Campañas masivas y bien costosas

Las campañas electorales son cada vez más sofisticadas. No por el nivel comunicacional, ya que los mensajes han ido perdiendo contenido e ideas que han sido desplazados por la primacía de la imagen, sino en la cuestión tecnológica. De esta manera, con la profesionalización de la política, se ha perdido la cuestión artesanal para incursionar en otras formas de impulsar y promocionar a los candidatos de cada fuerza. Los mensajes proselitistas, bajo esta impronta, no solo quedan estampados en las paredes y espacios públicos, sino que ingresan en la privacidad de cada casa. A las pintadas, afiches y volantes del proselitismo tradicional, ahora se han sumado los mensajes vía Internet, con publicidades en páginas web y redes sociales, o los llamados telefónicos de los postulantes pidiendo el respaldo del votante.
En 2013, ese estilo de campaña masiva e invasiva fue utilizada, no por primera vez pero sí de manera amplificada, por el postulante a diputado nacional del PRO. Solo había que ingresar a la web para ver su rostro y escuchar su voz. Ahora esta metodología es usada en la provincia por los precandidatos a gobernador del PJ.
La publicidad electoral, además, este año ha crecido cualitativa y cuantitativamente. Por ejemplo, el postulante a la gobernación por el oficialismo provincial ha llevado al extremo ese proselitismo para posicionarse frente a su contendiente, más reconocido por la población y con ventaja en las encuestas. Grandes carteleras en las calles, pantallas gigantes, promotoras, afiches que son colocados diariamente, campaña intensiva en la web, publicidades en medios audiovisuales y radiales. Todo lo que conlleva gastos importantes, ya que además ha sido realizado con mucha antelación a los comicios. Es que, si bien una campaña por Internet parezca gratis, no lo es. El uso de la tecnología, si bien parece abaratar costos frente a lo impreso, éste no es mucho menor. Las reproducciones de los spots en Youtube se cobran por unidad y tener “colgada” la publicidad en cuanta página web consulte el usuario es una inversión importante. En su momento, un especialista en marketing político había calculado unos 300 mil pesos por semana solamente por la utilización de este último tipo de propaganda.
Hay dos cuestiones anexas a lo costoso que es afrontar una campaña política y al gasto actual. Por un lado, que solamente la puede encarar, a esa escala, el oficialismo provincial o candidatos promovidos desde lo nacional, como ocurrió con el PRO. El resto de las fuerzas tienen que conformarse con hacer un proselitismo mucho más sobrio en cuanto a costos y usar más la creatividad para llegar a los votantes que los pesos. Cabe preguntarse, además, de dónde salen esos millones de pesos que se gastan durante estos meses.
Pero también dan una dimensión de los valores que se manejan en la política, ya que el justicialismo provincial tendrá que realizar una triple campaña, primero para la interna de julio, luego para las PASO nacionales de agosto y, finalmente, para la general de octubre. Millones de pesos que se moverán detrás de los candidatos que aspiran a ocupar un cargo público.