Candidatos que vienen y van, y el posible debut de Máximo

LA SEMANA POLITICA

Emilio Marín – A esta altura del año, y al margen de los plazos legales, el país está metido en plena campaña electoral. Hasta ahora la derecha sigue dividida. El oficialismo, sonríe por eso, y jugaría por primera vez la carta de Máximo.
Los candidatos de la oposición no tienen casi cosas buenas para presentar a su fragmentado electorado. No pueden ocultar que sus diferencias son tan profundas que no les permitieron anotar alianzas. Sólo les resta, de acá al 20 de junio, poner los candidatos de varios en la lista de una agrupación, que haría las veces de cauce común, pero esta hipótesis es una posibilidad cada vez más remota.
Entre Mauricio Macri y Sergio Massa puede haber aún pocos mediadores que mantengan prendida esa ilusión de confluencia de las dos mayores vertientes de la oposición. Entre los dos referentes, en cambio, en estas semanas no sólo se pudo apreciar falta de diálogo y nulas perspectivas de unidad; también el silencio gélido y hasta el desprecio del primero hacia el segundo.
Y en esa sintonía, o falta de ella, menudearon las mejicaneadas o robos de candidatos. Como el PRO es hasta ahora el que lleva las de ganar en esa guerra no declarada, la fuga de dirigentes de pocas convicciones y muchas ansias de protagonismo y negocios fueron desde el conurbano hacia la jefatura de gobierno porteño. El éxodo fue desde la periferia al centro, como ocurre de lunes a viernes con la mayoría de la gente. Claro que esos políticos inescrupulosos no siguen una rutina laboral sino que huelen dónde está el poder o al menos la cercanía para tratar de arrimarse al mismo.
El marketing electoral ha tratado de adecentar y limarle los colmillos a Macri. Supuestamente lo presenta como un cambio para vivir mejor, en un país más republicano. Sin embargo, los 40 millones de argentinos están viendo cómo maltrata a un potencial aliado opositor como Massa. No ha querido abrirle ni siquiera un cachito el juego político. Lo ha intimado a una rendición incondicional, avergonzándolo delante de su gente y el país, con todas las cámaras de los medios encendidas.
La inevitable reflexión de mucha gente puede ser: si Macri destrata así a un dirigente importante de la oposición, que en 2013 tuvo más de 4 millones de votos, ¿cómo nos va a tratar a nosotros si es presidente? La certeza de un brutal ajuste neoliberal sobrevuela esas reflexiones, por más que Jaime Durán Barba escriba libretos demagógicos, ponga música e infle muchos globos amarillos.

Massa, idiota útil.
El ex intendente de Tigre develó su decisión política de continuar en campaña el miércoles de esta semana, en una teatral intervención de stand-up en el Museo del Teatro de aquella localidad. Al final de sus palabras y bien al estilo norteamericano donde abreva este asiduo visitante de la embajada norteamericana, llegó el pico con su esposa Malena y una rápida partida, abrazados, sin aceptar preguntas del periodismo.
Massa fue abandonado por muchos de los barones del conurbano que dos años antes había podido aglutinar para su victoria legislativa. Así de cambiante y casquivana es la política argentina. Uno de los últimos en partir fue el intendente de San Martín, Gabriel Katopodis, a quien los massistas esperaron en vano el lunes a la noche en un hotel de zona norte. El tránsfuga se fotografió al día siguiente con Wado de Pedro en la Casa Rosada, certificando su vuelta al Frente para la Victoria.
Se verificó otra vez la verdad de los dichos del Viejo Vizcacha, del Martín Fierro: “Hasta la hacienda baguala cae al jagüel con la seca”. En rigor Katopodis y demás tránsfugas no son ningunos baguales sino animales domesticados. Ahora creen que comerán y beberán mejor en el jagüel oficialista…
Una de las dudas que tenía Massa para decidir si seguía en carrera era la financiación de su campaña presidencial. Se supo que un grupo de empresarios le ratificó que pondrá unos 40 millones de pesos para seguir lubricándola. Eso habría sido decisivo en la resolución dada a conocer el miércoles a la noche, de seguir.
Como quedó dicho, Macri le ha arruinado la vida política a Massa, al menos hasta ahora. Entre sus asesores intentan un acuerdo de último momento para ensamblar candidatos comunes en una lista bonaerense; eso es dificultoso, pero no se puede descartar por completo. La articulación en una fórmula presidencial entre ambos, eso sí ha muerto.
Y en ese marco, que el candidato del Frente Renovador mantenga su candidatura -competirá con el cordobés De la Sota en las PASO de UNA- implica hacer un último servicio a su verdugo del PRO. Es que no hace falta ser un lince para visualizar que si Massa se bajara, el grueso de sus votantes podría ser recapturado por Daniel Scioli o Florencio Randazzo, sobre todo el primero. Y de ese modo se podría producir un triunfo en primera vuelta del FPV. En suma, Massa no se bajó y así le dio una mano a Macri. Que no se ofenda si alguien piensa que es un idiota útil, no remunerado, del macrismo.

¿Macri 2019?
Por la forma tan poco unitaria como Macri manejó las relaciones con el massismo, aparentemente aconsejado por el gurú ecuatoriano, desplazado el jefe de campaña Emilio Monzó, se podría suponer que el PRO no está pensando tanto en ganar en 2015. Quizás esté aguardado su oportunidad para 2019 o antes si el gobierno de Scioli o Randazzo se desplomara bajo el peso de algunas crisis.
Es que normalmente quien piensa en ganar el gobierno y mucho más si su objetivo es el poder político -algo más importante aún porque supone lo primero pero varios otros resortes más-, debe pensar en sumar aliados y fuerzas que lo acompañen el intento. Lo del jefe de gobierno porteño parece copiarse parcialmente de una pésima estratega como Elisa Carrió. Al menos en dos aspectos: agraviar al peronismo como el “malo de la película” y culpable de un país populista subdesarrollado, según esa visión altamente gorila. Y el segundo mal que Carrió parece haberle pegado a su socio mayor, es el de sembrar divisiones y puteríos en cada fuerza emergente que integra. La ruptura que se viene produciendo entre el PRO y el Frente Renovador parece salido de la lengua incontinente de esa mujer que alguna vez fue chaqueña y linda.
El “círculo rojo” del poder económico aconsejaba otra cosa: que la derecha se uniera para enfrentar al kirchnerismo. Esa fue la prédica de Clarín, Techint y la UIA, entre otros. Algunos, como el pulpo siderúrgico, es parte del “círculo rojo” mundial, el grupo Bilderger, que ayer reunió en Austria a 150 millonarios y estrategas políticos para debatir sus estrategias de dominación internacional. Al delegado de Techint posiblemente le pregunten por qué no pudieron unir a Macri y Massa. No es seguro que tenga una respuesta. Podrá argüir que Argentina es un país difícil y que el peronismo todavía conserva algo del “hecho maldito del país burgués”, como sentenció el bien argentino John William Cooke.

El debut.
Ese “círculo rojo”, o al menos algunos de sus integrantes locales, siempre tuvo un “plan B” de apoyar a Scioli como mal menor. En noviembre de 2012 lo planteó abiertamente el presidente del directorio de “La Nación”, Bartolomé Mitre, en un reportaje con la derechista revista Veja de Brasil: “En 2015, cuando termina su segundo mandato Cristina, yo no sé lo que va a suceder. Su sucesor debe ser otro peronista actual, un poco más abierto, más centrista. No veo otra opción”. Por supuesto, Bartolo estaba pensando en el gobernador de Buenos Aires, con quien tiene muy buena relación toda vez que éste financia y auspicia la muestra Expoagro, propiedad de su diario y Clarín.
Cada vez más dirigentes peronistas se van pronunciando a favor de Scioli, desde gobernadores que ganaron sus distritos, como Juan M. Urtubey, hasta candidatos que presumiblemente perderán hoy, como Julio Perotti en Santa Fe.
Encima a Randazzo siguen cayéndole con trenes que se chocan, como ocurrió el domingo en Temperley, en un posible atentado que el ministro dio por hecho, facturando a la mafia de La Fraternidad.
Sea uno u otro, las PASO lo dictaminarán el 9 de agosto, lo que parece un hecho es el debut de Máximo Kirchner en las listas nacionales del FPV. Los más temerarios, como Aníbal Fernández, ya lo dieron como candidato a vice de Scioli, con lo que mataba dos pájaros de un tiro. Le daba el apoyo al gobernador, en detrimento del ministro. Y le ponía el vice, que en las encuestas mide más del 27 por ciento sin haber admitido ser candidato, y es portador de un apellido ilustre.
Esa opereta tendría varias cosas positivas para el oficialismo, pues le dará una cosecha extra de votos de quienes siguen enamorados del modelo, aun cuando a veces pifie diciendo que en Argentina el porcentaje de pobres es inferior al 5 por ciento. Y ese añadido puede terminar favoreciendo una victoria en primera vuelta, sobre todo si la derecha no logra mágicamente recomponerse de su divorcio.
La duda que quedaría es si está bien políticamente promover a Máximo para tamaña responsabilidad siendo alguien que no tiene mayor experiencia ni calle, y no ha aprobado materias previas en la política municipal ni provincial. El peronismo y el kirchnerismo son así, “tómelo o déjelo”, y la mayoría del electorado lo sigue tomando, por lo que si se es democrático hay que saber reconocerlo.