Cantidad y calidad

El estudio hidrológico del acuífero del Valle Argentino terminó con un buen resultado pero con una advertencia. En lo cuantitivo, logró establecer que hay reservas suficientes como para suplementar el acueducto del río Colorado sin riesgo de agotamiento; pero en lo cualitativo detectó niveles preocupantes de nitratos que, como se sabe, pueden provenir de contaminación con efluentes cloacales o de la actividad ganadera.
En síntesis, la preocupación inicial que habían manifestado los pobladores de General Acha ante el proyecto de acudir a ese gran reservorio subterráneo cuando el acueducto del río Colorado queda fuera de funcionamiento, demostró ser infundada. Hasta en los escenarios más exigentes planteados en el estudio y con los mayores caudales de extracción, el recurso podría explotarse durante un tiempo considerable sin verse afectado. No es la cantidad de agua disponible el problema más inquietante, no existe el peligro de que se “seque” el subsuelo del Valle Argentino por su uso discontinuo ante las emergencias del ducto que se dirige a Santa Rosa y, en el futuro cercano, al norte provincial.
En verdad, lo que nadie, o muy pocos, esperaban, es que las complicaciones se presentaran por el lado de la calidad del agua. Lo que detectaron los estudios debería ser motivo de preocupación de las autoridades provinciales y locales y, como recomendaron los investigadores en sus conclusiones, el inicio de nuevos y más profundos trabajos para conocer con mayor nivel de detalle las condiciones químicas de todo el sistema.
La intensa actividad ganadera en el Valle Argentino, especialmente en cercanías de General Acha, no es inocua. Tampoco la ocupación de las áreas de recarga del acuífero, que son extremadamente frágiles y muy sensibles a sufrir las consecuencias de la contaminación. Estas advertencias también corren, desde luego, para el resto de las localidades ubicadas sobre el recurso.
El estudio realizado resultó muy positivo para despejar dudas sobre la explotación del acuífero. Pero resulta imprescindible profundizar las investigaciones para conocer mejor su dinámica y detectar con mayor precisión las fuentes contaminantes a fin de detener sus efectos nocivos.

Un buen ejemplo
Desde Córdoba no solamente llega agua en gran cantidad a nuestra provincia. En las últimas horas se conoció una iniciativa que tiene directa relación con las inundaciones que afectan a toda la región central del país y que bien podría constituirse en un buen ejemplo a seguir en todos los Estados provinciales. Se trata de la recientemente sancionada ley agroforestal que obliga a plantar árboles en los establecimientos agropecuarios hasta cubrir un mínimo del 2 por ciento de la superficie de cada unidad productiva. Según se informó el gobierno cordobés apunta a cubrir en los próximos diez años una superficie de 250 mil hectáreas con forestación.
La ley también establece que deben implantarse especies autóctonas a fin de mitigar, aunque sea parcialmente, los efectos depredadores de la tala indiscriminada de árboles que se llevó a cabo en los últimos lustros. Es sabido que esa provincia y otras del norte del país sufrieron un verdadero ataque a sus bosques nativos a partir de la implantación de un modelo agrícola -el monocultivo de la soja- muy agresivo con el ambiente y que también desplazó otros cultivos, la lechería y la ganadería.
Lamentablemente tuvieron que llegar estas grandes inundaciones para revalorizar el papel imprescindible de los bosques como reguladores de los ciclos hídricos, entre muchos otros beneficios ambientales. La provincia de La Pampa también sufrió una intensa tala de su bosque autóctono aunque mucho tiempo antes y por otras razones. De todos modos no vendría mal rediscutir la legislación provincial a fin de mejorar las condiciones ambientales de nuestro ámbito rural.