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Buscar coincidencias

I. Por estos días se conmemoró el 70º aniversario del decreto presidencial que en 1949 derogó el cobro de aranceles en las universidades públicas implantando en los hechos la educación superior gratuita en nuestro país. La fecha no pasó desapercibida en las casas de altos estudios en donde mereció actos y homenajes.
Pero esta recordación que enaltece a la universidad argentina y la destaca entre sus pares de casi todo el mundo sería incompleta si, paralelamente, no se habla de otro hito en la materia: la Reforma Universitaria de 1918 que abrió las puertas a la autonomía y al cogobierno con participación de los estudiantes.
Ese primer paso fue dado bajo el gobierno de Hipólito Irigoyen y el segundo bajo el de Juan Domingo Perón. Ambos acontecimientos tuvieron repercusión internacional y fueron tomados como bandera de lucha por estudiantes universitarios de muchos países, incluso de la admirada Europa. En las movilizaciones del recordado Mayo Francés de 1968, la universidad argentina pública, autónoma y gratuita era tomada como referencia y bandera de lucha por los jóvenes de ese país.

II. Quizás hoy resulte oportuno hablar de esta cuestión en momentos en que los argentinos atraviesan un duro trance político y económico. Los cuatro años de la experiencia neoliberal macrista dejan un país devastado con un crecimiento pavoroso de la pobreza, del desempleo, del cierre de industrias y, como frutilla del postre, una deuda externa colosal que condiciona severamente los planes de recuperación.
A esas calamidades económicas se suma un escenario político regional muy preocupante. El golpe de Estado en Bolivia que derribó por la fuerza a Evo Morales instaló un gobierno dictatorial que ya provocó más de treinta muertos y centenares de heridos por la durísima represión policial y militar. En tanto en el vecino Uruguay, el Frente Amplio perdería la elección con una coalición conservadora terminando con quince años de gobiernos progresistas. Estos cambios dejan al nuevo gobierno argentino, que asumirá el 10 de diciembre, rodeado de países gobernados por fuerzas de derecha, todas ellas muy obedientes a los mandatos de Washington.
Recordar en estas horas difíciles las grandes coincidencias que, en líneas generales, expresan la tradición política radical y peronista debería mover a la reflexión en momentos en que la restauración conservadora viene acumulando fuerzas en el vecindario sudamericano y parece envalentonar incluso a algunas expresiones autóctonas.

III. Un conocido dirigente radical dijo tiempo atrás que la disyuntiva política radicalismo-peronismo debería ser superada en estos tiempos de avance conservador. Esa advertencia no fue escuchada por la dirigencia de la UCR que decidió encolumnarse con el partido de la derecha empresaria de neto corte neoliberal: el macrismo. Hoy el radicalismo está sufriendo las consecuencias, que no son tan distintas a las que padeció el peronismo cuando fue cooptado por su versión menemista en los noventa y lo llevó a conducir la segunda experiencia neoliberal en nuestro país.
Este ejercicio de memoria es conveniente para mostrar que nadie puede arrojar la primera piedra en materia de reproches recíprocos. Y para enfatizar en la necesidad de que las fuerzas que se reivindican populares deberían encontrar caminos de coincidencias mínimos a fin de defender los intereses de los sectores mayoritarios hoy tan vulnerables a causa de este avance a paso redoblado de las banderas conservadoras.
Este recuerdo de la Reforma de 1918 y del decreto de 1949 pretende obrar como un disparador de un debate quizás pendiente en estos días oscuros. Si ambos espacios políticos lograran coincidir en la reivindicación de sus logros más perdurables y dejar de lado los enconos -exacerbados por una prensa tan reaccionaria como insidiosa- el fortalecimiento de las opciones populares tendría un cimiento más sólido desde donde afianzarse en estos tiempos tan poco propicios para los intereses de las mayorías.