Casos de tortura que han tenido gran repercusión

Señor Director:
Una denuncia sobre casos de tortura a personas de cualquier edad, preocupa por la crueldad cobarde que implican (ya que el torturador opera con la presunción de impunidad) y también porque supone una violación de los derechos inherentes a toda persona.
Conviene que diga que la tortura, a pesar de todas las condenas (en el ámbito mundialista de la Organización de las Naciones Unidas y en la legislación nacional), subsisten en la realidad cotidiana tanto en servicios carcelarios y de inteligencia como en el ámbito doméstico. Siempre aparecen padres que apelan al castigo físico como una manera de corregir conductas. Desde un punto de vista no siempre mencionado, los menores, desde su nacimiento, han sido objeto de castigos físicos y presiones morales en el ámbito familiar. Los padres o mayores que así proceden se justifican porque entienden que el niño trata de resistirse a aceptar las pautas de convivencia que están vigentes en la sociedad. No es el tema para esta nota, pero diré que, aún sin llegar al castigo físico, el niño está sometido a presiones para forzarlo a aceptar dichas pautas, las cuales dan cuenta del tránsito de nuestra especie desde la animalidad a la condición humana: su humanización. Este proceso ha resultado propicio para generar situaciones traumáticas como cuando un chico ha sido catalogado como “rebelde” y se trata de reconducirlo “por buenas o malas”..
El caso reciente se produjo en el ámbito metropolitano, en Villa Zabaleta, Barracas, y afectó no a dos jóvenes, uno de 15 y el otro de 18 años, vecinos del lugar. El menor de ellos fue retenido por la policía para requerirle documentos y tan pronto superó ese trámite fue tomado por un grupo de prefectos (pues el sector ha sido puesto bajo el control de la Prefectura naval). El mayor de esos jóvenes, testigo de esta situación, se acercó al lugar para hacer saber que conocía al adolescente. Todo lo que consiguió fue que se los sometiera a ambos a una serie de amenazas, que derivaron en golpes en un descampado cercano al camino de sirga, luego de lo cual, tras despojarlos de sus pertenencias se les hizo salir del sitio a la carrera.
Resultó ser que estos muchachos están vinculados al movimiento denominado La garganta profunda, que desde hace años edita una revista, en la que ellos colaboran. Por esta vía, el suceso tuvo rápida trascendencia y derivó en el procesamiento de un grupo de prefectos, siete de los cuales han sido dados de baja.
El caso trascendió rápidamente el ámbito de la villa y produjo la movilización de referentes sociales, tales como Horacio Verbitsky, Nora Cortiñas (de Abuelas) y el sacerdote llamado Toto. Indio Solari, que se halla enfermo, hizo pública una carta a los jóvenes torturados, donde dice que “no puedo imaginarme cómo debe ser tener 15 años y vivir durante horas esa humillación dolorosa y espantosa. Cuidado. Hay que tener mucho cuidado cuando estas cosas empiezan a reflota”. Horacio Verbitsky, que conduce una organización principal para la defensa de los derechos humanos, escribe en su columna periodística que la tortura de dos adolescentes en una villa de la CABA es parte de una política que no busca combatir el delito sino disciplinar a los varones jóvenes. Se trata de “prácticas sistemáticas y deliberadas”.
La circunstancia de que esos jovencitos sean parte de una organización mayor, a su vez vinculada con movimientos defensores de los derechos humanos, dio a este caso de un sector de Barracas pegado al Riachuelo, una trascendencia que ha permitido que lo acontecido llegue a toda persona interesada en las circunstancias que viven los moradores de las villas (antes llamada miseria), a partir de un nivel de indigencia que determina comportamientos de sobrevivencia que pueden tener expresiones delictivas. Al reducirse esta problemática al enfoque de represión, se eterniza y agrava el problema.
Atentamente:
Jotavé

Compartir