Caso rionegrino que es causa de preocupación

Señor Director:
El caso del oficial de la policía rionegrina, Héctor David Muñoz, con funciones en una comisaría de Bariloche, tiende a constituirse en un suceso inquietante.
Tan es así que el propio gobernador de esa provincia, Weretilneck, ha dicho públicamente que se estaría ante un “mensaje mafioso” y un posible pacto de silencio entre miembros de la policía. El mensaje mafioso no tiene una definición única sino que se basa en el relato de casos, pero siempre conlleva una amenaza. Un crimen o una bomba no dicen todo porque haya uno o más muertos sino porque se ha querido dar cuenta del poder de esa organización criminal para que quienes tienen una posición de alguna importancia, cierren su boca o dejen hacer. El objetivo es meter miedo. En este caso de Bariloche se ha dicho que el mensaje puede estar dirigido al propio gobernador en cuanto éste podría tener intención de romper alianzas de policías para facilitar el delito o dedicarse a delinquir. En cambio, Weretilneck, en su declaración, dijo que el crimen del oficial Muñoz fue un mensaje “casi mafioso” no contra el gobernador sino que está dirigido hacia el interior de la fuerza. Esta expresión permite suponer que el gobernador tiene conocimiento que hay una estructura delictiva en el interior de la fuerza policial. Puede entenderse que esta autoridad no vea que haya una actitud subversiva de la fuerza policial, sino un riesgo más limitado, por eso pudo haber dicho que el mensaje no va dirigido contra el gobernador sino al interior de la fuerza policial.
La información disponible no ayuda a entender el papel que desempeñaba el oficial Muñoz, pero permite conjeturar que estaba cumpliendo parte de un plan para poner en descubierto al sector que delinque y favorecer su eliminación. Situaciones de este tipo se han presentado en más de una provincia, en particular en Buenos Aires. Es un riesgo siempre posible porque el papel de la policía facilita la posibilidad de que el funcionario infiel “libere” zonas o integre un grupo que comete hechos delictuosos sin intermediarios.
Lucas Daniel Muñoz salió su casa para dirigirse a la comisaría barilochense en la que prestaba servicios, pero no llegó a destino. Fue un desaparecido durante 27 días, hasta que su cuerpo apareció en un lugar próximo a la avenida de circunvalación de Bariloche, en el sector que había sido rastrillado buscándolo. Se dice que cuando salió de su casa llevaba una mochila, que no apareció junto a su cadáver. Se sabe ahora que otros dos policías ingresaron en su domicilio sin autorización judicial, operaron su computadora, pero no robaron nada, lo que podría implicar que estaban poniendo pistas falsas y dando cuenta del poder de la organización delictuosa. El cadáver de Muñoz no fue movido del lugar donde fue hallado hasta la llegada de los expertos de Gendarmería, a quienes se ha confiado la tarea de policía científica. Al parecer, ya se ha estimado que Muñoz fue asesinado al día siguiente o poco después de su secuestro, detalle que revelaría que la organización criminal pudo (y quiso) mostrar que tiene cómo esconder un cuerpo por el tiempo que convenga a sus fines.
Ya han sido apartados de la fuerza policial, por este caso, tres comisarios, un subcomisario, dos oficiales y un suboficial. Los tres últimos están detenidos. Un detalle llamativo es que entre los detenidos hay policías que prestaban servicios en lugares distantes de Bariloche.
El caso, si bien está localizado en Río Negro y en su policía, presenta rasgos que despiertan el interés nacional. Los familiares de Muñoz han sabido movilizarse para reclamar el esclarecimiento del crimen y han logrado que la investigación se intensificara. Ahora, en vista de las declaraciones de Weretilneck, reclaman que el gobernador aporte a la causa el conocimiento que tenga. Se ha observado que no se había referido al caso hasta que fue hallado el cadáver.
Atentamente:
Jotavé