Chile comienza a saldar algunas de las deudas de la democracia

LEY ELECTORAL, REFORMA EDUCATIVA, UNION CIVIL

Marianela Jarroud – Producto de la fuerte herencia pinochetista, Chile posee una sociedad en extremo conservadora y desigual. Algunas reformas legislativas comienzan a cambiar esos rasgos, aunque todavía falta mucho.
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, logró sacar adelante, en apenas diez días, tres reformas claves destinadas a saldar la profunda deuda de la democracia del país, todavía lastrada por las sombras de la dictadura. La modificación al sistema electoral, la aprobación de la primera reforma a la educación y el inédito Acuerdo de Unión Civil que regulará la convivencia entre parejas de igual o distinto sexo, son ejes programáticos del gobierno que contribuirán a cambiar el rostro de este país.
Además, la mandataria socialistas envió al legislativo Congreso Nacional un proyecto de ley que despenaliza el aborto en casos de violación, inviabilidad fetal y riesgo de vida de la madre, con lo que Chile dejará de ser uno de los cinco países en el mundo que penaliza el aborto en toda circunstancia. “Este es uno de los momentos más significativos de la democracia post autoritaria para Chile, porque avanza hacia una democracia más liberal y sin los sesgos que imponía el sistema binominal. El gobierno se está haciendo cargo de las exigencias ciudadanas de los últimos 15 años”, afirmó a IPS la analista política Francisca Quiroga.

Minorías excluídas.
Bachelet, cuya popularidad no supera 50 por ciento según diversos sondeos, sigue de manera implacable el programa de gobierno que la devolvió al poder el 11 de marzo de 2014, tras haber gobernado el país durante el cuatrienio 2006-2010.
Para Quiroga, la reforma más significativa hasta ahora es la que modificó el sistema electoral binominal, impuesto en Chile durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990), hacia un sistema proporcional que operará desde 2017.
El binominal, sin registros electorales ni partidos políticos, excluyó a las minorías, principalmente al Partido Comunista, y pese a su déficit representativo y las críticas ciudadanas fue mantenido durante un cuarto de siglo por los sucesivos gobiernos democráticos.
Unico en el mundo, este sistema establecía que para que los dos candidatos de una lista fueran elegidos, debían doblar a la otra en cantidad de votantes. Si una lista no alcanzaba esa meta, resultaba escogido un candidato de cada una de ella. Así, muchas veces fueron elegidos parlamentarios que habían obtenido el tercer lugar en número de votos.
“Cambiar las reglas del juego del binominal es hacerse cargo de una historia de exclusión de muchos actores y de una política de representación donde el parlamento era y es el espacio más desprestigiado”, afirmó Quiroga.

Desigualdad extrema.
En este país sudamericano de 17 millones de habitantes, dos de cada tres hogares viven con menos de 1.200 dólares al mes y altamente endeudados. Además, la mitad de los trabajadores ganan menos de 500 dólares mensuales. En contraste, las 4.500 familias más ricas tienen un ingreso mensual de más de 40.000 dólares.
La desigualdad en Chile es “tan profunda que las personas que pertenecen al cinco por ciento de los hogares más pobres poseen una brecha por persona que llega a 270 veces respecto a quienes pertenecen al cinco por ciento más rico”, afirmó a IPS el economista Gonzalo Durán, de la Fundación Sol. “Hablamos de una brecha que se duplicó entre 1990 y 2011 y, según este indicador, la desigualdad en Chile ha aumentado en 100 por ciento en los últimos 20 años”, precisó.
Esa desigualdad provocó hartazgo de amplias capas sociales perjudicadas, que en los últimos años se expresó en la no concurrencia a las urnas. “Yo no confío en los políticos, porque nos han defraudado por tantos años”, reveló a IPS la jubilada Consuelo Acevedo, de 66 años. “Los políticos prometen pero cuando son electos se olvidan del pueblo. Además, tienen sueldos altísimos, mientras miles de chilenos se mueren de hambre”, añadió.

Crisis de representatividad.
Para Quiroga, es indudable que en Chile existe una crisis de representación y la reforma al sistema electoral, que quedó aprobada el 22 de enero, “puede significar redefinir los modos de representación política en Chile y pensar en una democracia como tal. Este es uno de los momentos más significativos de la democracia post autoritaria para Chile, porque avanza hacia una democracia más liberal y sin los sesgos que imponía el sistema binominal”, aseveró, al recordar que la ley facilita la participación de las mujeres, las minorías y los grupos independientes.
Los éxitos legislativos de Bachelet son posibles por el predominio de su coalición, la centroizquierdista Nueva Mayoría, en el bicameral parlamento, a lo que se suma una oposición muy debilitada, que vive una de las mayores crisis de su historia con su principal partido, el derechista Unión Demócrata Independiente, acorralado por corrupción, evasión tributaria y financiamiento ilegal de sus campañas.
“Hoy en día, la oposición de la Nueva Mayoría son sus propios actores”, explicó Quiroga. “Desde dentro del oficialismo es donde surgen los conflictos y las tensiones ideológicas sobre modelos de desarrollo y sociedad, los debates valóricos y sobre modelos de políticas públicas”, agregó.

Sociedad conservadora.
El Acuerdo de Unión Civil, aprobado el 28 de enero, y el reciente proyecto de ley que despenaliza el aborto terapéutico, firmado el 31 de enero por Bachelet, han generado resistencia en la derecha chilena, pero también en la gobernante Democracia Cristiana. “Estas reformas nivelan al país hacia los estándares mundiales. Chile es una de las sociedades más conservadoras y su sistema político heredó una serie de restricciones respecto a los derechos sexuales y reproductivos de la mujer”, señaló la experta. “Todas estas son reformas que se hacen cargo de debilidades institucionales y de restricciones que no tenían semejanza en el mundo”, añadió.
La primera gran reforma al sistema educativo, exigida por los estudiantes en protestas emblemáticas, cuya última gran oleada comenzó en 2011, pone fin al lucro, al copago de los padres y a la selección de alumnos por parte de los establecimientos privados subsidiados por el Estado. “Esta reforma se hace cargo de la regulación, de elementos que en Chile eran disfuncionales como el lucro, y de la segregación”, precisó la politóloga. Sin embargo, dijo, “se mueve en torno al status quo, no es estructural, no cambia el paradigma del modelo educativo y tampoco se pronuncia respecto a las transformaciones de la educación pública y el gran debate sobre la educación superior”.

Reforma criticada.
La reforma, aprobada el 26 de enero, es ampliamente resistida por la derecha política pero también recibió críticas de sectores estudiantiles, que alegan falta de participación de los movimientos sociales en el proyecto. “Se nos dijo que habría una transformación profunda y que todos los actores íbamos a ser parte de ella”, criticó la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.
Y es que en la ciudadanía chilena, “hay una apertura a querer discutir sobre estos temas y no caer en ‘esto no se habla’. Es muy bienvenido el debate y la confrontación de ideas”, señaló Quiroga.
La jubilada Acevedo está de acuerdo con las reformas impulsadas por Bachelet. “Me parece que la reforma a la educación es buena porque los niños y jóvenes de sectores menos acomodados tendrán más oportunidades”, dijo a IPS. “El sistema electoral será ahora más justo y el Acuerdo de Unión Civil nos ayuda a tener un criterio más amplio”, continuó. Sin embargo, considera que estas reformas aportan solo una parte a la deuda de la democracia. “Aún falta mucho”, concluyó. (IPS).