China y Estados Unidos, dos que chocan cada día más

SE ACENTUAN LAS CONTRADICCIONES ENTRE LOS DOS PAISES

Estados Unidos y China son dos potencias que chocan cada día más en distintos planos. La economía, la política, las alianzas internacionales y hasta los planes militares de cada uno están cada vez más opuestos. Macri se ubica como recluta de la US Navy.
EMILIO MARÍN
Las esferas económica y política, que al fin y al cabo son más o menos lo mismo, no mecánicamente, son las arenas de competencia entre EE UU y China.
El primero es un imperio de vieja data, que emergió como cabeza del mundo capitalista tras la II Guerra Mundial y que ostentó ese lugar sin demasiada competencia hasta la quiebra del Lehman Brothers, en setiembre de 2008, para poner una fecha discutible y sin la exactitud de un reloj suizo.
La otra es una nación socialista, que debió lidiar con el atraso tercermundista tras una revolución campesina-obrera. De la civilización del celeste imperio, de 5 mil años, a una revolución maoísta a partir de 1949, allí sí con detalle exacto. Ese país no es el mismo, porque el fundador, Mao Zedong, murió en 1976 y muchas de las políticas fueron dejadas de lado por Deng Xiaoping y otros líderes que fueron alternándose en Beijing, que no se llamaba más Pekín.
Si es por analizar tendencias, avanzó China. El imperio fue derrotado en Vietnam y jaqueado por los movimientos de liberación nacional, y la emergencia de gobiernos progresistas. A George W. Bush lo golearon en Mar del Plata en 2005 entre Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva; se volvió para Washington con el ALCA hecho pomada. ¡AL CArajo!, lo sepultó el bolivariano.
Beijing, en cambio, tejió alianzas políticas, incluso con sus viejos rivales rusos. A diferencia de las polémicas y tiros entre Mao y Kruschev-Breznev y otros, Xi Jinping y Vladimir Putin tienen un diálogo de primos hermanos. Y junto con Brasil, India y Sudáfrica armaron el Brics, de fuerte poder internacional, independientemente de que -como la economía es variable-, en este preciso momento Rusia pasa por un mal trago por la baja de los precios petroleros y Brasil otro tanto por el golpe parlamentario y sus dramas políticos, sin excluir los industriales.
En política el perdidoso es el orden unipolar de la Casa Blanca. Se lo grite o no, como hoy no se lo proclama en Cuba por razones obvias de buena vecindad, la consigna de “Yanquis go home” sigue gozando de buena salud. Y si algo se ha ralentizado, se lo deben los norteamericanos a Barack Obama, a un negro como los que ellos discriminaron y el KKK los ahorcaba o quemaba. El afro en el final de su mandato ha suavizado un tanto aquella imagen pésima del imperio, aunque siguen el bloqueo a Cuba, los bombardeos a Siria y la ocupación de Afganistán. Otro tanto hace Israel contra el pueblo palestino.
Obama fue a Hiroshima pero no pidió disculpas y a Nagasaki directamente la gambeteó en su gira. Incompleto y oportunista lo suyo, y no solamente los nipones lo vieron de ese modo.

El dólar y el yuan
Como trasfondo de esas distintas performances políticas está la marcha de las economías, por lo general opuestas aunque en un mundo interconectado.
El imperio se recuperó parcialmente del abismo adonde había caído en 2008 con el crac financiero que se contagió a la economía real. Como si los hubieran bombardeado desde un Enola-Gay, millones de puestos de trabajo fueron eliminados en gran parte del mundo, EE UU incluido.
Bush y luego Obama pusieron a trabajar la maquinita de la emisión de billetes, el Departamento del Tesoro y los cráneos del Banco Mundial y el FMI para que miles de millones de dólares auxiliaran a los bancos. El Lehman quebró para que hubiera ese respaldo por cifras espectaculares, de las que sus ejecutivos se cobraron premios inauditos en circunstancias tan amargas. Fue el parasitismo financiero elevado a la enésima potencia.
Por eso, aún cuando hoy Obama presuma de que lo peor ya pasó, y tiene una pizca de razón, falta a la verdad. Esa crisis mostró al mundo que ese sistema no da más. Está viviendo una sobrevida o agónico final en base a la timba financiera, el poder mediático y los misiles de última generación. ¡Venceréis, pero no convenceréis! supo decirle Miguel de Unamuno al general franquista José Millán de Astray. Y el capitalismo venció no sólo en España en 1939 sino también en Berlín en 1989 y Moscú en 1991, pero no convenció. Y menos después de su crisis económica que se pagó con mucha desocupación, pobreza y miseria en países periféricos como centrales. Las recetas neoliberales siguen provocando esos efectos en Grecia, Haití, Colombia y España, por citar latitudes diferentes, e incluso ahora en Argentina, que había logrado escapar a ese zoológico-cárcel fondomonetarista por doce años.
Ideologismos al margen, el 90 por ciento de los consultados sabe que si las cosas no marchan bien en el mundo no es por culpa del yuan chino sino del patrón dólar, Wall Street, los ajustes del FMI y Banco Mundial, el Foro de Davos, los presidentes del G-7 que ya excluyeron a Rusia, etc.
También en este plano el avance chino es evidente. En noviembre de 2015 su moneda fue aceptada por el FMI como parte de cesta de divisas que integran Derechos Especiales de Giro (DEG), junto con el dólar, el euro, el yen y la libra esterlina.
En octubre de 2014 la economía china había sido conceptuada por el FMI como por delante de la de EE UU, según el índice de Paridad de Poder Adquisitivo, que compara lo que todos sus habitantes pueden comprar. Si se toma en cuenta el PBI, la china sigue en el segundo lugar, con pronóstico de superar a su rival en 2020 o 2025. Si es por el PPP, según organismos internacionales, “en 2019 la economía de China será 20% más grande que la de EE UU”.
Y eso es lo que la superpotencia en decadencia no quiere admitir. Incluso apelará a la fuerza para no bajar del podio.

Paz en peligro
Existe una variedad y crudeza de conflictos armados en Siria, Irak, Afganistán, Ucrania, Libia, etc, pero podríahablarse de “paz” relativa, en contraste con una guerra global, que aún no ha estallado a pesar de ciertospronósticos. Por caso el Papa Francisco en setiembre de 2014 habló de una “tercera guerra mundial combatida por partes”.
El cronista disiente de esa caracterización, como se permitió hacerlo con el gran Fidel Castro en julio de 2010 acerca del inminente estallido de la conflagración mundial.
A mediados del año pasado el financista George Soros comentó en el Banco Mundial que si la economía de China fallaba en una transición a una economía de consumo interno, sus dirigentes iban a alentar un conflicto externo contra Japón, para mantener unido al país y permanecer en el poder. Y de ese modo, al embestir contra Tokio, iban a arrastrar a la guerra a EE UU.
Falso. Los gobernantes chinos no tienen ningún plan agresivo ni son los causantes de las guerras localizadas. EE UU y sus aliados de la OTAN, Israel, Turquía y la monarquía saudí son los responsables de las muertes en Aleppo, Kunduz, Damasco, Gaza, Yemen y los miles de inmigrantes ahogados en el Mediterráneo.
La II Guerra Mundial tuvo un período inicial donde se enfrentaron dos bandos imperiales. Hoy se advierten diferencias entre bandidos, pero no dos bloques en guerra global; por ahora Washington es seguido, a veces aregañadientes, por potencias europeas, asiáticas y la Alianza del Pacífico. Aquel conflicto tornó en 1941 a una guerra justa, con la Unión Soviética defendiéndose de la invasión alemana y uniéndose al Reino Unido y EE UU. Eso, con diferentes actores, tampoco sucedió aún: China no fue invadida ni piensa agredir a Japón o Yanquilandia.
Sí es evidente es que la otrora indiscutida superpotencia quiere pisar a China para que el desorden del dólar siga imperando. El vicepresidente Joe Biden declaró que para el 2020 el 80 por ciento de las fuerzas militares norteamericanas estarán concentradas en la zona Asia-Pacífico. Sus misiles, aviones y barcos apuntan a Beijing. Y de allí los reiterados conflictos que provocan esas fuerzas en el Mar del Sur de China, que en la segunda mitad de 2015 escalaron el conflicto con aviones espías y navíos invadiendo límites chinos.
En octubre de ese año el almirante John Richardson, jefe de operaciones de la Marina de EE UU, dijo seguirían sus patrullajes el mar de China Meridional, porque “el mar es de todos”. Refritó aquello de que “lo mío es mío y lo tuyo también es mío”.
Un mes antes el vicealmirante Yuan Yubai, comandante de la Flota del Norte de China, había dicho que “el mar de China Meridional, como su nombre indica, es una zona de mar que nos pertenece. Y desde la dinastía Tang, desde hace mucho tiempo, el pueblo chino ha estado trabajando y produciendo alrededor de este mar”. Se supone que en la zona hay reservas de petróleo y gas superiores a Kuwait.
El jefe del Pentágono, Ashton Carter, manifestó en mayo último que el país asiático corre el riesgo de crear una “Gran Muralla de auto aislamiento” por su expansión en el citado mar. Su colega Chang Wanquan lo urgió a renunciar a “acciones peligrosas” que amenacen la soberanía y advirtió que “China no tiene miedo y contrarrestará cualquier acción que amenace y atente contra la soberanía y la seguridad”. El EPL de 2.3 millones de soldados es garantía de defensa.
Hoy no hay guerra mundial pero la paz está en riesgo; aquella no es algo remoto sino posible en el mediano plazo. Si se quiere aventarlo hay que ponerse en la vereda de enfrente del Pentágono, a diferencia del gobierno de Mauricio Macri, que se ofrece casi como un recluta suyo.