Buenas noticias para el intendente

Tres buenas noticias llegaron en las últimas horas a la estremecida capital pampeana. La Subsecretaría de Trabajo intervino en el conflicto con el gremio de los municipales y dictó la conciliación obligatoria; en la Administración Provincial del Agua se licitó la provisión de medidores para reemplazar las viejas y obsoletas conexiones domiciliarias del servicio de agua potable en un sector de Villa Tomás Mason; y en Toay el Concejo Deliberante está avanzando en la concreción de un proyecto muy sensible que también involucra a esta capital, una nueva vía de comunicación entre ambas localidades para aliviar ese trayecto de altísimo riesgo que es hoy la avenida Perón.
Una cuarta buena noticia podría añadirse: el respaldo político que le llegó al intendente desde el Comité Capital de la UCR que salió en su defensa y fustigó al gobierno provincial por “discriminar” a Santa Rosa y escatimar el auxilio económico prometido luego de conocerse de millonarias partidas destinadas a otras localidades para obras mucho menos urgentes que las que requiere la capital provincial.
Hoy no están fáciles las cosas para el jefe comunal santarroseño porque la ciudad se encuentra sacudida por una infinidad de problemas y algunos de gran envergadura. Muchos de ellos son producto de las falencias colosales que dejó como herencia la administración anterior. Pero lo cierto es que, en virtud de su escaso tacto político, el actual intendente aumentó innecesariamente el volumen de algunos de esos problemas a causa de sus ímpetus y sus dificultades para controlar sus expresiones. En la política no se puede subestimar el valor de la palabra, y el intendente está pagando un precio muy alto por no atender esa premisa básica. Y es tan evidente este problema que, insólitamente, los mejores consejos que ha recibido le han llegado de sectores ajenos a su fuerza política. Entre ellos estuvo el presidente de la CPE quien le advirtió con un irónico latinismo que evitara los “flatus vocis”, es decir, las palabras excesivamente ruidosas que no aportan soluciones sino más problemas.
Ahora es de desear que estas auspiciosas novedades para la ciudad lleven tranquilidad a las crispadas autoridades municipales que se han empantanado en enfrentamientos con elevados, e innecesarios, niveles de conflictividad. La conciliación obligatoria significará un respiro para las autoridades de la comuna, aunque también para el gremio de los municipales que se embarcó en una medida de fuerza con un arranque desmedido que únicamente podía llevarlo a una encerrona y a un desgaste de la reivindicación.
El intendente tiene ante sí la oportunidad de demostrar que está a la altura del arduo desafío que le tocó asumir. No es poca cosa; no se recuerda una crisis parecida en la historia reciente de la ciudad con la confluencia de tantas y tan graves dificultades. Pero si no modifica la forma de abordarlas en lugar de contribuir a su superación va a multiplicar sus efectos negativos con perjuicio para su propio capital político y para el bienestar de los santarroseños.

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