Casi diez años de cumbres entre estos bloques y casi ningún resultado positivo

El viernes 16 concluyó en Lima la V Cumbre de la región con Europa, donde se dieron cita representantes de sesenta países, incluida Argentina. Otra vez los resultados concretos brillaron por su ausencia.
EMILIO MARIN
En los papeles ese encuentro tenía una agenda trascendente: “La lucha contra la pobreza, la desigualdad y la exclusión”, y “El Desarrollo Sostenible, medio ambiente, cambio climático y energía”.
Y hubo muchos discursos, demasiados, referidos a esos tópicos generales, derrochando buenas intenciones. Se sabía de antemano que alguna oratoria, por los antecedentes del mandatario que hacía gala de ella, era puro jarabe de pico. Por caso, los discursos en el Museo de la Nación, del anfitrión Alan García, que a diferencia de su perfil político de los años ’80 vino a continuar los lineamientos neoliberales de Alejandro Toledo. De palabra, García pidió a ambos continentes “adoptar medidas concretas para frenar la escasez y carestía de alimentos”.
Ese contraste entre las palabras y los hechos alcanza en mayor medida aún a los líderes europeos, que han seguido a pie juntillas la política norteamericana. La canciller germana Angela Dorothea Merkel calentó la previa a Perú al declarar que los países latinoamericanos debían distanciarse del venezolano Hugo Chávez.
El aludido se defendió y cuestionó la política exterior derechista de Alemania. “No pretenda Europa seguir a la zaga del imperio norteamericano, que pretende imponer modelos políticos y económicos”, contragolpeó el bolivariano.
Esa polémica era una de las tantas que llegaron intactas a Lima. Otro diferendo que venía de antes fue el de Venezuela y Ecuador, de un lado, y Colombia de Alvaro Uribe, obediente a Washington, por el otro. Para colmo el día de cierre de la V Cumbre la cancillería venezolana denunció que su país había sufrido una incursión militar colombiana en el Estado de Apure, lo que fue negado por Bogotá.
El ecuatoriano Rafael Correa, luego de rechazar la campaña mediática de Uribe, manifestó que estaba dispuesto a renunciar si se comprobaba la falsa denuncia de que estaba vinculado con las FARC.
Otra denuncia muy resonante fue la que hizo Evo Morales. Señaló que el comisario de Comercio de la UE, Peter Mandelson, planteó a los representantes de Bolivia que “si este país no acepta las condiciones europeas en esas pláticas, quedará fuera del acuerdo” con la Comunidad Andina de Naciones. El ultimátum europeo también habría sido para Ecuador.
Otra actitud de los mandatarios del Viejo Continente que enojó a Lula da Silva fue que según la visión de aquéllos, los alimentos han aumentado sus precios por culpa de Brasil. Lula replicó que los europeos no habían hablado del alza del precio del barril de crudo ni de la crisis hipotecaria de EE.UU., de honda repercusión en Europa. “También los bancos europeos tuvieron pérdidas muy importantes”, los toreó cuando la Cumbre había terminado con su habitual “foto de familia” donde sólo hay sonrisas para la cámara.
Fuera de párrafos de buenas intenciones sobre la reducción de la pobreza y la desigualdad, y rechazar las leyes extraterritoriales como la Helms-Burton contra Cuba, ¿hubo algo más positivo? No mucho más. Las deliberaciones se consumieron con los delegados europeos presionando para que América Latina y el Caribe firme “Tratados de Libre Comercio”. Y como la región los resiste, a excepción de México y Chile que ya los firmaron, la traba de los encuentros anteriores siguió en su sitio.

Doble resistencia.
La intención europea de suscribir tratados con Centroamérica, la Comunidad Andina de Naciones y el Mercosur busca captar esta región como un mercado privilegiado a sus inversiones y negocios. La Unión Europea se comporta como bloque imperial que es, disputando la presa a su competidor norteamericano, cuyo esquema de dependencia entró en crisis por la emergencia de una opción tercermundista en Venezuela, Bolivia y Ecuador.
La UE también creyó ver mejores condiciones para su propuesta de asociación luego de noviembre de 2005, cuando en Mar del Plata fracasó la propuesta de George Bush de meter a Latinoamérica dentro del ALCA.
Una resistencia al plan europeo viene de la mano de los gobiernos más patrióticos de la región. Ya se mencionó la denuncia de Evo Morales, quien reiteró que Bolivia quiere un “comercio justo” y se quejó de que la oferta europea es similar a la norteamericana.
El vicepresidente cubano, José R. Machado Ventura, presente en Lima, aportó a esa línea de defensa latinoamericanista. Desde su trinchera de ideas, Fidel Castro escribió su reflexión titulada “Dos lobos hambrientos y una caperucita roja”. Allí puso a Europa a la par de EE.UU. y lo fundamentó así: “la Europa que en esa reunión llevó la voz cantante, es la misma que apoyó la guerra contra Serbia, la conquista por Estados Unidos del petróleo de Iraq, los conflictos religiosos en el Cercano y Medio Oriente, las cárceles y aterrizajes secretos, y los planes de torturas horrendas y asesinatos fraguados por Bush”.
Sin tanta consistencia como la de los países del ALBA (Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Martinica), los socios del Mercosur tampoco aceptaron los términos de la proposición europea. Argentina cuestiona que la UE no elimina los subsidios agrícolas y Brasil reclama que sus productos industriales tengan menos aranceles. Cristina Fernández y Lula supeditan a avances en esos rubros cualquier apertura del “sector servicios”, que abarca desde las finanzas hasta la educación.

La otra Cumbre.
En paralelo a las deliberaciones oficiales, discurrió una cumbre paralela con centenares de organizaciones sociales y políticas. En ese ámbito hubo talleres y foros, que plasmaron sus ideas en una declaración que la coordinadora Rosa Guillén entregó a los cancilleres de Perú, José García Belaúnde, y Eslovenia, Dimitrij Rupel, para que la hicieran llegar a los presidentes.
Ese documento fue muy crítico, advirtiendo que “los Acuerdos de Asociación que ha firmado la Unión Europea con México y Chile han profundizado las desigualdades y muestran el camino que seguirán quienes firmen estos Acuerdos”.
También sesionó un Tribunal Permanente de los Pueblos presidido por el sacerdote belga Francois Houtart, que juzgó el accionar de las transnacionales europeas y las condenó moralmente por violaciones legales en la región. Algunas tenían que ver con lo actuado en Argentina, como la contaminación de Repsol en Loma de la Lata, Neuquén; los aumentos ilegales de precios de naftas de Shell y las coimas que habría pagado la sueca Skansa en los gasoductos.
En declaraciones de prensa, Houtart dijo que la oferta europea eran “tratados entre el tiburón y la sardina” y dijo que la UE “se ha convertido en apéndice del imperialismo norteamericano”.
Algunos presidentes estuvieron tanto en la cumbre oficial como en la paralela. Morales acudió primero a la Facultad de Ingeniería, donde sesionaban las agrupaciones populares, antes de registrarse en la otra, la formal.
Los mandatarios que encabezan gobiernos populares y defienden la nacionalización de los recursos naturales, llevaron a los salones oficiales algunas buenas propuestas en sintonía con el foro de las organizaciones sociales y políticas.
Por caso, el jefe de Estado boliviano les exigió a sus colegas europeos que dieran créditos sin interés a los pueblos latinoamericanos para poder adquirir alimentos, en medio de la crisis alimentaria.
Chávez, por su parte, ofertó formar un fondo contra el hambre y la pobreza al que comprometió aportar un millón de dólares diarios (365 millones al año), Pidió que otro tercio lo pusieran otros países latinoamericanos (tiro por elevación a Brasil y en menor medida Argentina) y un tercero fuera a cuenta de Europa. Así se tendrían 1.095 millones de dólares anuales para hacer frente al hambre, y particularmente la miseria en países como Haití, expresó el bolivariano.
Cuba propuso la condonación de la deuda de América Latina y el Caribe y que las potencias inviertan cada año en el Tercer Mundo el 10 por ciento de lo que gastan en armas.
No hace falta redundar en que tales propuestas cayeron en el saco roto de Merkel y Rodríguez Zapatero. Pero esto da la clave para entender por qué estas cumbres son cada vez más ignoradas por las multitudes al sur del río Bravo (y los pobres de allende el Atlántico, que también son millones de personas).