Beijing de fiesta en el 70° aniversario de victoria sobre Japón

CHINA DERROTO EN 1945 A JAPON Y APORTO A LA PAZ MUNDIAL

El 3 de septiembre de 1945 los mandos japoneses capitularon en China, a la que habían invadido en 1931. Al cumplirse 70 años de esa fecha histórica, en la capital china se realizó gran conmemoración nacional e internacional.
EMILIO MARÍN
China fue noticia por una leve devaluación del yuan Renminbi y las especulaciones sobre un crecimiento menor a las “tasas chinas” a las que había acostumbrado al mundo. En 2014 su Producto Bruto creció 7,4 por ciento y en 2015 lo hará al 7 por ciento, objetivos envidiables por muchos gobiernos e inversionistas que expresaron su “grave preocupación” por esas novedades financieras asiáticas.
Esta semana los centros mundiales del poder manejado por Washington optaron por silenciar una gran noticia política, incluso militar, llegada desde la plaza Tiananmen y la avenida de la Paz Celestial de la capital china. Es que el jueves 3 el gobierno de Xi Jinping festejó el 70 aniversario de la victoria sobre el invasor japonés, producida en 1945, el mismo año de la victoria de los países aliados, sobre todo con el aporte de la URSS, sobre el nazi-fascismo, en la II Guerra Mundial.
El acto y desfile contó con la presencia de presidentes y jefes de gobierno de 23 países, y del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Como era de esperar, ni Barack Obama ni Angela Merkel ni el primer ministro japonés Shinzo Abe estuvieron en la tribuna cerca del anfitrión. Brillaron por su ausencia, dejando esos lugares a buenos amigos de China, como el ruso Vladimir Putin, el venezolano Nicolás Maduro y otros.
La conmemoración sirvió para agrupar a mandatarios que tienen acuerdos políticos y económicos, también en materia de defensa, y que ven al mundo de hoy con ojos multipolares, por más que los ojos chinos sean rasgados.
Sobre todo la alianza ruso-china se puso nuevamente a la vista de todos. En el marco de esas celebraciones hubo reuniones entre Xi y Putin, donde evaluaron profundizar los acuerdos económicos y de inversión en lo que se llama la Franja Económica de la Ruta de la Seda, un propuesta por Beijing, y la Unión Económica Eurasiática, que es una iniciativa de Moscú.
Lo dicho y visto el 3 de setiembre en China viene bien a nivel histórico internacional para poner de relieve una gran verdad: al imperialismo japonés lo derrotaron ante todo el VIII Ejército y el nuevo Cuarto Cuerpo de Ejército, ambos dirigidos por los comunistas y Mao Zedong. Del mismo modo, los actos y desfiles en Moscú el 9 de mayo pasado resaltaron que a la Alemania nazi la hicieron hocicar principalmente los soldados del Ejército Rojo y el mariscal José Stalin. Esos fueron los respectivos arietes decisivos, sin negar el aporte menor del Kuomintang en un caso y de los aliados y el “Día D” en el otro.

Fierros nuevos.
Antes que empezara el desfile, desde la tribuna de Tiananmen, el mandatario chino evocó aquella victoria histórica, reivindicó a su pueblo y tropas, pero al mismo tiempo aseguró que su país siempre buscará la paz. “Nosotros, los chinos, amamos la paz. No importa lo fuertes que nos convirtamos, nunca buscaremos hegemonía o expansión”, dijo Xi en su breve mensaje.
El respaldo a los dueños de casa era muy significativo por los presidentes presentes, pero también porque era la primera vez que el desfile militar contaba con participación de mil efectivos de Bielorrusia, Cuba, Egipto, Kazajistán, Kirguistán, México, Mongolia, Pakistán, Serbia, Tayikistán y Rusia. Delegaciones de Afganistán, Camboya, Fiyi, Laos, Vanuatu y Venezuela también marcharon en la revista, en grupos de 75 efectivos.
Semejante despliegue, inédito, significa que el Ejército Popular de Liberación no está aislado ni mal visto por otros ejércitos del mundo; tiene amigos y aliados como la mayoría de los mencionados.
Los otros militares que desfilaron eran por supuesto chinos, 12.000 efectivos del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía. Sus hombres y mujeres marcharon a pie o en camiones, tanques, helicópteros y aviones, mostrando su armamento flamante, todo fabricado en el país. El 84 por ciento de esos pertrechos era mostrado por primera vez al público, viéndose tanques, misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos antibuques Dongfeng-21D y bombarderos de medio-largo alcance.
Semejante demostración de fuerza no debe haber sido casual. Es de esperar que los militaristas norteamericanos y de la OTAN, e incluso los antiguos agresores de Japón, haya tomado nota de que este país socialista no es el atrasado y gobernado por la camarilla pro norteamericana del general Chiang Kai-shek, del Kuomintang, que ellos invadieron en septiembre de 1931 y julio de1937.
De todos modos, actualmente en el EPL no todas son buenas noticias. El militar Guo Boxiong, ex vicepresidente de la Comisión Militar Central, fue expulsado del PCCh por infracciones a la disciplina y aceptar sobornos. Así lo publicó días atrás el Diario del Pueblo, órgano de difusión del Partido Comunista de China (PCCh).

Fuerza importante
El EPL es el mayor ejército del mundo, con 2.3 millones de efectivos, de ellos 850.000 del arma de tierra. El presidente Xi anunció un recorte de 300.000 efectivos desde aquí al año 2017, que de todas maneras no será ningún desarme. La reforma busca suprimir burocracia y privilegiar sectores y dependencias más necesarias para asegurar la soberanía de un país que se precia de no andar invadiendo otras naciones por el planeta. El Pentágono y la OTAN con asiento en Bruselas no pueden decir lo mismo.
Esa reforma parece inspirada en una de las máximas de Mao de 1942, en la época de la resistencia antijaponesa: “menos y mejores tropas y una administración más eficiente”.
Si los chinos han llegado a forjar un país tan avanzado, con una economía que disputa el podio internacional y una fuerza armada a la altura de las circunstancias, eso tiene que ver con que nunca se rindieron ante la invasión japonesa.
A partir de 1931 el imperio nipón ocupó la Manchuria y cuatro provincias del noreste (Heilongjiang, Hebei, Jilin y Shandong). Allí se cometieron crímenes de guerra y genocidio, además de practicar una política de humillación nacional y el saqueo de millones de toneladas de carbón.
Unos 35 millones de chinos (civiles y militares) fueron muertos y heridos, un tercio de las bajas totales de los países intervinientes en la II Guerra Mundial, como lo recordó Damy Vales, de Prensa Latina. Las pérdidas financieras directas que sufrió China totalizaron más de 100.000 millones de dólares y las indirectas fueron 500.000 millones.
Si los japoneses pudieron hacer semejante cosa fue porque en ese momento gobernaba Chiang Kai-shek, quien cuatro años atrás había roto la alianza con el Partido Comunista y se dedicaba a hacerles la guerra en las ciudades y zonas rurales buscando exterminarlos. Eso fue aprovechado por los invasores. Mao trabajó intensamente para formar un Frente Unido Antijaponés y sus fuerzas, al principio débiles, fueron las que opusieron resistencia, munidas con la teoría de la Guerra Prolongada. Esta doctrina fue mejor elaborada y tuvo ese nombre en 1938, en las conferencias que dio en base de apoyo de Yenán. Enfrentaba a los colaboracionistas del Kuomintang que no querían luchar contra los japoneses, y también a los erróneos planteos de que se podía vencer a las tropas de Tokio en un abrir y cerrar de ojos.
Con esa justa estrategia de Frente Único Antijaponés y línea de una guerra prolongada, el ejército rojo pudo aumentar de 40.000 hombres a un millón, y asestar los mayores golpes al ejército invasor. De ese modo no sólo ganaba en bases, confianza, reclutamiento, armas y experiencia, sino -sobre todo- logró el apoyo mayoritario de los campesinos, trabajadores, intelectuales y burguesía nacional.

Gran aporte.
Japón pudo ser derrotado. Alrededor de un millón de soldados japoneses, dos terceras partes del total de sus efectivos, fueron contenidas por los luchadores de China. Allí fueron abatidos 1.5 millón de soldados nipones, equivalentes al 70 por ciento del total de sus bajas en la II Guerra Mundial.
Al salvarse a sí mismos, los chinos, su PCCh y sus ejércitos, también hicieron una gran contribución a la victoria de la humanidad contra el Tercer Reich. Es que sobre la base de saber que a sus espaldas el enemigo japonés estaba empantanado y centrado en China, la dirección soviética pudo sacar a más de medio millón de soldados suyos que custodiaban el Lejano Oriente, donde acechaba Japón, y volcarlos a su frente occidental, para enfrentar la invasión alemana comenzada en junio de 1941.
Ese pasado y presente chino es digno de admiración para muchos, pero no para Estados Unidos, que prepara sanciones económicas contra empresas y dirigentes chinos bajo el pretexto de ataques cibernéticos de los cuales responsabiliza a Beijing.
El director de la Escuela de Estudios Orientales Superior de Economía de Rusia, Alexéi Máslow, aseguró que “no hay ninguna evidencia legible que responsabilice a China de los ataques tipo hackers” contra EE UU. Las sanciones son parte de la estrategia norteamericana para contener al gigante asiático y mantener su liderazgo tecnológico. Los bandos enfrentados en Pearl Harbour se unen contra China que, con estos 70 años, más sus otros 5.000 años de historia, no tiembla de miedo ni se rinde.