Civilización y/o barbarie

A los 46 años acaba de fallecer Koko, acaso la gorila más famosa del mundo. Perteneciente a una especie en extinción (gorilas de las tierras bajas) había nacido en un zoológico de San Francisco, California, y se hizo famosa por su notoria habilidad en el manejo del lenguaje de señas.

Celebridad.

Su nivel de popularidad era envidiable. Se codeaba con cómicos como Robin Williams, tocaba el bajo con los Red Hot Chili Peppers, y fue dos veces tapa de la revista National Geographic. Probablemente si hubiera sido una gorila albina, habría salido también en la tapa de Playboy.
Pero eran sus habilidades lingüísticas las que la hacían excepcional, al punto de desafiar la amplitud del concepto de “persona”, que, como sabemos quienes convivimos con mascotas, debería incluir también a algunos animales.
Según su entrenadora y amiga Penny Patterson, Koko a veces hasta inventaba palabras, sorprendentemente aptas para describir situaciones novedosas, a la vez que era capaz de unir palabras conocidas en cadenas originales y creativas. Una verdadera poeta.
Aún cuando estas habilidades fueron cuestionadas por alguno que otro escéptico, se afirma que en sus últimos años Koko había incorporado a su vocabulario de señas unas dos mil palabras, que es bastante más de las que manejan algunos presidentes argentinos.

Argentina.

De alguna manera llegamos entonces a la política argentina, que como es sabido, ha estado marcada por grietas, antinomias y superclásicos desde los albores nacionales, como lo prueba la famosa dicotomía “Civilización o barbarie” acuñada por Sarmiento.
Es curioso, sin embargo, que mientras la elite liberal porteña siempre ha posado de sofisticada, la historia -o mejor dicho, el peronismo- le haya endilgado tan exitosamente el calificativo de “gorilas”. Supuestamente los animales son los bárbaros, no los blancos civilizados (¿No fue ese, “animales” el calificativo que nos espetaron los ingleses en el Mundial de 1966?)
El origen del mote es por demás curioso. A comienzos de 1955 se estrenó en el país la película Mogambo, con Clark Gable y Ava Gardner, que transcurría en la selva africana. La popularidad del filme le valió una parodia en un programa radial llamado “La Revista Dislocada”, con libro de Aldo Cammarotta, en la que se incluía un baión cuya letra rezaba: “Deben ser los gorilas, deben ser”.
El ingenio popular comenzó a utilizar la frase para referirse a los movimientos opositores que comenzaban a arreciar contra el peronismo, y que desembocaron ese año en un sangriento golpe de estado. Lo curioso es que el mote era reivindicado por los propios antiperonistas, y que terminó siendo exportado a toda Latinoamérica, con un sentido más genérico (sinónimo de “reaccionario”). Hasta el propio Fidel Castro lo usaba en sus discursos.

Prosopopeya.

Por supuesto, esto de atribuirle a los animales actitudes humanas, como recurso retórico, ya lo habían inventado los griegos, y como tal lo bautizaron: “prosopopeya”. Es el recurso típico de las fábulas (como las de Esopo), diseñadas para transmitir valores a los niños, mientras se los engaña con historias simpáticas pobladas de animalitos.
Desde luego, la exageración de este recurso conlleva muchos abusos. ¿Por qué motivo todos los zorros habrían de ser astutos? ¿Por qué motivo los cuernos de los toros hablarían de la escasa fidelidad conyugal de las vacas? ¿Y los perros, necesariamente se dividen entre los que ladran y los que muerden, sin ninguna otra posibilidad de matices en su conducta? Lo cual nos lleva directamente a preguntarnos: ¿qué han hecho los pobres gorilas para que los usemos como sinónimo de “reaccionarios”?
En marzo de 1955 todo comenzó como broma en un programa radial, con una tonadilla bailable y pegadiza. Tres meses después el chiste perdería gracia, cuando aviones de la Armada, en un intento por asesinar al presidente electo, bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo, matando al menos a 308 personas e hiriendo a más de 700. Fue el 16 de junio, efeméride que, como es casi costumbre, pasó por el calendario hace dos semanas sin mayor mención. Tal parece que semejante atrocidad cometida contra la población civil en general (incluyendo niños, mujeres y muchos extranjeros) es una cuestión de la que sólo debe ocuparse el peronismo.
El lector está invitado a buscar en internet los videos en que se muestra a Koko, hablando con señas, derrochando poesía y acariciando a sus amigos gatitos, mientras nos interroga con su mirada dulce y triste. Ojalá nuestros gorilas fueran como ella.

PETRONIO