Cataluña plantea un ser o no ser a las Españas

Señor Director:
La nueva arremetida de los independentistas de Cataluña ha tenido uno de los peores desarrollos posibles aunque de ninguna manera inesperado.
No me siento con disposición favorable para una secesión, porque de lo mucho que he admirado de España lo más se ha debido a la larga y dificultosa serie de acontecimientos que culminaron con una unificación de regiones y culturas de fuerte diversidad. En ninguna otra nación de Europa occidental el proceso fue tan dificultoso. Todavía se agravó cuando a dichas culturas se agregó la presencia de los árabes, que no se integraron, pero sí convivieron durante ocho siglos. Los árabes conectaron a España con los mundos africanos, los de Medio Oriente y aún más lejos.
La península se convirtió en escenario central, por entonces, de la fusión de pueblos y culturas que llegaron a occidente desde el norte y el este, hasta los confines de Asia. Por la vía árabes-España Europa pudo tomar contacto con las culturas mesopotámicas, de larga sedimentación, y con las que desarrollaron los distintos asentamientos durante la larga marcha del hombre para la ocupación del planeta. En particular, los árabes crearon la vía para una relación directa con la cultura de Grecia clásica que se nutría de las culturas del ámbito del Mediterráneo oriental. El conocimiento de Aristóteles llegó a España y occidente sin interferencia romana por el norte de África, merced a la expansión árabe y su estada en la península. El sur de España fue el escenario secular necesario para esta transfusión. España fue protagonista principal de tan formidable experiencia cultural, la que daría mucho de lo principal que elaboró lo que llamamos occidente. América, a su vez, vía colonización, participó de todos esos aportes para enriquecer lo que había recibido antes desde el viejo mundo y de culturas que elaboraron a su vez los principales pueblos que llamamos aborígenes (aztecas, mayas, incas).
Digo al comenzar que ahora Cataluña plantea un ser o no ser a “las Españas”, que hemos tratado de leer en singular: España, como si ya fuese el escenario de una fusión estable. Por lo que se ve en el mundo, poco o nada de lo que es obra del hombre y señal de su presencia (lo cultural) goza de estabilidad, porque mientras se prolongue la presencia humana en la Tierra, toda creación cultural estará cambiando. He querido decir, desde el título, que la secesión catalana puede marcar el comienzo de una desintegración mayor, con la separación de los vascos, los gallegos y otras culturas que mantienen rasgos diferenciales a pesar de su mayor integración. Repito que nada de lo que el hombre hace es producto final e inmodificable. El hombre hace y deshace al extremo de que ahora está claro que ha llegado a un punto en el que le es posible autodestruirse.
La causa o, al menos, el antecedente que ahora se cita como causa de una posible fragmentación, es la falta de resolución final a la etapa franquista, que ha sido leída como el esfuerzo último de las fuerzas conservadoras por mantener estructuras culturales, religiosas y de predominio de grupos privilegiados en el orden económico y de poder. También la monarquía se ha puesto en la zona roja, especialmente desde que el rey Felipe VI habló sobre la secesión catalana en términos que ya han provocado una reacción que puede afectar la estabilidad de su trono. Si bien todavía predomina en la península la voluntad de la unión, la reacción catalana, como antes la de los vascos y los celtas, ha sido fogoneada por el mantenimiento de estructuras de poder que son incompatibles con la vigencia de una real democracia. Desde el partido Podemos, que es la tercera fuerza política, se viene diciendo y se repite que ha llegado el momento de volver a discutir “las bases de nuestro contrato social”. Que la España que quiere emerger, es plurinacional y que Felipe ha echado su suerte del lado de los que pierden.
Atentamente:
Jotavé