“Caer” en la escuela pública que explota

La explosión en una escuela pública de la provincia de Buenos Aires que se llevó la vida de la vicedirectora y un auxiliar conmovió al mundo de la educación mucho más que a las estructuras gubernamentales. Al día siguiente del estallido el presidente de la Nación y la gobernadora de esa jurisdicción estuvieron presentes en un acto en Quilmes y no mencionaron el hecho. Ni siquiera para enviar sus condolencias a los familiares de las víctimas.
La única reacción oficial estuvo a cargo del titular del ministerio y fue para deslindar responsabilidades, pedir que “no se politice la situación” y negar conocimiento sobre denuncias relativas a deficiencias en la infraestructura escolar.
Muy poco frente a la gravedad de lo sucedido. Sobre todo porque tanto desde la comunidad educativa de la escuela como desde los gremios docentes se habían elevado reiterados reclamos al ministerio exponiendo el estado deficiente de la instalación de gas. El director de la escuela, varias maestras y muchos padres de alumnos confirmaron la realización de esas presentaciones.
Hace solamente un mes el Frente de Unidad Docente Bonaerense que nuclea a seis sindicatos presentó una carpeta con el detalle de los problemas de la red de gas de la Escuela 49 de Moreno -en donde tuvo lugar la explosión- y de otros 46 establecimientos educativos. Todavía más, pocos días antes del estallido varios docentes habían sentido fuerte olor a gas y pusieron en conocimiento de la situación a las autoridades escolares.
Ayer una nutrida manifestación tuvo lugar en La Plata para expresar su repudio a la inacción oficial y volver a insistir en la necesidad imperiosa de atender los reclamos que hace mucho tiempo vienen formulando directivos, docentes, padres y representantes gremiales. En tanto, varios vecinos se manifestaron frente a la sede del Consejo Escolar de Moreno con el mismo propósito.
Hace apenas un mes y medio se divulgó una conversación telefónica del titular de la Dirección de Infraestructura Escolar bonaerense mientras ordenaba a una subalterna “tirar para arriba” los precios e “inventar los presupuestos” de una licitación de obras de construcción de cocinas. El mismo funcionario fue reiteradamente denunciado por persecución a referentes gremiales. Ante el escándalo la gobernadora de la provincia solo lo apartó temporalmente y no lo removió del cargo.
Los recortes presupuestarios y el ahogo de la educación pública ya son una política de Estado del macrismo. Aquella penosa frase presidencial acerca de lo que implica “caer” en el sistema público adquiere hoy una significación especial. Si bien el aspecto más visible -a causa de las masivas movilizaciones- es el deterioro salarial y la negativa del gobierno bonaerense a abrir las paritarias docentes, está lejos de ser el único. Esta explosión que le costó la vida a dos personas en una escuela viene a confirmar que el deterioro de la educación en la provincia vecina es un proceso generalizado.
El macrismo está propiciando el achique del Estado sin importar las consecuencias. El severo ajuste que ahora impone el FMI no hace más que acelerar este proceso de degradación. De ahí la falta de respuestas ante esta tragedia.