Bolsonaro anuncia cambios que preocupan

LA POLITICA ECONOMICA QUE SE PREPARA EN BRASIL

Las declaraciones de Bolsonaro y su futuro ministro de Economía encendieron las alarmas. Preanuncian cambios que pueden afectar, y no para bien, a la Argentina.
EDUARDO LUCITA
No bien asuma el nuevo presidente de Brasil viajará a Chile, Estados Unidos e Israel dejando de lado la tradicional visita a su principal aliado regional que es (¿era?) nuestro país. Paralelamente el próximo ministro de economía declaró que el Mercosur no será prioritario.
Brasil tiene un PBI de 2,04 billones de dólares y un déficit fiscal primario de 6,7%. Reservas por 380.000 millones, una deuda pública (mayoritariamente interna) que llega al 75% del PBI con bajas tasas de interés, poca inflación y un superávit comercial de unos 70.000 millones. Es el principal exportador de carne del mundo y la cosecha de soja este año superaría a la de EE.UU. La industria manufacturera aporta un 13% del PBI y en los últimos años acusa fuertes pérdidas de competitividad internacional.

Primeras impresiones.
Una primera lectura permite inferir que el nuevo gobierno se inclinaría por las relaciones bilaterales en lo comercial -siguiendo el ejemplo de Chile- y que el Mercosur será cuando menos reformulado siguiendo la lógica de Donald Trump y el Nafta. La visita a Israel es un guiño a las iglesias evangélicas que tienen muy buena relación con ese Estado.
Un segundo aspecto es que el demorado acuerdo del mercado común con la Unión Europea, en el que tanto énfasis puso el gobierno Macri, quedaría una vez más postergado. Por último el presidente Trump señaló estar dispuesto a “trabajar de forma más cercana en materia comercial y militar” con el nuevo presidente en lo que se prefigura como una alianza estratégica con EE.UU.
Puede inferirse entonces que Brasil se encamina a recuperar su rol central de la región frente a EE.UU., rol que había dejado vacante por su larga crisis política-institucional y que Macri había soñado con ocupar. Así lo entiende el analista Federico Uriburo que en LPO afirmó: “Estados Unidos lo designará como el regional manager para conducir Latinoamérica. Eso nos coloca en una situación de inferioridad y nos convierte en el patio trasero de Brasil”. Si bien hay muchos dichos contradictorios algunos trascendidos permiten entrever los lineamientos generales de la política del nuevo gobierno.

Shock y apertura.
El próximo ministro de economía se ha planteado llevar a cero el déficit fiscal en 2019. Para esto reducirá fuerte el gasto público, especialmente apunta a la previsión social y espera que el actual presidente, Michel Temer, logre avances en el Congreso. También concentrará las diversas áreas del Estado, abriendo el sector estatal a la inversión privada y pide flexibilizar aún más la legislación laboral.
Las privatizaciones aparecen como prioritarias, especialmente la petrolera Petrobras. Como los militares presentaron objeciones y aspiran a dirigirla el plan sería reservar para el Estado las actividades centrales y privatizar las periféricas (transporte y refinación). Con los recursos que se obtendrían recomprarían deuda pública, mayoritariamente interna, cuyas carga de intereses es muy fuerte en el presupuesto.
La apertura de la explotación petrolera marítima, que aporta más de la mitad de la producción del país, es otro de los objetivos centrales. Se eliminaría el condicionante “contenido local” para incentivar las inversiones extranjeras (se espera que la producción suba en 2019 de 2 a 2,4 millones de barriles/día). Otro tanto se haría con las obras públicas referidas a infraestructura (por la crisis institucional hay miles de obras paralizadas) que se abrirían a la inversión privada, tanto local como del exterior.

Bilateralismo.
El nuevo presidente parece estar inclinado a firmar acuerdos bilaterales de comercio, para esto es necesario reformar jurídicamente el Mercosur. Este es el sentido de las declaraciones del futuro ministro de economía, que buscaría flexibilizar el mercado común, algo que es compartido por los socios menores, Uruguay y Paraguay, que lo reclaman desde hace tiempo.
Lo que está en juego es la eliminación del “arancel externo común” cuya existencia es protectora de las industrias locales y obliga a que todo acuerdo comercial con terceros países tenga que ser firmado de conjunto por los integrantes del bloque.
Todo genera dudas, si el ajuste es tan fuerte como se propone puede inducir la economía nuevamente a la recesión, justo ahora que está saliendo (1% en 2017 se espera 1,1 para 2018) luego de la caída en el trienio anterior (-9,3% en 2014/2016), lo que perjudicaría seriamente a Argentina. Nuestra economía está expectante del crecimiento de la brasileña, de eso depende la recuperación de las exportaciones automotrices y alimenticias, y gran parte de la remontada o no de la crisis en el año electoral.

Nada será sencillo.
La reforma previsional es resistida por los militares y las élites que son los grandes beneficiarios que usufructúan un régimen de privilegio. La apertura indiscriminada al capital extranjero en áreas estratégicas no condice con la tradición nacionalista de los militares. La flexibilización del Mercosur es rechazada por la Confederación Nacional de la Industria, que ha alertado que el beneficiario directo será China “que ya se está quedando con el mercado brasileño de América Latina”. La reforma afectaría seriamente a la industria automotriz de los dos países. No es un tema menor si Itamaraty se sumará sin objeciones a modificar la tradicional política exterior de Brasil.
Como sabemos, de los dichos a los hechos hay un trecho y, como se dice desde siempre ,”en la cancha se ven los pingos”. Habrá que esperar para ver el andar del bolsonarismo. De todas formas el futuro no es muy complaciente.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).