Beneficio inmediato, dudas a largo plazo

Las declaraciones a este diario del ministro de Hacienda pampeano permitieron conocer cómo fueron las arduas negociaciones que se llevaron a cabo con el gobierno nacional a fin de salvar al sistema previsional de la “armonización”, un eufemismo que implica, lisa y llanamente, rebajar el nivel de las jubilaciones provinciales.
Finalmente Nación admitió la deuda, que databa del año 2016, abonará las diferencias y continuará con su pagos -al menos eso se espera en el Centro Cívico- lo cual fue destacado por el responsable de la economía provincial como un “acuerdo histórico”. Justificó esa calificación porque significa un reconocimiento del gobierno central al sistema jubilatorio pampeano y sienta jurisprudencia, lo cual redundará en una tarea menos pesada para las negociaciones que deban afrontar las próximas administraciones.
El cuento tuvo un final feliz, sin embargo los argentinos sabemos muy bien que el nuestro es un país signado por la falta de previsibilidad, sobre todo en el largo plazo. Por no hablar de la nueva incursión del FMI imponiendo y monitoreando la política económica nacional. Esto último es un trago amargo que el macrismo le está imponiendo a la sociedad argentina que nunca pensó que volvería a “caer” en las garras del gendarme de las finanzas globales que los poderosos acreedores armaron para que defienda sus intereses a sangre y fuego. Que lo digan los griegos, si no.
Pero hay otras aristas que también son dignas de mención. En la discusión del Presupuesto 2019 en el Congreso Nacional los diputados justicialistas pampeanos cambiaron su rechazo original, como lo habían planteado públicamente, por la abstención. La explicación de los legisladores descansó en el pragmatismo: dijeron que su voto no modificaba el resultado final en el recinto y que, a cambio, lograron que Nación abandonara su reticencia a reconocer la deuda previsional con nuestra provincia y a dejar de insistir con la armonización. El ministro de Hacienda festejaría luego el resultado final de esa jugada que, nadie puede negar, benefició a los jubilados pampeanos.
Lo que desnuda este hecho es la crudeza con que hoy se plantea el vínculo Nación-provincias que, como todos saben, está signado por la asimetría en el poder de fuego de ambas partes. No es nada nuevo; desde el siglo XIX el puerto y el interior trajinaron diferencias que llegaron a los enfrentamientos armados.
Es decepcionante que, con otros medios, hoy continúa el alto nivel de confrontación. Al gobierno kirchnerista lo castigaba el periodismo porteño acusándolo de utilizar el “látigo y la billetera” con las provincias. El macrismo no hizo otra cosa que profundizar ese método, incrementando el nivel de presión que ejerce sobre los gobernadores, aunque goza del silencio de la prensa adicta y a pesar de que llegó a la Casa Rosada con la promesa de “unir a los argentinos”.
La duda que deja esta experiencia es si el canje por beneficios inmediatos no está hipotecando el país en el mediano y largo plazo, al no oponerse las provincias a políticas nacionales muy nocivas para las mayorías. El ajuste extremo que impone el Presupuesto 2019 en áreas vitales no hace más que convalidar esas inquietudes.