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Carroza que volvió a ser calabaza

LA SEMANA PAMPEANA

I – El voto de los pampeanos confirmó en la semana lo que se esperaba: un fuerte respaldo al proyecto Verna, el rechazo a los intentos del radicalismo local y sus socios del Pro de despegarse del macrismo y camuflarse como alternativa «productivista» y, además, un fuerte mensaje desde La Pampa sobre la necesidad de conformar un frente unido contra las políticas ruinosas del gobierno nacional. El frente de partidos liderado por el justicialismo pampeano, con la figura y la gestión del gobernador Carlos Verna como programa, logró, como hacía un cuarto de siglo no lograba, atraer la adhesión de más de la mitad de los votantes. Un respaldo que habla a las claras de la fuerza electoral y programática del oficialismo, pero también de la supina ausencia de alternativas serias. La oposición liderada por el derechismo vergonzante de la UCR y sus socios macristas, luego de la ilusión de hace un año y medio de llegar en carroza a la casa de gobierno, despertó de su sueño sentado sobre el mismo zapallo ceniciento del tercio de votos con el que han logrado satisfacer lo que aparece como su única ambición: la apetencia de cargos legislativos.

II – El objetivo electoral del justicialismo se cumplió además con la recuperación de la municipalidad de Santa Rosa llevando al kirchnerista Luciano di Nápoli al sillón de Molteni. Di Nápoli contó a su favor la disciplinada unidad del justicialismo que, luego de la interna, hizo honor a la marcha peronista y llegó al triunfo. (No fue poco ese alineamiento: el justicialismo santarroseño y el pampeano tienen en su placard más de un muerto electoral fruto de jugadas internas de boicot a determinado candidato que, por suerte para di Nápoli, esta vez no operaron). Tuvo a su favor además el joven camporista, la torpeza con la que el intendente Altolaguirre encaró su gestión. Pese a la buena voluntad con que el vecindario lo acompañó en la primera parte de su gestión, el intendente no pudo salir de la trampa en la que, un estilo de conducción confrontativo, irreflexivo y necesitado de una lógica de choque, lo fue arrastrando hasta depositarlo en un limbo de aislamiento que anticipó su caída. Pareció creer, erróneamente, que podía atraer la simpatía de los votantes luego de sus arrestos de patrón de estancia con los empleados, de sus destratos cotidianos a los vecinos, de las excusas con las que intentó ocultar la ineptitud de su equipo, y, sobre todo, luego de su alejamiento de la Santa Rosa real que fue limando aquélla confianza inicial que le habían prodigado los santarroseños y lo redujo a la magra cosecha electoral de menos de un tercio de los votos.

III – Los santarroseños demostraron además que su madurez política y sus objetivos como votantes están más allá de las chicanas que se ensayaron desde el municipio. La más notoria de todas fue la protagonizada por el funcionario que utilizó el acto de Malvinas para arengar a los vecinos con la absurda opción que, según su disparatada concepción, enfrentaba a los vecinos a votar a favor de Santa Rosa o a favor de La Cámpora. Esa fue, quizás, la confirmación para una buena parte del vecindario que aún dudaba, de la pérdida de rumbo del intendente y su equipo gobernante de la función para la que habían sido ungidos hace cuatro años. Que ese funcionario siguiera al frente de una cartera no dejó dudas sobre este punto.

IV – Pero no fue solo el votante santarroseño el que demostró madurez política en su voto a intendente. Ocurrió en la mayoría de los pueblos donde el sube y baja de la política repartió, con precisión quirúrgica, premios y castigos. Las malas gestiones, los candidatos errados, las componendas políticas tuvieron su reflejo en las urnas, así como, de la misma forma, lo tuvieron los intendentes comprometidos con sus vecinos y a los que se presentaron de cara a la sociedad con propuestas creíbles de trabajo en favor de los pagos chicos. Más aún, el voto de los vecinos tuvo en no pocos casos la sutileza de advertirle al ganador, con una menor diferencia con su competidor, que tenía una nueva oportunidad condicionada a la corrección de errores y estilos so pena de estar demorando un período de su salida si no toma nota de esa advertencia. Las «sorpresas» de Eduardo Castex, Intendente Alvear, General Acha, Realicó y aún de Victorica con la ajustadísima reelección del intendente por un voto, habla a las claras de la fuerte tradición municipalista que perdura en la memoria colectiva de los pueblos y ciudades pampeanas en el compromiso de cada votante con su pueblo. Una tradición que se remota a los albores del poblamiento del territorio en el siglo XIX y que está en el origen de la construcción de la ciudadanía política del pampeano. (LVS)