Cambió la forma de distribuir la “torta”

La participación de los trabajadores en el total del PBI retrocederá este año del 51,2 al 48,5 por ciento. Eso significa que de toda la riqueza generada en el país, el conjunto de los asalariados recibirá una cantidad sustancialmente inferior. Como lo que pierde uno de la “torta” lo gana otro, los ingresos que dejarán de recibir los trabajadores cambiarán de mano y pasarán a engordar los bolsillos de aquellos actores económicos beneficiados con las políticas del macrismo: los mayores productores agropecuarios, las empresas exportadoras, los bancos, las mineras y las compañías gasíferas entre otros pocos pero muy poderosos ganadores.
El dato fue aportado por el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET) que depende del Centro de Innovación de los Trabajadores (Citra) y la Universidad Metropolitana del Trabajo (UMET). El estudio revela una enorme transferencia de la riqueza de los trabajadores a las grandes empresas en un tiempo muy corto. Este acelerado proceso se vio en otras oportunidades en la historia reciente del país en coincidencia con abruptos cambios políticos y económicos (aunque de diversa índole): en 1956, 1976, 1990 y 2001 se vivieron circunstancias similares que determinaron la pérdida a gran escala de los ingresos asalariados que se trasladaron hacia la elite económica. Esas fechas traen recuerdos funestos para los sectores populares porque en ellas, coincidentemente, vieron caer abruptamente el poder adquisitivo de sus salarios y los derechos laborales.
¿Es esta otra de las “pesadas herencias” del kirchnerismo que el macrismo vino a “solucionar” con su gobierno de gerentes de las grandes compañías nacionales y extranjeras? A esta altura no cabe duda de que es así. Las declaraciones de altos funcionarios y dirigentes son muy ilustrativas. Algunos hablaron de “mentira”, otros de que “le hicieron creer a un empleado que podía tener vacaciones, comprar un celular o un plasma”, no faltaron los que hablaron de “derroche populista”. La lista es interminable pero bastan estos pocos ejemplos para reconocer el basamento ideológico que sustenta la enorme transferencia de riqueza desde los trabajadores a los grandes empresarios. Es la restauración conservadora que vino a “poner las cosas en su lugar”. La clase más poderosa no podía permitir que continuara otro gobierno “populista” que redistribuyera la riqueza, que incluyera a los sectores más desprotegidos, que fortaleciera el mercado interno con el consumo popular. El triunfo en las urnas de la derecha empresaria, por primera vez en la historia argentina, permitió interrumpir aquella “mentira populista” para volver a “sincerar la economía”.
Estos números contundentes que muestran cómo se empezó a modificar la distribución de la riqueza nacional -con pérdida para los asalariados y, como contracara, ganancia para los grandes empresarios- es la mejor síntesis para revelar la identidad ideológica del gobierno. Sin embargo, lo que provoca mayor desazón es el hecho de que esa alianza conservadora llegó a la Casa Rosada con el apoyo de partidos de raíz popular como el radicalismo y buena parte del peronismo.

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