Casi todo le salió mal, salvo un centro que le tiró Lorenzetti

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Al presidente casi todo le siguió saliendo mal, después de su regreso de China. Se incrementan las chances de que el mundo sindical le haga el primer paro en octubre. Lo único bueno fue el centro que le tiró la Corte por tarifas de luz.
Mauricio Macri debe haberse sentido decepcionado de la marcha de los asuntos, tras su desgastante viaje al otro lado del mundo para la cumbre del G-20. Se la pasó allí implorando para que vengan inversiones de miles de millones de dólares, por ahora sin resultados. En Hangzhou, de Barack Obama apenas cosechó elogios al rumbo elegido por la Argentina; de plata, ni hablar. La británica Theresa May le sonrió al darle la mano, sin encuentro bilateral; la sucesora de los tories tiene asuntos más importantes. Paradojalmente, quien más lo atendió y confirmó créditos -que venían de tiempos de Cristina Fernández de Kirchner, como las dos centrales hidroeléctricas en Santa Cruz- fue el anfitrión socialista, Xi Jinping.
Ya de vuelta en Buenos Aires, Macri tuvo que lidiar con temas que jaquean a su gobierno, sin las satisfacciones que imaginó en los tiempos de su bailecito del 10 de diciembre en el balcón de la Rosada.
En esa ocasión Gabriela Michetti cantaba el tema de Gilda, bah, es un decir que cantaba. Ahora ella fue parte de las malas noticias. El juez Ariel Lijo ordenó secuestrar los libros contables de la Fundación SUMA, que recibió donaciones por 4 millones de pesos. Michetti adujo que pertenecían a la entidad los fondos robados en su domicilio en noviembre pasado. Hay 245.000 pesos y 50.000 dólares en juego, que si bien no son una extraordinaria fortuna sí son importantes como para haber dejado maltrecha la imagen de incorruptible de la vicepresidenta.
Tirando de la piola de SUMA, se supo de muchas fundaciones que presiden funcionarios y ministros del PRO andan flojas de papeles y pueden haber servido para colección de dinero de campañas partidarias. Esas asociaciones civiles, sus contratos con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires -recuérdese los que beneficiaban a Fernando Niembro- y pautas publicitarias, pueden haber encubierto formas de financiar la política y el enriquecimiento de funcionarios. Lo deberá investigar la justicia, pero el gobierno empieza a pagar un costo político. Los dos máximos responsables están siendo investigados por causas que ponen en duda su honradez, como esa historia de SUMA y otra aún peor, el Panamá Papers.

Bajó a 40.
Aquellos procedimientos judiciales han influido en la merma en la consideración pública del gobierno. Según algunas encuestas, hoy su imagen bajó al 40 por ciento y la de Macri también descendió pero quedó cinco puntos arriba que la del conjunto de su administración, como si no fueran la misma cosa.
En esa fuerte caída las investigaciones por corrupción aportaron lo suyo pero no fueron lo único ni quizás lo determinante. Es posible que esta última característica haya sido la decepción de muchos argentinos con el rumbo económico y social. La consigna de “pobreza cero” suena a burla, vista la realidad que choca a diario en las principales ciudades con un parate que deja a muchos trabajadores sin empleo o con suspensiones que recortan ingresos. A otras personas las arroja directamente a los brazos de la pobreza o a situación de calle. Gente durmiendo en la vereda y muchos otros revolviendo la basura eran una triste postal de los años ’90 y sobre todo la crisis de 2001, que ahora tienen su revival macrista.
La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep) y organizaciones integrantes como la CCC, Movimiento Evita y Barrios de Pie, fueron recibidos en la semana por la reunificada CGT. Fue un gesto que habla de cierta sensibilidad o habilidad de los burócratas sindicales, que no se distinguen precisamente por atender a las demandas de los trabajadores más pobres de la economía informal y los desocupados.
De resultas de ese encuentro tendió a fortalecerse la posibilidad de un plan de lucha, o al menos de un paro general para reclamar al gobierno reivindicaciones relativas a la emergencia social.
Por otro lado aún se conservaba fuerte la repercusión de la Marcha Federal de la CTA de los Trabajadores (Hugo Yasky), CTA Autónoma (Pablo Micheli) y la Corriente Federal (Sergio Palazzo), más el aporte de la mencionada Ctep y un centenar de organizaciones sociales. Llenaron Plaza de Mayo y exigieron reabrir paritarias, atender la situación de los jubilados y desocupados, y cumplir las promesas relativas al impuesto a las ganancias, entre otros puntos.
El camino hacia el paro general contra el gobierno quedó despejado porque además de los factores comentados, el propio Macri arrojó nafta al foco de incendio, cuando desde China negó la reapertura de paritarias. El mismo sentido revulsivo tuvieron las respuestas negativas que dieron a los popes de la CGT los ministros que los recibieron. Los despidieron con las manos vacías.
Ese mismo resultado, negativo, tuvieron Yasky, Micheli y Hugo Godoy (ATE, sector De Genaro) cuando fueron recibidos por el ministro de Trabajo, Jorge Triaca. Nada de nada.
ATE lanzó un paro nacional para el 29 de septiembre, atento a nuevos despidos que se otean en la administración pública tras la difusión de los documentos del ministro Andrés Ibarra, que tiene a revisión 114.000 contratos. Puede dar de baja a muchos y jubilar anticipadamente a otros, para alcanzar lo que llama la “dotación óptima”.
El 22 de septiembre se reunirá el Comité Central Confederal y se estima que declarará la primera huelga nacional contra Macri para la primera quincena de octubre. El debate no es tanto sobre la fecha sino sobre sus características: ¿de 24 horas sin movilización (léase matero) o con piquetes y acto en Plaza de Mayo? Lo mejor sería la segunda opción. Contrastaría con la foto del patético bailecito del tema de Gilda, que Michetti ya no canturrea como ese diciembre que ya fue.

Internas por doquier.
Otros motivos de preocupación presidencial fueron las renovadas internas de su gabinete y alianzas políticas. Pueden ser un termómetro de cómo anda su gobierno pues cuando todo anda sobre un lecho de rosas hay amistades desbordantes y, cuando esas rosas ponen sus espinas, los amigos se tornan contendientes.
Venía de antes la pulseada entre Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger, en torno a la inflación y el resto de la política económica. El segundo del Banco Central, Lucas Llach, ya no corre descalzo a guanacos en la Patagonia. Fue al acto por el 39 aniversario de la cavallista Fundación Mediterránea y ratificó el rol del BCRA en cómo y cuánto bajar la inflación, poniendo a ésta como la prioridad gubernamental. Punto para Sturzenegger.
Con lo que le cuesta a Macri enhebrar alianzas, no le habrá agradado que su jefe de Gabinete fuera a apoyar a los radicales y el PRO de Córdoba en contra de Juan Schiaretti. El motivo de la discordia es que el gobernador no redistribuye a las intendencias el 15 por ciento recuperado de coparticipación federal. La intromisión de Marcos Peña pone en cierto riesgo los acuerdos Macri-Schiaretti y pueden empujar al mediterráneo hacia Sergio Massa y la alianza UNA que éste revitalizó con José M. De la Sota.
Otra interna caliente es la de Patricia Bullrich con el ex titular de la Aduana, el militar retirado Juan J. Gómez Centurión. El último cruce fue por los 250-300 kilos de efedrina en 12 tambores retenidos en aquella dependencia. El ex carapintada fue con ese dato al juzgado de Servini de Cubría, para atribuirse méritos. Bullrich dijo que esa mercadería estaba denunciada desde mayo pasado y que el funcionario se había guardado el dato.
Bullrich fue antes a Macri con audios editados por los servicios de espionaje, en contra del militar, y el presidente lo suspendió en su cargo. Elisa Carrió defendió al sancionado y acusó a los agentes ligados a “Jaime” Stiusso y al presidente de Boca, Daniel Angelici. Ella pidió la reposición de aquél en la Aduana, igual que Germán Garavano, ministro de Justicia.
En el medio de tantas maniobras de la ex SIDE, posiblemente urdidas por su jefe Gustavo Arribas y su segunda, Silvia Majdalani, está el jefe de Estado, tironeado por unos y otros. Les prometió a Gómez Centurión y Carrió que si Ariel Lijo no lo procesa lo repondrá en la Aduana, pero no sabe qué hacer.
Como si todos estos entuertos fueran poco, el gobierno quedará involucrado en una dura confrontación abierta en los Tribunales, pero también en la sociedad. Eso ocurre por el reclamo de aliados suyos para que se destituya al excelente juez Daniel Rafecas. Aunque suene increíble, el diputado del PRO, Waldo Wolff, ex vicepresidente de la Daia, y otros macristas y empresarios aliados, piden la cabeza de aquel magistrado por haberse negado, con excelentes razones jurídicas, a reabrir la causa de la desopilante denuncia del suicida Alberto Nisman contra la ex presidenta.
Macri debe tener ganas de volverse al hotel 5 estrellas y la cumbre de presidentes en Hangzhou. Allí se hablaba mucho, de todo un poco, generalidades, sin resolver nada concreto ni lidiar con la política de carne y hueso. Allá había intérpretes, diplomacia y fotos de familia. Acá los suyos se están sacando los ojos y no es consuelo suficiente el fallo de la Corte Suprema anulando la resolución de la Cámara platense que suspendía los aumentos de la luz. Lorenzetti le tiró un lindo centro para cabecear pero a Macri le duele la cabeza…

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