y otros medios de comunicación concentrados.
Tras un desgastante juicio político o impeachment, Rousseff fue destituida bajo cargos formales de cambiar de destinos partidas presupuestarias, modalidad empleada por muchos presidentes y gobernadores. Como eso se dio en el escándalo de corrupción conocido como “Lava Jato”, de coimas pagadas a políticos por empresarios que ganaban obra pública y contratos, por ejemplo con Petrobras, la pobre Dilma quedó escrachada como si hubiera cometido algún delito de esa índole. El suyo fue un linchamiento político a cargo de la derecha, en un golpe institucional de los llamados “golpes blandos”.
Y el 31 de agosto de 2016 el mediocre Temer juró como presidente, en principio hasta completar el mandato el 31 de enero de 2019. Pero no era ningún coloso y tenía, eso sí, pies de barro. De movida nomás renunciaron varios de sus ministros con cargos de corrupción, en tanto su gran aliado en el golpe, Eduardo Cunha, ex presidente de Diputados, ya estaba preso por el “Lava Jato”.
Con ese equipo de 28 ministros, todos ricos, blancos y hombres, sin ninguna mujer ni persona de color, el usurpador llegó hasta mayo de 2017. Hoy muchos analistas coinciden en que podría terminar renunciando o bien probando la misma medicina del impeachment, eso sí, con fundadas razones para alejarlo del Planalto a diferencia de lo sucedido con la mujer presidenta que él traicionó.
Lo paradójico es que esta crisis terminal del gobierno fue detonada por una denuncia de la misma red O’Globo que antes lo había favorecido. El 17 de mayo esa cadena (des) informativa destapó audios donde Joesley Batista, dueño del mayor frigorífico del mundo, JBS, dialogaba con Temer, quien le recomendaba seguir pagando coimas al detenido Cunha para asegurarse su silencio. Ese audio había sido grabado subrepticiamente por el empresario en marzo pasado en la residencia oficial de Temer, el palacio de Jaburu, donde moran los vicepresidentes. Es el lugar preferido por quien ascendió tan irregularmente de rango; no le gusta el Palacio de la Alvorada, presidencial. ¿Será que le teme a duendes petistas que morarían allí, tras dos períodos de Lula da Silva y otros dos de Dilma?

Lodo, sangre y corrupción.
Se podrá especular sobre las razones por las que O’Globo hizo lo que hizo, descartando un arrepentimiento democrático de su jugada golpista contra la mandataria constitucional. ¿Posibilidades? Algún negocio que Temer entregó a alguna competencia o cotizó más caro que el mercado. O una de cal y otra de arena para no quedar tan descolocado para el caso que Lula gane las elecciones venideras. O simplemente la idea que Temer estaba en la lona y era mejor despacharlo con un golpe propio antes que dejar la primicia para otros. Lo cierto es que el apuntado quedó pésimamente mal de cara en Brasil y a los ojos del mundo, vista su débil defensa de que los audios estaban “editados” sin negar su autenticidad.
Tras esa “delación premiada”, admitida legalmente en la Justicia del vecino país, el empresario delator Joesley Batista y su hermano Wesley pudieron irse a Estados Unidos, en un privilegio harto discutible. Una cosa es recibir alguna rebaja de pena por aportar pruebas de escándalos de corrupción y pagar multas -siempre un pálido reflejo de lo que se apropiaron indebidamente- y otra cosa son premios tan exagerados como el de los hermanos Batista.
Este grupo dedicado al mercado cárnico es dueño en Argentina desde 2005 del Swift Armour, el mayor del país, con cuatro plantas además de la de Rosario. Cuenta con marcas como Swift, Cabaña Las Lilas, Friboi, Maturatta, Pilgrims, Gold Kist Farms, Pierce y 1855, porque además del procesado de carnes bovina, porcina, ovina y de pollo, vende productos de higiene y limpieza, colágeno, embalajes metálicos, biodiésel, etc.
En 2015 compró por 715 millones de dólares a Alpargatas de Brasil, dueña del cien por ciento de Alpargatas de Argentina. Si para otras fábricas del sector se trata de un negocio que hoy declina por la introducción de producción extranjera, quizás para JBS siga dando resultados por ser trasnacional.
Este es el monopolio que afirma haber pagado a Temer 1,5 millones de dólares entre 2010 y 2017. Batista señaló que parte de esos recursos fueron maquillados como donaciones legales de campaña y otros fueron dados al asesor de imagen pública del mandatario, Elsinho Mouco.
Otros pagos de la compañía fueron entregados a otro funcionario ligado al presidente, en un maletín que tenía un chip para el seguimiento y los billetes marcados. Los políticos fueron tomados con las manos en la masa, o sea contando plata.
Las investigaciones judiciales, con los datos aportados por estas fuentes, también parecen haberle arruinado la carrera política al ex titular del PSDB y candidato presidencial de 2014, senador Aecio Neves, que ha sido apartado en el Senado.
Las confesiones de Batista son lapidarias sobre la ética suya, pero también sobre la clase política brasileña. Ricardo Saud, director de Relaciones Institucionales del holding, admitió ante el Ministerio Público Fiscal que habían coimeado a 28 partidos y 1.829 políticos. En 2014 en Brasil habían aportado 154 millones de dólares para campañas de gobernadores, diputados y senadores, a fin de conseguir contratos y negocios en caso que fueran elegidos.
Si a esta historia del frigorífico se le añade el caso mayor de la constructora Odebrecht, que pagó coimas en 12 países latinoamericanos, incluyendo 35 millones de dólares a funcionarios argentinos del anterior gobierno y del actual, hay tentación de agregarle una pincelada a la clásica definición de Carlos Marx sobre el capitalismo. El alemán dijo que ese sistema injusto nace “rezumando lodo y sangre por todos sus poros”. Exacto. Quizás se podría añadir, “y corrupción”.

Dos salidas posibles.
Temer pende de un hilo delgado que no puede sostenerlo mucho más tiempo, desgastado como está al contar con sólo 9 por ciento de imagen positiva. “Son balas que pican cerca”, diría el relator Víctor Hugo. Quizás su arma defensiva sea la amenaza de delación a aliados, a los que podría arrastrar en su caída. El PSDB mantuvo en sus cargos a los cuatro ministros que le pertenecen, en vez de hacerlos renunciar. Sí dieron el portazo los ministros Roberto Freire, del Partido Popular Socialista, y Bruno Araújo, del PSDB. Otros cavilan la decisión, oportunistas, con un ojo puesto en los avances de la Justicia y otro en las calles, donde comienzan las movilizaciones reclamando la renuncia del coimero.
Como Brasil viene de dos años de caída del producto bruto interno, Temer argumenta que su salida sería una debacle para la economía. Su receta, con el neoliberal ministro de Hacienda Henrique Meirelles, es profundizar el ajuste con una reforma laboral y flexibilización, que el Senado debe revisar, y una reforma previsional que está demorada en Diputados. Ambas en sintonía fina con el gran empresariado paulista y los organismos financieros internacionales.
Todo indica que Temer va a caer, aunque haya repetido enfáticamente “No renunciaré”. Una salida sería que asuma como presidente interino el actual titular de Diputados, el derechista Rodrigo Maia, del partido Demócratas (DEM). Este sería un parche hasta los comicios de octubre del año próximo, lo que se vuelve en contra de tal opción: la crisis es tan grave que requiere un gobierno votado por el electorado y no por cúpulas desprestigiadas.
La segunda alternativa es que el Congreso apruebe una modificación legal que permita elecciones directas, hoy vedadas por el sistema de elección indirecta. “Directas Ya!” es la consigna que suena en actos como el del domingo en San Pablo, con 20.000 personas.
El espectro derechista y del centro, del PMDB, PSDB, DEM y otros grupos, con su tutor mayor O’Globo, que vivió su momento de gloria con la destitución de Dilma, no quiere saber nada con cambiar las reglas de juego y que el presidente se elija por voto directo. No son pruritos legales ni formales: para el Brasil envilecido por Odebrecht, JBS, Camargo Correa, OAS y otros pulpos, lo mejor es que los arreglos políticos los hagan los tucanos y demás legisladores de precios conocidos.
Sobre todo cuando, según las encuestas, del voto directo puede resultar elegido Lula (PT), a quien O’Globo también quiso ensuciar, diciendo que había cuentas bancarias en EE.UU. a su nombre y de Dilma (luego debió rectificar: eran de Batista). El metalúrgico está de nuevo en campaña, fortalecido por sus logros de antes, pero sobre todo por las barbaridades en que incurrieron los golpistas tan alabados por Mauricio Macri en octubre pasado, cuando recibió a Temer y dijo: “con Brasil está tudo bem, tudo joia y tudo legal”.