Barrendero, billetera y el tema de la honradez

Señor Director:
Me motiva la noticia de Eduardo Castex que da cuenta que un joven barrendero municipal halló una cartera con 10 mil pesos (y pico) y la devolvió a su dueño.
¿Es un hecho corriente o excepcional? Ignoro si se lleva alguna forma de estadística al respecto, de modo que no cuento con la proporción entre los casos de devolución y no devolución. Esa estadística es difícil. Si damos por no devueltos los casos en que una denuncia de extravío queda sin respuesta positiva, probablemente cometemos un error. Aparte de casos de falsa denuncia, también se puede dar que un dinero u otro objeto de valor extraviados aparezcan más tarde en la casa o lugares que frecuentó el denunciante. O puede suceder que realmente hayan sido extraviados y permanezcan ocultos por un tiempo indefinido o se conviertan en criaturas del viento, del fuego o de los basurales…
Tiendo a dar por supuesto que son mayoría las personas que devuelven lo que encuentran ocasionalmente. Me digo que si la proporción fuese inversa estaríamos en problemas. Si el número de honestos fuese menor que el de los no lo son, estaríamos en problemas… que el mundo anda porque se da esta proporción y no la inversa. Ya el estar en un mundo donde hay deshonestos en cierta proporción, hace que el vivir sea desagradable e inquietante. Una mayoría de convivientes en los que no se puede confiar, significaría vivir en estado de alerta y con voluntad de buscar ambientes más confiables. De este modo razonar infiero que la cantidad de personas confiables es sensiblemente mayor que las otras. Después de este tipo de razonamiento puede uno entrar a preguntarse si hay una medida de confiabilidad en las personas: por ejemplo, que devuelvan cien pesos, pero no siempre hagan lo mismo con mil. Estaríamos ante una honestidad condicionada por la cantidad y también tendríamos que hacernos cargo de un problema. ¿Qué pasa si el que devolvió un valor extraviado lo hizo porque temía haber sido visto o que le pudiesen haber tendido una trampa? ¿Puede alguien desistir del impulso malo (no devolver) porque teme entrar en un laberinto de problemas que le quite la poca o mucha tranquilidad de que disfruta?
Supongo que este tipo de razonamientos es el que llevó a decir que “si quieres ser feliz como tú dices /no analises, humano, no analises”.
En el caso de Castex y por el relato del joven barrendero, sabemos que tenía motivos para pensar que el dinero era del camionero, a quien acababa de ver pasar con varias cosas en sus manos y por eso fue directamente hacia él y le entregó la billetera.
Hay otro dato significativo. El joven barrendero de notoria condición modesta es también bombero voluntario. Esta referencia incorpora un elemento de juicio que cambia el planteo y deja de proponer una especulación acerca de si fue un impulso honesto el que lo motivó a devolver lo hallado. Si, además de barrendero municipal, trabajo que no figura entre los mejor remunerados, es bombero voluntario, es porque estamos ante una persona que entiende que su relación con los otros no es de recelo ni asechanza. No piensa que el vivir sea asumir un estado de guerra en que el otro sea visualizado como enemigo que busca nuestro daño y que debemos tratar de anticipar. Es un hombre honesto que ve a los otros como iguales, incluso en el infortunio, y tiene disposición para dar una mano a fin de que la existencia sea más tolerable para todos.
¿Un hombre bueno? Eureka!, diría Diógenes el can, aquel extraño sujeto que dejaba su tonel y recorría las calles de Atenas con su farol en pleno día. Buscaba un “hombre bueno” y sabía que, si bien debía existir, no se deja ver por todos. El mal es notorio, el bien es discreto.
Supongo que el camionero preparó un buen asado para el joven barrendero, pues éste dice que fue invitado a compartirlo. ¿Qué más se debe esperar del acto realmente bueno como no sea el nacimiento de una relación de amistad o camaradería?
Atentamente:
JOTAVE