Botón de muestra

En el grotesco caso de las conexiones cloacales del barrio Butaló se puede sintetizar el panorama general que pinta la decadencia de la ciudad de Santa Rosa. En ese solo ejemplo se encuentran, resumidas, todas las taras que a lo largo de los últimos años confluyeron para llegar al calamitoso estado que hoy padecen los habitantes de esta capital provincial.
Se licita una obra cloacal; una empresa gana y la lleva a cabo; a los dos años surge una duda insólita y se arma un debate no menos insólito: no se sabe si la empresa realizó o no todas las conexiones domiciliarias al conducto central; en el colmo de la desorganización los planos de la obra desaparecieron de la municipalidad; la empresa se defiende diciendo que las conexiones se realizaron con algunas excepciones; el debate sigue con intervención del intendente, concejales y representantes de la empresa, cada cual atendiendo su juego. A nadie se le ocurrió destapar varias conexiones para verificar su existencia en forma probabilística, porque es más fácil hablar que hacer.
Toda obra pública debe contar indefectiblemente con una inspección a cargo del Estado. Sobran los antecedentes en nuestra provincia de gravísimos problemas ocasionados por la falta de idoneidad -o de honestidad- en la realización de esta tarea. Todavía nadie ha mostrado a los vecinos ningún informe sobre este trámite clave en esta y en cualquier otra obra pública.
Semejante desaguisado viene a sumar otra mancha más al tigre de la gestión anterior que, como no podía ser de otra manera, revienta en las manos de la actual. Pero, al igual que ese cuento de la buena pipa en que hoy se han convertido los ATN que nunca llegan de Buenos Aires para atender las urgencias de la ciudad, este sainete se demora innecesariamente con declaraciones cruzadas, desencuentros incomprensibles entre funcionarios y empresarios y otros pasos de baile exasperantes sin que se advierta una clara decisión de ir inmediatamente hasta el hueso del problema y solucionarlo de una buena vez.
La anterior gestión fue un fracaso sin vueltas; pero la actual, si no se decide a cambiar su dinámica y a privilegiar los actos por sobre los discursos, va en la misma dirección.

Compartir